Vida

Publicado el martes, 27 de octubre del 2026 a las 20:33
Ciudad de México.- El mangaka japonés Tetsuya Chiba siempre vio el deporte como un agente de cambio, en especial el boxeo. Los personajes que ilustró mantuvieron en sus rostros un atisbo de esperanza para salir adelante de los momentos más difíciles de sus vidas. Joe Yabuki, protagonista de Ashita no Joe, escrita por Ikki Kajiwara, no fue la excepción: un joven que encontró en el pugilismo, durante su estancia en un reformatorio, una vía de escape y desarrollo personal.
La editorial Kodansha confirmó que el dibujante falleció el pasado 22 de octubre, a los 87 años, en un hospital de Tokio, debido a complicaciones derivadas del síndrome mielodisplásico que padecía. Como es habitual en Japón, la noticia se hizo pública hasta después, para permitir que la familia viviera su duelo con tranquilidad y realizara un funeral privado.
En un comunicado en el que lamentó la muerte del artista, Kodansha destacó que muchos dibujantes noveles tomaron muy en serio las palabras del maestro Chiba para emprender el camino hacia el profesionalismo y que varios de ellos continúan trabajando en la actualidad.
Chiba se involucró en numerosas historias del género spokon —manga centrado en los deportes— porque le motivaba narrar el crecimiento físico y mental de las personas a través de disciplinas como el golf, el kendo y el boxeo. Al mismo tiempo, situaba a sus personajes en contextos vulnerables, marcados por las dificultades de la posguerra.
En Ashita no Joe, publicada entre 1960 y 1970, contó cómo Joe aprendió a boxear en un centro de detención juvenil hasta convertirse en profesional y protagonizar encarnizadas peleas. Sus rivalidades pueden compararse con algunas de las grandes sagas del pugilismo mexicano, como las de Rafael Márquez e Israel Vázquez, así como Manny Pacquiao y Juan Manuel Márquez.
“No me costó trabajo imaginarme a Joe. Cuando regresamos de Manchuria y pasamos por la zona de la estación de Ueno, vi a muchos niños de mi edad que habían perdido a sus padres en los bombardeos de Tokio o durante la guerra, viviendo allí sin hogar ni familia.
“Ver a un chico como Joe no era algo ficticio para mí; los vi con mis propios ojos, al igual que mis hermanos y yo sufrimos para sobrevivir. Las personas del barrio bajo o los peleadores que arriesgaban sus vidas en el ring eran personas a las que vi muy de cerca en la realidad”, explicó en una revista japonesa.
Chiba se inspiró en Jiro Sawada, campeón japonés de peso ligero cuya habilidad lo sorprendió, así como en los boxeadores Aoki Katsutoshi y Ebihara Hiroyuki. Una vez definido el aspecto de Joe, acudió al Korakuen Hall, considerado uno de los recintos emblemáticos del boxeo japonés, donde muchos prospectos, aficionados y entrenadores provenían de barrios humildes.
“Ashita no Joe fue una obra decisiva para mí. Hasta entonces, solía dibujar lo que podría llamarse manga típico, retratando la cálida y cotidiana vida de un barrio de clase trabajadora. Joe fue el catalizador del cambio. Todavía quería retratar el lado brillante de las personas, pero no solo eso; empecé a expresar también los aspectos duros y crudos de la realidad”, recordó Chiba.
En vida, el mangaka fue presidente de la Asociación de Mangakas de Japón y, en 2024, recibió la Orden de la Cultura (Bunka Kunshō), distinción que lo convirtió en el primer artista de manga en obtener ese reconocimiento oficial del Gobierno japonés.
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