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Agencias
Publicado el sábado, 6 de marzo del 2010 a las 00:53
México.- Lentes de pasta, chaleco de estambre, pantalones arriba de la cintura que dejan al descubierto los tobillos, preferencia por la lectura y una muy escasa capacidad para socializar, son sólo los rasgos más distintivos de quienes el cine y la TV ha catalogado como “Nerds”. A algunos les ha tocado serlo y a otros más les tocó molestarlos en los recreos, o cuando faltaba algún profesor. Matados, cerebritos, ratones de biblioteca, ñoños o tetos, son otros de los terribles apelativos para los chicos que si bien poseen un gran intelecto, mantiene una muy baja popularidad entre los miembros de su grupo social.
Más allá de los personajes caricaturizados por las series televisivas, como Martin Prince (de “Los Simpson”) o Paul Pfeiffer (de “Los Años Maravillosos”), todos tuvimos en nuestros años de secundaria –y a veces también en preparatoria- algún compañero que era efectivo para las matemáticas avanzadas, pero que tartamudeaba o simplemente se echaba a correr cuando una chica se aproximaba.
Se les puede nombrar de muchas formas, pero el calificativo general entre quienes hablamos castellano, es hoy por hoy el anglicismo “Nerd”. Hay quienes aseguran que esta famosa palabrita comenzó a aplicársele a esta clase de chicos en la primera mitad de los años 70, en el Instituto Tecnológico de Massachussets (MIT), como una forma de repudiar la pedantería y burlarse de la “consecuente” ineptitud social.
Pero el término “Nerd” y el estereotipo arriba descrito, quedaron definitiva y mundialmente entrelazados, cuando Robert Carradine protagonizó en 1984 la película “La Venganza de los Nerds”. Desde entonces, el uso del término “Nerd” para estos casos, fue aceptado universalmente. En la siguiente década, si no mostrabas aptitudes para el deporte, utilizabas anteojos con una potente graduación o tenías la piel pálida por escaso contacto con el sol, era casi seguro que este despectivo mote cuadrara contigo.
No obstante, las cosas han cambiado –supuestamente- para algunos de los llamados “Nerds” en los últimos 15 años. El vertiginoso e imparable ascenso de uno de ellos, a nada menos que la cima de la lista de millonarios elaborada por la revista “Forbes”, hizo que ya no fuera tan “friki” ser un “Nerd”. Por obra y gracia de los 56 mil millones de dólares de Bill Gates, los otrora segregados pasaron a ser –no en todos, pero sí en muchos de los casos- inteligentes pero respetuosos… ¡interesantes! y sobre todo, potencialmente capaces de percibir grandes salarios.
Un monólogo pronunciado en el episodio “Nerdator” de la serie animada “Freakazoid” pareciera condensar esta nueva perspectiva: “¿Quiénes escriben los libros más vendidos? Nerds. ¿Quiénes están en la cima de la pirámide de Hollywood? Nerds. ¿Quiénes crean tecnología tan avanzada que sólo ellos pueden comprender? Nerds. ¿Y quiénes son las personas que están por encima de los altos cargos de una Presidencia? Nadie más que los Nerds”.
Y ya entrados de lleno en la era donde todo depende de la tecnología y las interconexiones, surgieron otra clase de personajes que a primera vista parecerían “Nerds” –o cuando menos, derivados de ellos- pero que quieren ser considerados pieza aparte: los “Geeks”. Estos individuos que cambiaron el chaleco de estambre por la ropa casual, viven fascinados por una tecnología que dominan y que les otorga el respeto –a veces a regañadientes- de quienes los rodean. El estilo de vida “Geek”, por tanto, no implica segregación y por el contrario, suelen ser extrovertidos y egocéntricos, por el poder que les confiere su vasto conocimiento de las últimas tecnologías. Incluso, tienen su propio “Día del Orgullo Geek”.
A la fecha, ha transcurrido poco más de un cuarto de siglo desde que la palabra “Nerd” se aplica para todo aquel que se gasta la vista entre libros, o tiene la “manía” de comprender la ciencia y las tecnologías más sofisticadas. Y por supuesto, no se puede evitar cuestionar si, en su afán de ganar rating mofándose de los “Nerds”, el cine y la televisión convirtieron el intelecto en una zona de riesgo.
Seguramente, en cada grupo de secundaria en este país nuestro, tan urgido de entendimiento, existirá siempre algún alumno a quien le toque -por mero descarte- el despectivo mote de “Nerd”. Y allí estará también toda la segregación aprendida en las caricaturas, las series importadas y las telenovelas. Pero… ¿Estará también ahí la reivindicación del multimillonario señor Gates? El tiempo y Forbes lo dirán.
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