Seguridad
Por
Sipse
Publicado el lunes, 4 de julio del 2011 a las 18:03
Yuc.- Un niño de ocho años de edad y oriundo de Valladolid, falleció al atorársele una pepita de huaya en la garganta. Con éste suman dos casos similares en menos de una semana y es el tercero en el año; en el primero se logró salvar a una niña.
Sobre este último caso, los hechos se registraron al oriente del estado, alrededor de las cinco de la tarde, cuando el menor J.E.K.B. se encontraba el patio de su casa junto con sus hermanos de 12 y 15 años de edad comiendo huayas (un fruto de la región).
Pero en un descuido del infante, al estar echando relajo con sus consanguíneos, la pepita de la huaya se le atoró en la garganta y comenzó asfixiarse, de lo cual se percataron sus hermanos y dieron aviso a sus padres.
El padre del ahora occiso, al ver que su hijo estaba quedando morado comenzó a darle palmadas en la espalda para ver si podía sacar la pepita, pero al pasar los minutos el menor se desmayó, por lo que lo trasladaron al Hospital Regional de Valladolid.
Desafortunadamente, al llegar fueron informados por los médicos en turno que el menor había fallecido.
Personal de la Fiscalía General del Estado y del Servicio Médico Forense levantaron el cuerpo para la autopsia de rigor, que arrojó que el niño murió a causa anoxemia por broncoaspiración.
OTROS CASOS
Éste es el tercer caso de un accidente de menores con pepitas de huaya en este año, y el segundo mortal.
Como informamos, el pasado viernes un niño de tres años de edad murió en Xoy, comisaria de Peto, de manera similar al atorársele una huaya en la garganta, y con el de ayer ya son dos casos.
El primero ocurrió a principios de junio y se trató de una niña de 7 años de la comisaría meridana de Caucel, la cual logró sobrevivir gracias a la oportuna intervención de los paramédicos de la SSP. La huaya, que abundaba en las selvas yucatecas, fue fuente de vitamina C para los primitivos habitantes de la Península,
El fruto de la huaya, que abundaba en la selva de Yucatán y fue la fuente de vitamina C para las comunidades mayas en la época precolombina, aún mantiene su popularidad entre los yucatecos que la consumen al natural o con sal y chile.
Las huayas que consumen los yucatecos son de dos especies distintas: la nativa y la cubana, pero que ambas pertenecen a la familia de las “sapindaceae”.
Este fruto de semilla redonda y lisa posee una cubierta jugosa color anaranjado, rica en azúcares y con una pequeña cantidad de taninos, una substancia astringente, y que es rica en vitaminas, particularmente la C.
La huaya nativa o criolla, originaria del sureste de México y Guatemala, que abundaba en la selva de la Península y cuyo nombre científico es “talicia olivaeformis”, fue “domesticada” por los mayas que la consumían con regularidad.
En la época precolombina, cuando no se cosechaban los cítricos en la región, las huayas fueron una fuente de vitamina C para los habitantes de las comunidades mayas de aquel entonces, que así evitaron enfermedades como la pelagra, que se producen por la ausencia de estos nutrientes.
QUE ES LA HUAYA
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