“Geoffrey Hinton ha sugerido que la Inteligencia Artificial debería tener un ‘instinto maternal’”, con esta cita del premio Nobel de Física y conocido como el padre de la Inteligencia Artificial empezó Sabina Berman como moderadora de la tercera ronda del foro Mujeres en el Poder: El rumbo de México, organizado en el marco de la Feria Internacional del Libro de Guadalajara 2025, que este año tiene como invitado especial a Barcelona. Las panelistas, aunque ya conocían las preguntas, estaban sorprendidas por el enfoque. La senadora Amalia García hizo hincapié a propósito de la sensibilidad, la solidaridad y los sentimientos con los que se debe gobernar ante los avances de la Inteligencia Artificial. Por mi parte, tuve el honor de compartir el Panel II. México 2030: Economía global en clave femenina, junto con Liliana Melo de Sada, Tatiana Clouthier, Victoria Kühne y la moderadora, Verónica Juárez Piña.
He de decir que el tema sobre Economía me parecía harto difícil. No obstante quise hablar de un tema el cual me parece fundamental: los derechos de las trabajadoras del hogar. Su realidad laboral no coincide para nada con los cambios que se han dado en otros sectores, a pesar de la obligatoriedad, un alto porcentaje de las trabajadoras del hogar no cuenta con seguridad social ni contrato formal. Tatiana Clouthier ahondó en el tema. Más adelante, en mi última intervención, hablé de la invisibilidad de las mujeres migrantes que padecen una vulnerabilidad descomunal debido a la violencia de género, la explotación laboral y los riesgos del tránsito migratorio.
Hoy, a las 7:30 p.m. presento en la FIL, en el Salón 4, junto con Rafael Micha, la obra Las Niñas Bien, 40 años después. En el prólogo cuento cómo fue la presentación, hace cuatro décadas: “El libro que tiene usted entre sus manos se publicó hace 40 años; no obstante, han pasado cuatro décadas, me acuerdo muy bien del día de la presentación, la cual fue en el foro de la librería El Ágora. Recuerdo que la sala estaba repleta, no cabía ni un alfiler. Los presentadores eran de lujo, Elena Poniatowska, Carlos Monsiváis y don Edmundo Valadez. El primero en hablar fue Monsi, como todo el mundo llamaba al cronista: ‘Sin oponerme a la diatriba contra la burguesía que comparto con entusiasmo creo exigible un conocimiento detenido de su psicología y de sus hábitos de consumo’. Yo lo escuchaba nerviosísima, era la primera vez que presentaba un libro en el cual se publicaba la recopilación de textos periodísticos publicados en el diario La Jornada. Andrés León eligió el título de una de las crónicas: Las Niñas Bien. Confieso que al principio me opuse por completo, ‘me van a linchar’, pensé. Sin embargo, tuve que acceder, ya que las editoriales son las primeras en elegir el título que más conviene para su venta. Monsi, con su pelo ondulado y muy esponjado, seguía con su exposición: ‘la enorme banalidad de la condición burguesa se sustenta en la complejidad del capitalismo, y en México, de la economía mixta’. Enseguida, citó la respuesta de Fitzgerald a una pregunta de Hemingway acerca de la diferencia entre los ricos y pobres: ‘la diferencia es que los ricos tienen más dinero’. Todo el mundo se rio”.
Cuarenta años después podemos decir lo mismo con un ligero matiz que hoy por hoy, los ricos tienen muchisísimo más dinero que los pobres a pesar de los programas sociales. El autor de Amor perdido continuaba con su análisis: “.la iniciativa privada es la que más critica la corrupción gubernamental no porque ignore el inmenso beneficio que ésta le aporta, sino por necesidad de equilibrio psicológico que es defensa política”. Entre la audiencia tan nutrida, me fijé que no había muchas “niñas bien”. Lo lamenté pero a la vez lo entendí. “Soy la única que me ocupo de ellas, sino fuera por mí nadie hablaría de ellas”, pensé. Lla burguesía fue afrancesada y hoy es texana porque esta clase necesita desnacionalizarse, ser otra, aquello no contaminado por la miseria por lo nacional que es fealdad física y desacierto educativo. Ser ‘niña bien’ ha dejado de ser un privilegio absoluto para ser una condición cargada de dudas”.
La verdad es que sí estoy ilusionada con la presentación, después de tantos años, de la publicación de un libro que no deja de sorprenderme por sus múltiples reimpresiones y ahora espero muchas más.
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