Internacional

Publicado el domingo, 23 de noviembre del 2025 a las 17:40
Madison, Wisconsin.– Once años después del impactante ataque que la llevó a la fama, Morgan Geyser, una de las dos adolescentes condenadas por apuñalar a una compañera de clase para supuestamente complacer al personaje de terror “Slender Man”, se encuentra prófuga de la justicia tras escapar del hogar comunitario donde residía.
Las autoridades informaron que Geyser, de 22 años, cortó su brazalete de monitoreo electrónico del tobillo durante la noche del sábado. Fue vista por última vez alrededor de las 8 de la noche en el área de Kroncke Drive, y se presume que abandonó las instalaciones en compañía de un adulto conocido. Hasta la mañana del domingo, su paradero sigue siendo desconocido.
La policía de Madison ha difundido una imagen reciente, extraída de un video de seguridad, para facilitar su inmediata localización e hizo un llamado a la comunidad a reportar cualquier información relevante.
El episodio se remonta a 2014, cuando Geyser y su amiga Anissa Weier, ambas de 12 años, atrajeron a su compañera Payton Leutner a un parque en Waukesha después de una pijamada. Allí, Geyser la apuñaló 19 veces mientras Weier la alentaba.
Ambas declararon en su momento que el brutal ataque era un acto de lealtad hacia “Slender Man”, una figura de terror ficticia que se originó en foros de internet. Milagrosamente, la víctima, Leutner, sobrevivió al arrastrarse fuera del bosque hasta un camino donde fue encontrada por un ciclista.
A los 15 años, Morgan Geyser se declaró culpable de intento de homicidio en primer grado, pero fue eximida de responsabilidad penal por enfermedad mental. En 2018, fue internada en el Instituto de Salud Mental de Winnebago por 40 años.
Sin embargo, a principios de este año, un juez ordenó su liberación bajo supervisión estricta luego de que especialistas certificaran avances significativos en su tratamiento. Su traslado a un hogar comunitario en Madison, tras ser rechazada por otra residencia debido a la alta atención mediática, fue el último paso en su ruta hacia la reinserción.
Ahora, su evasión activa una nueva alerta en torno a un caso que ha marcado un precedente en la criminología juvenil y la influencia de las narrativas digitales.
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