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Mujer sobre un caballo; el arte de la escaramuza

  Por Ruta Libre

Publicado el lunes, 2 de noviembre del 2015 a las 22:14


Disciplina, dinero y valor se requieren para pertenecer al espectáculo charro que mantiene con vida una tradición mexicana

Paloma Gatica | Saltillo, Coah.- Horas antes de que todo comience, el lienzo está en calma. El binomio humano-animal llega sin prisa a reconocer el terreno, a hacer suyo el ruedo. Así transcurren las horas y poco a poco desfilan los equipos de escaramuzas que habrán de actuar antes de que las puertas se cierren, en seguida de las suertes presentadas por los charros.

La espera del espectáculo propicia la plática y convivencia entre los equipos, algunas aprovechan para comer, vestirse, maquillarse, peinarse o revisar el ajuar de los caballos, que esté bien ensillado y la montura limpia, que los arreos sean iguales entre todos los que integran el equipo y que no exista detalle que sea motivo de sanción.

Portando su vestido de Adelita, las mujeres se suben con las enaguas entremetidas en la montura. Encomiendan la vida al santo de su devoción. Viendo a sus compañeras a los ojos reciben la señal que indica el momento de salir al ruedo a mostrar el arte. Se sabrán admiradas por los aplausos de los asistentes y serán juzgadas por aquellas que parecen tener ojo de águila: las jueces.

Son ocho corazones, ocho cabalgaduras, sólo eso en el ruedo. Los nervios están a la orden desde el momento en que calientan sus caballos antes de entrar a ejecutar su rutina, ya adentro no hay más que mantener la concentración.

Las crinolinas y el reboso vuelan con el viento, con el firme galopar de los caballos se balancean las jinetes. Las amazonas llevan la pierna cruzada, un cuerno les permite aferrar su cuerpo a la montura y mantener la postura con el galope del caballo.

Moños y sombreros adornan sus cabelleras. Los vestidos son coloridos y ampones, contrastan con la crin del caballo que montan. Se sienten como pez en el agua, con una sonrisa hacen frente al peligro… es la escaramuza charra.

Es la parte con la que la charrería se completa. Son las coreografías a caballo con música de fondo. Son las amazonas, que vestidas de Adelita demuestran el dominio que tienen sobre su compañero animal al ejecutar ejercicios que tienen distintos grados de dificultad.

Saltillo es cuna de la charrería en el estado, concentrando al menos cinco equipos de escaramuzas en la actualidad y por lo menos cuatro de ellas pertenecen a su vez a asociaciones charras.

AL RUEDO

Ocho mujeres de edad avanzada conforman una de las escaramuzas más antiguas de las que se tenga registro en México: la escaramuza La Internacional de Saltillo-Las Doñas, en la que sus integrantes tienen entre 25 y 60 años.

Las mujeres son la atracción del espectáculo y son los propios charros quienes reconocen que una charreada en esta ciudad sin la presencia de las escaramuzas a caballo los ruedos lucen vacíos, pues las personas acuden a admirar la belleza y el talento que poseen al ejecutar sus actos ecuestres, sin ellas no habría color en la charrería.

Señalan también que ser escaramuza implica riesgos más elevados que el de las suertes charras propias de los hombres. Los charros admiran y celan el amor que la amazonas demuestran por su caballo, esta conexión les vale ejecutar con tal precisión su rutina.

La participación de una escaramuza en las charreadas se conforma por puntas, entrada, rutina y salida. La punta, traer el caballo desde el fondo del lienzo hasta el ruedo a toda velocidad partiéndolo al marcar sobre la tierra las patas del caballo cuando se frena de golpe, es la primera suerte que presenta una escaramuza; en una competencia oficial sólo se califican dos.

Las suertes que las mujeres realizan con el caballo en una rutina van desde giros en pareja con alguna compañera, giros individuales en las patas del caballo, cruces, formación de figuras que simulan flores, abanicos, hasta ejercicios que combinan cruces con giros en las patas, volviendo a cruzar, y las puntas, que se presentan al inicio de cada presentación.

La presentación de una escaramuza charra es considerada un espectáculo: colorido, de riesgo constante por la dificultad de las acrobacias, pericia, coordinación, valor, y la preservación de tradiciones mexicanas; la alegría se refleja en el rostro de las participantes y la transmiten al público asistente, el lienzo se envuelve en aplausos cautivando a propios y extraños.

Las escaramuzas no constan de un número en específico, pero son ocho mujeres quienes conforman el cuadro para defender al equipo en una competencia oficial. Cuando son más se considera como una escaramuza monumental.

Al igual que a los charros se les permite participar en los torneos. Para poder participar en las competencias oficiales las integrantes de cada equipo deben cumplir con el reglamento y cada amazona debe estar federada, es decir, formar parte de la Federación Mexicana de Charrería (FMCH).

Para charrear, estas mujeres deben cumplir con el reglamento establecido por la FMCH; presentarse vestidas iguales en su atuendo de faena o vestido de Adelita, según sea el caso, la albarda, su montura, les permite montar con las dos piernas hacia el lado izquierdo, y los arreos o accesorios que utilizan los caballos también deben ser iguales entre los ocho animales.

Las escaramuceras o Adelitas deben integrar equipos de ocho, si bien los ejercicios pueden realizarse con más o menos elementos, ése es el número para las competencias oficiales. Asimismo, su indumentaria debe ser uniforme en cuanto a colores, tela y adornos, sin olvidar la igualdad en el calzado y los accesorios espuelas, aretes y rebozo.

El sombrero es un objeto tradicionalmente fundamental, ligado incluso a un sentimiento nacional, es por eso que si no se porta, está prohibido montar; el reglamento es claro y no escatima en la descalificación de los conjuntos, sea en fases de clasificación, exhibiciones, eventos sociales u oficiales.

MUJERES DE A CABALLO

Hace 57 años, la escaramuza nació como una casualidad exitosa. Las mujeres que acompañaban a sus esposos e hijos a las charreadas sentían la necesidad de formar parte y ocupar un lugar dentro de la charrería.

La charrería ha sido siempre un deporte de herencia familiar, pero la mujer hasta entonces era sólo un adorno y no competía, aquello era un deporte por y para hombres, donde competían desde niños hasta viejos, no había lugar para la figura femenina.

Con el paso de los años las mujeres dejarían de ser el complemento del charro, quienes los atendían después de cada actuación y pasarían de ser “el relleno” de la charreada a convertirse en el mayor atractivo de estos eventos, llegando incluso a tener ferias exclusivas de escaramuzas.

La charrería es el deporte que identifica a México desde 1931, 38 años tuvieron que pasar para que la primera escaramuza se conformara en 1953. Integrada por tres niñas y tres niños, que tomaban clases para aprender a montar en El Rancho Charro, en la Ciudad de México. Así se marcaba el inicio de la mujer de a caballo en este deporte.

El primero en reconocer a la escaramuza como parte de la charrería fue Carlos Enrique Pascual López, presidente de la FMCH por aquellas fechas, quien insistió al consejo de votación de la Federación para que incluyera a la escaramuza en el reglamento de competencia, logrando su cometido en 1991.

La escaramuza tuvo rápida aceptación del público, además del apoyo de sus familias y amigos, ganándose así las mujeres un lugar dentro de la charreada y del lienzo al igual que los charros, pues su presencia dentro del ruedo se tornó en un espectáculo llamativo que atraía más gente a estos eventos.

LAS CÓMPLICES

Irma Echeverría conoce bien el sentimiento de saberse parte de una familia charra, de lo que representa ser “hermanas de pezuña”. Desde los 8 años pertenece a la escaramuza charra La Internacional de Saltillo-Las Doñas.

Se inició en el equipo desde el principio, hace 50 años. Pertenecer a este deporte es fundamental en su vida, cuenta Irma, y asegura sentirse privilegiada, estando dentro del lienzo puede conocerse su verdadera personalidad, esa es su vida entera.

“El estar aquí es poner en la mesa todos los valores que me han inculcado desde niña: el respeto, la puntualidad, el trabajo en equipo, el compañerismo. Venir acá es sentir que estoy con mi segunda familia; con mis compañeras he formado una hermandad increíble, somos hermanas de pezuña, cómplices. Cada una hemos pasado por momentos muy duros, que de no haber estado aquí y sin el apoyo de las demás no los habríamos superado”.

Ahí ha escrito su historia; en el lienzo conoció a quien actualmente es su esposo y sólo ha abandonado el ruedo para dar a luz a sus cuatro hijos.

Su hija pertenece también al equipo, poder compartir el ruedo con ella es una emoción muy distinta a todas las demás, comparte para Ruta Libre. La escaramuza es un deporte que se hereda y se preserva de generación en generación.

Al entrar a cada presentación confía ciegamente la vida a sus compañeras, sabe perfectamente que no la van a chocar y aunque hay cosas que no se pueden evitar, como que se resbale un caballo, entre ellas se protegen indudablemente.

La escaramuza es familia, una forma de vida, pasión, disciplina, compañerismo, es tener la sangre brava y conservar la delicadeza al mismo tiempo, es sacrificio y grande recompensa, es orgullo charro.

Pasar tanto tiempo en el lienzo practicando, viéndose unas a otras para no chocar, aconsejándose para mejorar los errores, conviviendo gran parte del tiempo con sus compañeras, las lleva a crear vínculos de afecto y compañerismo.

Entre los distintos equipos se apoyan unas a otras antes de entrar a cada presentación, se dan ánimos e incluso se prestan sombreros, monturas, moños o vestidos cuando es necesario para que el otro equipo cumpla con su actuación como debe ser.

Se requiere pasión por el deporte, orgullo de sentirse mexicana y compromiso con el equipo. La mujer debe tener verdadera pasión puesto que para ser escaramuza se sacrifica tiempo, dinero y se expone el físico.

Es un estilo de vida, refiere Regina Gómez, integrante de la escaramuza charra La Internacional de Saltillo, “quien quiera pertenecer a una escaramuza debe adoptar este modo de vida, tener conciencia de que el caballo necesita de trabajo constante. No sólo es la vida propia la que se debe organizar, hay que tener disposición y cooperación con el equipo”.

El equipo se vuelve familia, llegar a cada entrenamiento o presentación es como llegar a una fiesta familiar donde todo mundo quiere estar al tanto de cómo les va, como están.

Para Mariana Sáenz, capitana de la escaramuza Soles del Desierto, ser escaramuza es tradición familiar, pues viene de una familia de abolengo charro; actualmente es reina de la asociación fundada por su abuelo hace más de 50 años, Compadres de la Guadalupana, de Jiménez, Chihuahua, para ella esto representa la elegancia de ser charra traducida en honor.

El vestido de Adelita le otorga un sentimiento de dignidad, la hace sentir femenina y fuerte al mismo tiempo; se pone el vestido no para que la vean, sino para respetar una estirpe, para continuar con la tradición y sentirse cada día más orgullosa de haber nacido mexicana.

Para quienes tienen el privilegio de ser reina de una asociación charra, como es el caso también de María Fernanda Pascual Ruiz Esparza, es un honor poder representar por todo lo alto el nombre de la escaramuza y los charros de su estado frente a todo el país.

“Para mí ser escaramuza significa mi vida, es mi personalidad, significa todo porque es lo que he hecho desde que soy chiquita, esto me hace ser yo. Es mi tradición familiar”, resalta Pascual. Su caballo es su mejor amigo y sus compañeras sus hermanas.

Este deporte le ha valido para forjarse como mujer, el deporte ha pasado de ser meramente un deporte para convertirse en eso donde encuentra la esencia de su vida.

Son ocho cabalgaduras, ocho corazones que se ven como familia una a otras, todas ocupan un lugar como en las familias, algunas cumplen el rol de la madre, otras el de hermanas y tías.

EL CABALLO Y LA MUJER

El dicho reza que el perro es el mejor amigo del hombre, pero en la vida de María Fernanda su caballo, “El Pecas”, es su compañero incondicional, “yo confío en él como él confía en mí, nos identificamos”.

Una relación de complicidad, dominio, confianza y dejarse guiar el uno por el otro hacen que el caballo y la escaramuza se vuelvan uno al momento de realizar sus ejercicios. Sin el caballo una escaramuza no sería nada, es por ello que se considera fundamental para la escaramuza charra.

Este binomio no es fácil de conseguir, la escaramuza debe conocer las necesidades y capacidades de su caballo, pues se acompañarán a lo largo de muchas presentaciones y entrenamientos, el buen desenvolvimiento en las presentaciones es producto de ambos.

Al caballo como al novio, “se le debe tratar con carácter y corregirlo cuando se lo merece, o en su defecto hacerle saber cuándo ha realizado un buen trabajo”, cuenta Mariana Sáenz, llegando incluso a tener más tiempo para el animal que para una relación amorosa.

La relación de una escaramuza con su caballo va mucho más allá de la de una mascota y un amo, el caballo y la amazona son uno en el ruedo. A veces basta sólo con soltar un poco las riendas del animal para que solo recuerde cuál es el ejercicio siguiente y la salve de un error catastrófico.

RIESGO Y GASTO

Para Heriberto Sáenz, instructor de la escaramuza Soles del Desierto, la jinete de una escaramuza debe tener valor, mucha disciplina y entrega, pues es un deporte que requiere de esfuerzos en distintos sentidos, donde la mujer desarrolla cualidades como aprender a trabajar en equipo, tolerancia y sobre todo el respeto hacia sus compañeras.

“El deporte ha evolucionado a pasos agigantados y cada vez requiere de caballos con más rienda –mayor preparación–, por lo tanto los costos para adquirir una animal con tales características es mayor”.

Martha Valdez de Morales, quien forma parte de la escaramuza La Internacional de Saltillo -Las Doñas, reconoce que tener un caballo propio es un gasto mayor que pocas pueden costear, comparándolo con la manutención de otro hijo.

Se deben solventar también los gastos del traslado de los caballos en los viajes para ir a competir y pagar la federada anual de la escaramuza.

“Pagar las visitas del veterinario cuando el caballo se enferma, como me acaba de suceder hace poco, estuvo unos meses en tratamiento y supervisión médica. Hay que cambiarle constantemente las herraduras, incluso con mayor frecuencia con la que se le compran zapatos a los hijos”.

Además se debe comprar el ajuar propio: vestido, crinolinas, calzoneras, sombrero, botas, aretes, y los arreos –vestidura– de los caballos, que implica un elevado costo; los precios de estos varían dependiendo del proveedor y la calidad de los productos, invirtiendo cerca de 4 mil pesos en ellos.

Los vestidos pueden elaborarse de una sola pieza o también en dos; falda y blusa. Las ocho integrantes portan el mismo atuendo, aunque pueden usar diferentes colores en la tela, ya sea en parejas, cuartetos o individual.

Las telas con que se elaboran estos vestidos algodón, popelina, manta, lino, en tonos discretos y opacos. No se les permite el uso de telas transparentes, satinadas, brillosas, fluorescentes o en colores neón.

El objetivo de la Federación Mexicana de Charrería es fomentar y conservar el atuendo clásico del jinete y su caballo, respetando las costumbres de la charrería en su más pura expresión, y que en sus diferentes eventos se guarden las costumbres y tradiciones, sobre todo en la ropa.

Las botas que utiliza la mujer de a caballo son estilo Jalisco, en piel o gamuza, en colores serios, adquirir este tipo de calzado oscila entre los 900 y los mil 300 pesos.

Las caídas están a la orden del día, y es más cómodo no subirse al caballo para no exponer el físico, pero esto no es una opción para la escaramuza.

Muchas veces no depende sólo del animal, si no del terreno, como le sucedió a Mariana Sáenz en el reciente Torneo de la Manzana de esta ciudad, quien practicando una punta en un terreno y al que su caballo no está acostumbrado perdió el control y se le volvió encima. No tenía más opción que levantarse y volver a montarse.

Hasta para caer hay que saber cómo, y estar prevenida siempre para reaccionar ante el peligro, aunque algunas veces es inevitable no salir con un moretón, un desgarre o una fractura dependiendo de qué tan aparatosa sea la caída o el accidente.

MINUTOS DE GLORIA

Con una sonrisa de oreja a oreja, los hombros hacia atrás, la espalda siempre firme, la pierna cruzada y el sombrero bien puesto sale la escaramuza a ejecutar su rutina, con seguridad, elegancia, precisión y delicadeza traza en el anillo sus ejercicios como sí aquello fuera fácil de dominar.

Un año de preparación se requiere para unos minutos de gloria, la gente aplaude y el lienzo se vuelca en pasión, todo se vuelve emoción, es el momento. Después se volverá a quedar en silencio.

La atención para las escaramuzas descansará. Las cuadrillas completas de mujeres y animales volverán a la práctica aguardando regresar el próximo año al Campeonato Nacional Charro con nuevos bríos.

Toda escaramuza aspira ser campeona nacional; Mariana Sáenz Romero, capitana de la escaramuza Soles del Desierto, sabe perfectamente lo que implica llegar a un Nacional: días enteros de entrenamiento, desgaste físico, olvidarse de compromisos sociales y mucha preparación; es un camino muy largo, pero el sentimiento vale la pena, es una realización personal y de equipo, es al tiempo un compromiso enorme.

En su trayectoria Soles del Desierto tiene tres campeonatos nacionales y con ello el compromiso de representar con responsabilidad el título logrado, de continuar la tradición de la charrería y de fomentar en las nuevas generaciones el gusto por lo que ellas más aman.

Para Mariana, la familia ha sido pieza clave para que esto sucediera. La escaramuza integrada por hermanas y primas de la dinastía Sáenz es instruida por su hermano Heriberto Sáenz Romero. Nacieron en una familia charra y es obligación mantener la tradición familiar.

Sáenz Romero refiere que es una satisfacción grande haber llevado a su equipo a tres campeonatos nacionales, es el resultado de tanto trabajo y la recompensa al apoyo recibido por parte de sus familias, de sus padres, que son quienes apoyan al cien por ciento para que el equipo de la familia continúe en este ámbito.

Ser campeones nacionales es el pago más grande, pero al mismo tiempo representa la responsabilidad cada vez mayor de seguir superándose y mejorar día a día porque este deporte se torna un vicio.

Sin embargo, detrás de esas grandes recompensas hay horas bajo el sol, soportando el calor o el frío del invierno, olvidarse de ser dueña de sus fines de semana o de las tardes, incluso madrugadas, para que se reúna el equipo completo y poder entrenar.

DISCIPLINA

Pareciera que los entrenamientos se vuelven una escuela de dolor y encierro. Son la clave para el éxito de una escaramuza. Es ahí donde se forman, conocen y se complementan con el caballo; es ir al límite del cansancio, al borde de la rabia cuando se tiene que repetir un ejercicio una y otra vez hasta que se acerque a la perfección.

Las amazonas entregan su vida al lienzo charro. Deben llegar temprano al ruedo para practicar. Destinan tiempo para entrenar una y otra vez. Si se equivocan habrá que repetir cuantas veces sea necesario.

Un caballerango se encarga de ayudar o ensillar completamente a los caballos para que las escaramuzas no se lastimen al cargar las pesadas monturas, de verificar que el freno esté colocado correctamente en el hocico del caballo, teniendo listo lo anterior, sólo es cuestión de que se monten.

Al inicio del entrenamiento calientan caminando en círculos, peines, parejas y otros ejercicios para que los caballos aflojen el cuerpo y no sufran accidentes a la hora de empezar a galopar. Repasan una y otra vez ejercicios de coordinación, que ayudan a perfeccionar los ejercicios de rutina.

Sin importar si el sol arrecia, el frío quema los huesos o se está desvelada, las escaramuzas practican todos los ejercicios que la capitana del equipo considere pertinentes para mejorar su rutina. El agotamiento es físico y mental, es una rutina demandante.

Cuando el caballo se niega a ejecutar un giro o un crece correctamente hay que jalar con mayor fuerza las riendas y someterlo a la voluntad de la jinete, lo que en con frecuencia termina en ampollas o cortadas en los dedos de la mano izquierda.

La espalda de las jinetes debe estar en todo momento recta, la pierna debe ir cruzada preferentemente todo el tiempo, pues así es como se ejecuta una rutina; guardar el equilibrio en los giros no es cosa sencilla.

El dolor es el compañero inseparable después de una larga jornada de entrenamiento, sobre todo si hacía tiempo no se entrenaba o se está preparando para un torneo.

Y es que para ejecutar con precisión la rutina en una competencia se requiere que los entrenamientos sean constantes, repetir una y otra vez los ejercicios que conforman su rutina, el repaso constante de dichas evoluciones les asegura una buena presentación ante el público.

La rutina que presenta una escaramuza en su actuación, conocida como ejecución, es de 12 ejercicios, todos realizados en un tiempo máximo de 10 minutos.

Los 12 ejercicios que formarán la rutina obligatoria de competencia, podrán ser de diversos tipos, pero deberán incluir por lo menos un ejercicio de cada una de las siguientes suertes obligatorias: giro, coladera, cruce, escalera, abanico y combinado.

Esto tiene una puntuación total otorgada por el valor de todos los ejercicios, que de ejecutarse correctamente otorgará a los equipos la puntuación de correspondiente más puntos adicionales.

Como en la mayoría de las manifestaciones artísticas existen reglas, las escaramuzas reciben sanciones por no respetar sus distancias en los ejercicios, pérdida de algún elemento del ajuar, vara, espuela, cuarta, arreos, caída de una integrante y los choques que pudiera haber en la ejecución de los ejercicios.

Los moretones brotan en las piernas, son la consecuencia evidente de que algo se está haciendo mal, que la monta no es la indicada. Entonces hay que enderezarse y mantenerse recta, es injustificable una mala postura.

Algunas veces el caballo se negará a ejecutar los ejercicios como debiera y en las manos aparecerán ampollas por el esfuerzo de jalar la rienda, buscar el dominio sobre el animal. Pero en una situación difícil, la solidaridad del equipo mantiene el ánimo a continuar con el entrenamiento.

El lienzo se vuelve entonces una segunda casa para la escaramuza y sus compañeras se convierten en hermanas. El caballo el mejor amigo, la vara, el sombrero y la espuela sus accesorio preferidos. La vida exterior se queda allá, afuera. Adentro, la tradición y el aplauso.

ARTE A CABALLO

La espuela se usa en la bota izquierda colocada en el tacón de la bota estilo Jalisco, deben portarlas con el mismo concepto todas las integrantes de una escaramuza. No es un adorno, es obligatorio su correcto uso y colocación.

El desconocimiento del reglamento no justifica a las capitanas, competidoras, instructoras, familiares y acompañantes por el incumplimiento del mismo, cualquier falta de cualquiera de las personas mencionadas causará que la escaramuza a la que pertenezcan, entrenen y acompañen sea sancionada.

Las competencias oficiales se celebran en un lienzo charro con medidas de 100 metros de longitud, donde la manga debe medir 60 metros de largo y el ruedo 40 metros de diámetro. Se permite señalar o marcar en la pared del ruedo los cuartos y octavos como referencia para las escaramuzas.

En el ruedo se dibuja un rectángulo de 6 metros de ancho por 20 metros de largo entre los 70 y 90 metros, dentro del cual se deben realizar todos los ejercicios de la rutina, de lo contrario serán descalificados.

Los entrenadores de las escaramuzas tienen la obligación de estar federados, vestirse de charro si es hombre, y de Adelita o charra si es mujer cuando acompañan a su escaramuza a una competencia oficial.

Cuando la escaramuza porte el traje será opcional el uso de la pistola en concursos de presentación, siempre y cuando no monte. No se usa el revólver con el atuendo de Adelita o ranchera, ni con el de china poblana.

El largo del vestido que usa una escaramuza debe llegarle hasta la mitad de la bota estilo Jalisco con la crinolina puesta.

Cuándo una escaramuza al competir en un torneo preste sus caballos a otro equipo de fuera, deben presentarse ambos equipos ante las jueces para la revisión de arreos, debiendo estar un equipo a pie y el otro montado, y deberá desfilar uno de los equipos completo.

La máxima autoridad en las competencias oficiales es el jurado calificador y resolverá cualquier contingencia que surja en base al estatuto y al reglamento oficial de competencias; su decisión será respetada, indiscutible e inapelable.

Es obligatorio que las escaramuzas porten una cuarta en su montura, e irá colocada en el cuartero. Podrán usarla en caso de pérdida de la vara, debiendo sacarla del cuartero.

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