Coahuila

Publicado el lunes, 1 de diciembre del 2008 a las 16:00
Melchor Múzquiz, Coah. – Pasando frío y con el olvido de la humanidad, una anciana mujer pasará la Navidad junto con su hija menor en un pequeño cuarto de lámina, cartón y trapos viejos que desde hace 17 años improvisaron como hogar para vivir, su anhelo de cada año es recibir ayuda para mejorar su “casita”, pero hasta ahora se ha quedado en sólo una esperanza que no ha podido hacerse realidad.
María del Pilar Alvarado Ramos, de 52 años, nos abrió las puertas de su humilde hogar para compartir sus sueños que cada año pide como deseo de Navidad y que hasta el momento no han podido ser construidos, ante la insensibilidad de la gente y las autoridades municipales que no voltean a ver a los más desprotegidos.
El hogar está construido a un costado del panteón municipal y hecho a base de láminas agujeradas por el sol, cartón y trapos viejos que sirven para tapar los agujeros del techo y evitar que se filtre el agua y moje las pocas pertenencias, debido al alto costo carece de energía eléctrica, mientras que para obtener agua tienen que recorrer más de 50 metros.
Encorvada para poder cocinar y al mismo tiempo barrer y tender la cama, doña María asegura dar gracias a Dios por tener vida y salud, pese a las condiciones en las que vive junto a su retoño que se encarga de comprar la comida.
“Cada año para nosotras la Navidad es sólo un día más, sin festejos ni comida ni luces navideñas, pero eso sí, siempre pedimos como deseo que nos apoyen para construir un cuartito digno que hasta el momento no ha podido consolidarse”, comentó.
Doña María asegura que constantemente ha visitado la Presidencia Municipal y el DIF para solicitar una despensa, pero sólo ha recibido como respuesta un “sí, después se lo llevamos” y desde hace 17 años nadie le ha dado la mano para cambiar su estilo de vida.
Ante las negativas asegura estar cansada y desilusionada de ver cómo la gente no tiene sentimientos y por eso acude de vez en cuando al basurero municipal para recoger láminas y todo lo que le sirva para habilitar su hogar.
Una cama, una estufa y cuatro cajas de madera que sirven como frutero y peinador es lo que forma parte de su casa, mientras que afuera tiene una variedad de cubetas para almacenar agua y dos tinas amarradas con una cadena y candado para evitar que se las roben.
El crudo invierno empieza a pesar en doña María, quien junto a su hija tienen que recorrer más de 50 metros de maleza para bañarse en un baño improvisado con blocks de cemento empalmados y colchas que sirven como techo y cortina, arriesgándose a una enfermedad con los vientos tan helados o a que les pique un animal venenoso porque tampoco tienen luz para guiarse.
Apurada haciendo la comida para su hija de 17 años que llega de trabajar, doña María asegura que lo más difícil lo están viviendo ahora debido a que han sido víctimas de constantes robos por sujetos drogadictos que cada semana intentan entrar a su pequeño hogar.
“Ya no podemos salir ni tranquilas a la calle porque los malandros nos roban los trastes y la comida que cocemos con leña, pero lo que más preocupa es que mi hija está creciendo y no tengo nada que ofrecerle ni siquiera ver la tele como una niña normal a su edad y tampoco pudo ir a la escuela ante la falta de dinero”, señaló María.
Sin perder la esperanza, doña María pide como deseo de Navidad que Dios le siga concediendo vida y salud para ver por su hija, mientras que como regalo le pide sólo un cuartito digno donde no se mojen cada vez que llueve y no pasen frío como en esta época, pero sobre todo dormir tranquila pensando que nadie entre para hacerles daño.
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