Cd. Acuña
Por
Osiris Cantú
Publicado el viernes, 12 de diciembre del 2008 a las 16:00
Acuña, Coah.- Drogadicto desde los catorce años, fecha en que descubrió su homsexualidad “porque me di cuenta que me gustaba el maestro”, Genaro Martínez Montalvo, adorador de la Santa Muerte y el menor de cinco hermanos de una familia desintegrada, hoy, a sus 16, se ha convertido en asesino.
“El Bebo”, está plenamente confeso de haber dado muerte a “su pareja”, Félix Rodríguez, un comerciante delriense de 43 años de edad ahorcándolo con una bufanda y a quien,-confiesa-, “quería cortar en pedacitos pero nadie me quiso ayudar”.
Con total falta de apego al valor de la vida, el muchacho, sigue tranquilo, contando una y otra vez la “hazaña” que le resultó dar muerte a su pareja sentimental, sólo porque “ya no lo aguantaba”; y que de resultar cierto, pasará muchos más años de los que ha vivido, en el infierno que es vivir sin libertad, la prisión.
Vistiendo un pants color beige, camiseta amarilla, zapatos color café tipo bota de gamuza, chamarra roji-negra, pelo corto y sosteniendo firme la mirada, sin signo alguno de arrepentimiento, narra su crimen esposado a una silla en los separos de la Procuraduría.
Dejando entrever al hablar el “piercing” que trae en la lengua y un arete “porque es la moda”, se declara abiertamente adorador de la Santa Muerte más que de Dios.
“En Dios creo, es fuerte y poderoso, pero venero más a “La Flaquita”, es la que tengo en mi casa, le tengo fe y cuando me sentí solo pensé que ella me podría ayudar”.
Denotando por momentos un posible desequilibrio que para las autoridades podría ser una coartada, “El Bebo”, dice entre carcajadas y burlándose de la situación que vive, que ahora es “viudo” y que incluso enviará su historia a la serie televisiva “Mujer, casos de la vida real”.
Es hijo de la señora María de la Luz Montalvo y de Refugio Martínez, preso en Texas por narcotráfico; estudió hasta el segundo de secundaria y desde que dejó la escuela “no hago nada, me la paso en mi casa”.
“UNA RELACIÓN DE PAREJA”
Dice que con el presunto occiso –pues su cuerpo no aparece– “llevábamos una relación de pareja, nos veíamos a diario en la casa que él tenía rentada, me daba dinero y me decía que me quería pero yo por él lo que sentía era respeto porque era una persona mayor”.
El –afirma– quería ya una cosa más en serio conmigo, pedía una relación estable y fue donde ya no me gustó, pero él me amenazaba con dañar a mi familia y me decía que nunca me podría separar de él.
La noche en que me decidí a matarlo, más que valor, lo que sentí fue miedo, ya estaba cansado de sus amenazas y desde un día antes planee asesinarlo; esperé a que se durmiera, ”agarré su bufanda, se la enredé en el cuello y apreté…apreté y apreté con todas mis fuerzas hasta que el cuerpo se aflojó por completo…” “YA EMPEZABA A OLER Y TUVE QUE TIRARLO”
Como si se tratara de una película de terror, “El Bebo”, tras asesinarlo, se fue a su casa donde vive con su mamá como si nada, pero “le echaba vueltas” al cuerpo, que mantuvo durante tres días envuelto en sábanas y un hule negro.
Narra que a los tres días empezó a oler mal, lo que ya empezaba a percibirse al abrir la puerta y que le mintió a los vecinos que le preguntaron por el occiso, diciéndoles que andaba en Estados Unidos.
Dice que solo lo mató y solo lo encajuelo en su propio auto la noche que lo sacó para tirarlo.
“Fui a buscar a unas amigas y amigos que no creían lo que había hecho cuando se los platiqué, y les pedi que me ayudaran a descuartizarlo para tirar los pedazos en diferentes lugares perose negaron, solo aceptaron acompañarme a tirarlo al monte, como lo hicimos”.
ORGÍAS DE DROGADICTOS, FESTíN DE LOCOS O CRIMEN INCUBADO EN EL FANATISMO
Martínez Montalvo reitera una y otra vez lo que resulta difícil de creer:
Que él sólo, mató a su pareja y que sus seis amigos solamente le ayudaron para llevarlo a tirar.
Acepta que se reunían en casa de las jóvenes a fumar marihuana todos, lo que hace pensar en la hipótesis de un crimen incubado en las drogas y el fanatismo que están tratando de ocultar.
La policía está totalmente desconcertada, pues por momentos “El Bebo” se contradice en muchas cosas.
Dice estar consciente de que pasará muchos años en prisión y por otra parte dice entre risas a las autoridades, estar seguro que tendrán que liberarlo porque no encuentran el cuerpo del delito.
“CREO EN LA SANTA MUERTE,POR ESO LE OFRENDÉ LA BUFANDA”
Se reitera adorador de “La Flaquita:, La Santísima”, la Santa Muerte y a su capilla fue a llevar la bufanda del crimen “porque yo quería que pasara todo pronto y a pedirle que me ayudara a deshacerme de su cadáver”. Afirma que “yo se que voy a tener que pagar mi condena, creo también en Dios, pero menos que en “La Flaquita” y ya ni modo, ya está hecho y hay que aceptar lo que venga”, al tiempo de sonreir hacia la cámara de ZÓCALO, con las señas de los cholos y los delincuentes.
“Sí me arrepiento, tengo temor y cargos de conciencia, pero yo soy así, no lo externo”, dice entre risas. Toma entre sus manos el Cristo del Rosario que porta al cuello y reitera resignadamente que “sí creo en él, pero ya ni modo, lo hecho, hecho está y ahora hay que pagar las consecuencias”.
DICE A LA POLICíA QUE PADECE DE SIDA
En sus contradictorias declaraciones a lo largo ya de varios días de investigación, “El Bebo” ha llegado a manifestar que padece de SIDA, lo que se cree, es otra de sus mentiras y no se habla de la intención de certificarlo.
Niega que todo lo dicho sea una coartada y que desconoce si “su pareja” contaba con algún seguro o enfrentaba problemas que le hicieran simular su muerte, pues hasta en eso se ha llegado a pensar por el misterio que rodea el caso.
Para la Procuraduría, el joven es lógicamente un desadaptado social, tiene serios problemas de personalidad y estaría buscando llamar la atención con su actitud, lo que habría logrado llegando hasta al crimen para ello.
“MI MAMA ME DICE QUE NO ME VA A DEJAR ABAJO”
“El Bebo” dice que su mamá es la única que lo ha ido a ver y que le asegura que “no me va a dejar abajo”, afirmando que es por ella por lo que más lo siente.
Sus hermanos sabe que han ido, pero no ha hablado con ellos.
Confiesa que había fumado marihuana como todos los días y que el occiso no forcejeó, pues “sólo se concentró a tratar de respirar”.
Dice que le rinde culto desde hace mucho tiempo, y aunque sabe que ella no le ayudará a salir de esto, la sigue venerando igual y hasta le tiene un altar en su casa.
Dice que él “seguirá siendo el mismo”, porque lo que hizo ya pasó “y se va a quedar aquí adentro, cuando esté solo me podré desahogar llorando como ya lloré mucho por mi mamá”.
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