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Movimiento body positive

  Por Fabiola Ferrer

Publicado el domingo, 27 de julio del 2025 a las 04:00


Es hora de hacer las pases con el espejo

 Sabinas, Coahuila.- “Creo profundamente en el derecho a sentirme bien conmigo misma así tal cuál soy”.

Fueron las palabras de Blanca Azucena Arizpe Medina, sabinense de 47 años de edad, que en entrevista exclusiva para Periódico Zócalo, habla sobre su postura ante el movimiento: “Body positive”, tras una vida luchando contra el sobrepeso y su imagen corporal.

El body positive es una filosofía y movimiento social que promueve la aceptación y aprecio de todos los cuerpos independientemente de su forma, tamaño, apariencia o características”.

Contrarresta los estereotipos de belleza poco realistas y la presión social de encajar en ciertos ideales, fomentando una cultura inclusiva de confianza, autoestima y amor propio.

Desde que cursaba el preescolar tuve conciencia que mi tamaño corporal era mayor que el de la mayoría de las niñas”.

De forma involuntaria siempre tuve una tendencia a buscar en mis amistades a niñas delgadas y bonitas, quizá para tener la falsa sensación de que pertenecía a ese grupo.

Blanca Arizpe lucha desde su testimonio por una sociedad inclusiva, para que la salud mental y física sea más importante que la apariencia.

En la primaria el bullyng no era identificado como tal, así que aprendí a defenderme sin sentirme herida por los comentarios o las burlas.

Conforme crecí fui normalizando los chistes aparentemente inofensivos sobre la gordura, que, aunque los tomaba con humor, laceraron con fuerza mi autoestima.

Alguna vez escuché que la ignorancia es peor que la maldad, pero las frases pasivo-agresivas se camuflagean cuando vienen acompañadas de risas y juegos.

“Todo esto es alimento perfecto para desarrollar una personalidad agresiva y autodestructiva”.

Desde la adolescencia he visto cuantiosos nutriólogos y bariatras, con algunos tuve éxito, pero siempre momentáneo, ahora sé que mi verdadero contrincante no era la comida, sino el repudio que sentía ante lo que veía en el espejo.

A los 20 años me sometí a mi primera cirugía bariátrica, perdí setenta kilos de peso, pero el precio a pagar fue muy alto, mi salud fue un antes y un después de la cirugía.

Al cabo de los años recuperé el peso perdido, tampoco tuve el acompañamiento sicológico y siquiátrico necesario, pues, aunque mi apariencia era diferente, mi enojo hacia las personas era el mismo, ya que sentía que sólo se me acercaban o me aceptaban porque ya era delgada.

En el 2016 ingresé a Oceánica, donde fui diagnosticada con T.C.A. (Trastorno de Conducta Alimenticia), estuve internada por 47 días, siendo ese el primer paso para reconciliarme con mi cuerpo.

Me enfrenté a mi mayor temor, sostener la mirada ante un espejo de cuerpo completo, sin casi nada que me cubriera.

Le pedí perdón a mi cuerpo por todo el maltrato al que lo había sometido, por desear que otros me vieran, pero yo cerrar mis ojos ante mi belleza, por no sentirme especial, bonita, única.

No puedo regresar el tiempo para tratarme con más amor, para abrazarme con amabilidad y empatía, para reconocer lo valiosa que soy y la increíble persona que siempre he sido.

Pero si puedo enseñarle a mi hija y a todas las niñas que crucen por mi camino que valen por lo que son, que nuestro cuerpo es perfecto, así como es.

Que una talla no define su futuro, que se disfruten más y se juzguen menos.

Hoy, soy la orgullosa mamá de tres jovencitos atletas y dinámicos, soy esa mujer que sigue aprendiendo a ser compasiva y amable consigo misma, pues no sé bien cómo hacerlo, pero lo intento cada día.

He dejado de comer con culpa, sigo buscando alternativas y hábitos que le hagan bien a mi salud física y emocional.

Pero sobre todo me sigo conociendo, me sigo descubriendo, porque no se puede amar lo que no se conoce.

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