Sin duda, lo sucedido en días pasados en el Senado de la República de México, no fue más que un episodio más de violencia en nuestras cámaras legislativas, los cuales jamás han pasado de denuncias ante el comité de Ética, del mismo Poder Legislativo, que culminan en llamados de atención; sin embargo, en esta ocasión, el conato de bronca que protagonizaron Alejandro Moreno, senador y líder nacional del Partido Revolucionario Institucional (PRI), y Gerardo Fernández Noroña, senador por Morena, y presidente de la Mesa Directiva, además de los memes y cartones llenos de ingenio, nos dejó una gran evidencia de lo que es nuestra realidad política.
En la mañanera del día posterior al de la gresca, a pregunta expresa, la presidenta Claudia Sheinbaum aseguró que la conducta del presidente del PRI, muestra lo que es el Prian. “Ayer lo que vi siguen siendo lo mismo”, comentó Sheinbaum, asegurando que la agresión la inició Alejandro “Alito” Moreno, por lo que no dudó en reiterar su apoyo al morenista Fernández Noroña; de igual forma, pidió a los mexicanos ver con atención los videos y tener claro lo sucedido.
Obediente, como le gusta que seamos los gobiernos de la 4t, me di a la tarea de ver con atención los videos que se hicieron virales, y efectivamente, pude apreciar cómo el líder nacional priista empujó al presidente de la Mesa Directiva del Senado, el morenista Gerardo Fernández Noroña, y así comenzó una gresca en la tribuna de la casona de Xicoténcatl; pero, lo que más llamó mi atención fue aquella consigna de la Presidenta cuando dijo que las conductas de los protagonistas del pleito reflejaban plenamente lo que cada uno de ellos representaba.
Desde el momento en que Gerardo Fernández Noroña fue designado por la bancada de Morena como presidente de la Mesa Directiva del Senado, los mexicanos entendimos que dicho personaje encarnaba totalmente lo que es el movimiento de regeneración nacional (Morena). Noroña en sus inicios, se vendía como el mejor orador de México, el más combativo militante de la izquierda, tenaz defensor de las causas sociales y tener una enorme calidad humana. Además, el legislador se decía valiente, de carácter fuerte y firme, congruente, educado, caballeroso, honesto, humilde, leal y obediente.
Al tiempo que el ahora senador Noroña fue desarrollando el puesto de líder de la bancada de Morena y conociendo las mieles del poder, también fue descubriendo su verdadera identidad y vocación; de entrada, cuando se le permitió representar a su partido en la mesa del INE, fue constantemente embestido por los representantes del PRD y del PAN, a los que no les pudo ganar un solo debate, evidenciando que los de la oratoria y defensa de la izquierda no era más que un mito que él mismo se había creado.
De igual forma, una vez que tuvo acceso a las cuantiosas prestaciones que otorga el Senado de la Republica a sus presidentes, empezó a olvidar, o dejó de aparentar, aquello de la humildad, la defensa de las causas sociales, la calidad humana, la congruencia, la honestidad y hasta la lealtad y obediencia hacia quienes le habían colocado en el puesto; esto último se evidenció cuando empezó a negar cualquier tipo de amistad con Andrés Manuel López Obrador, al tiempo de confrontar a la Presidenta de México y a la de su partido, cuando le sugirieron vivir en la “justa medianía” de Benito Juárez. A pesar de lo anterior, a Fernández Noroña, por lo menos, le quedaba lo de ser un hombre entrón, valiente y bragado, virtudes todas que de un manotazo le desaparecieron.
Cuánta razón tuvo la Presidenta cuando afirmó que lo mejor de la bronca había sido que ambos contrincantes, con sus conductas, revelaban plenamente lo que realmente son sus partidos, el del PRI por ser autoritario, y el de Morena, por aparentar todo lo contrario a lo que realmente es.
Más sobre esta sección Más en Coahuila