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[Deportes]

Aquí residen las leyendas

En cada uno de los rincones del nuevo recinto de los inmortales, se puede revivir la historia de cada uno de ellos

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Aquí residen las leyendas
Por: YAZMÍN VARGAS

Monclova, Coah.- El nuevo Salón de la Fama del Beisbol Mexicano no es sólo la sala que resguarda las historias de oro del beisbol mexicano, es el símbolo más fiel que el beisbol es unión, ya que esta emblemática obra fue rescatada por dos de los más grandes directivos de la época dorada y adaptados al vanguardismo como son Alfredo Harp Helú y José “Pepe” Maíz Mier.

Luego que la empresa mexicana Moctezuma cambiara de propietario, se llegó la noticia más triste para el beisbol mexicano, como fue el eminente cierre del recinto de los inmortales, mientras se preguntaban qué pasaría con las entrañables historias, José Maíz Mier empezó a tocar puertas en busca de reubicar el recinto, firmando un compromiso con el candidato a la gobernatura Jaime Rodríguez “El Bronco”.

“Queremos más personas como ‘Pepe’ Maíz, que es como una garrapata, se te pega y se te pega hasta que consigue lo que quiere, y recuerdo bien cuando me dijo durante la campaña a mi gobernatura ‘Quiero que te sientes con Harp Helú a platicar, queremos rescatar el Salón de la Fama, y necesitamos un terreno’, yo dije ‘Ahí tienen el terreno, hagan lo que tienen que hacer’ y fue así que surgió este Salón de la Fama”, dijo el Gobernador de Nuevo León.

El Salón de la Fama es el libro viviente que te lleva a través del tiempo del beisbol, descubriendo no sólo sus inicios sino también lo extraordinario que es el rey de los deportes, aunque sus paredes son de ladrillo, las hace más fuertes las grandes hazañas que resguardan celosamente como la enriquecedora historia eterna que data desde el siglo XIX.

Con sólo llegar al lobby el olor a historia es inminente, te atrapa y te conduce por los pasillos que te trasladan al origen del beisbol en 1876, abriendo las páginas con la década de Ty Cobb, el jugador que poseía 90 récords en Grandes Ligas, el viaje a través del tiempo continúa destacando lo más emblemático de cada década, como son los años 20’s que es descrita como el inicio de la leyenda ya que en el 1925 llegó el beisbol a México.

Las grandes hazañas del que el deporte rey a vivido en casi un centenario fueron trasladadas de los viejos libros a grandes páginas digitalizadas que se pueden observar en blanco y negro, al centro del más largo viaje se encuentran algunos artículos históricos que usaron los jugadores entroniz ado s en este emblemático lugar como son guantes, camisolas, bates, spikes, que datan de los años de 1910 hasta la fecha.

En cada uno de los rincones del Salón de la Fama se escribe una nueva historia, tal es el caso de los vestidores, que también son una novedad en esta nueva sala, donde pueden apreciarse cómo son los vestidores, esos espacios privados que tienen los peloteros en cada estadio, algunos de estos vestidores han sido personalizados con nombres como el de Héctor Espino, Andrés Mora, Epitacio Morales, Ramón Montoya y ahora aparece el del más grande lanzador, Fernando Valenzuela.

Vitrinas con calcomanías, pelotas firmadas por los 200 inmortales, así como estatuas de jugadores, son sólo algunos otros objetos que se pueden apreciar en este recinto, donde además se puede disfrutar de un infield que tiene como fondo una fotografía del más grande estadio que ha existido en el beisbol mexicano, como es el del Parque del Seguro Social, también cuentan con una caja de bateo en la que los jueves los asistentes pueden realizar una práctica para mejorar su técnica.

El nuevo Salón de la Fama está localizado en un lugar ideal para que todos los visitantes a la ciudad de Monterrey puedan asistir y descubrir las grandes historias que resguarda, está centralizado a un costado del paseo Santa Lucía, teniendo como testigo las montañas de la Sierra Madre Oriental, enmarcado esplendorosamente por el Cerro de la Silla, emblema de la ciudad regiomontana, fue construido con materiales cien por ciento regiomontanos como el acero, el cemento, el vidrio y el ladrillo refractario, de las se utilizaron un millón 300 piezas para la construcción de este emblemático lugar.


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