×
hace 3 semanas
[Arte]

Arturo Rivera: Un artista en los márgenes

Rivera partió del mundo como un pintor que fue, según él mismo diría, tan original como quien siempre se mira hacia adentro

Imprimir
Arturo Rivera: Un artista en los márgenes
Foto: Especial
Escuchar Nota


Ciudad de México.- En uno de los últimos autorretratos que compartió en sus redes sociales, el pasado marzo, Arturo Rivera se pintó a sí mismo elegantemente vestido de negro, como se asiste a un funeral, con un cetro en la mano y sentado al centro de la composición.

Flanqueado por una galería de sus personajes inquietantes -como una niña diminuta que señala un ave muerta, un caballo y una mujer con el rostro vendado-, todos posan bajo una sentencia escrita en latín que así se traduce: "Bienaventurado el varón que sufre la tentación".

Fallecido ayer a causa de una hemorragia cerebral provocada por una caída, Rivera (1945-2020) llevó una vida personal y artística que jamás estuvo exenta de seducciones y excesos, con una obra dividida entre la muerte y el erotismo, nunca fácilmente digerible ni sencilla.

MARCO lamenta profundamente el fallecimiento del maestro Arturo Rivera (1945-2020), artista mexicano quien nos deja un...

Publicado por MARCO, Museo de Arte Contemporáneo de Monterrey en Jueves, 29 de octubre de 2020


Reconocido como uno de los más aguerridos defensores del arte pictórico y enemigo acérrimo del arte contemporáneo, hombre de amigos entrañables y también de numerosos adversarios ideológicos, la primera gran tentación de Rivera ocurrió a principios de los años 70.

Educado en técnicas tradicionales en la Academia de San Carlos y la City Lit Art School de Londres, estuvo a punto de renunciar a su vocación por la preeminencia que gozaba en ese entonces lo que después, con desprecio, apodó arte VIP (video, instalación y performance).

"Creíamos que la neta era el performance, las instalaciones, y que la pintura de caballete ya no existía. Quemé en un acto de protesta el mejor caballete que he tenido, de lo cual me arrepiento", relató en algún momento a este diario.


Casado en seis ocasiones, consumidor insistente de alcohol, ansiolíticos y mariguana -hasta que resolvió dejarlos-, y un enamorado de la muerte, aquella fue la única vez, sin embargo, que la tentación de dejar la pintura se le hizo manifiesta.

"Tenemos en la producción de Rivera a alguien que comenzó, que fue el iniciador en México de la 'neoacademia'", explica en entrevista el crítico de arte Carlos Blas Galindo, curador de la única exhibición individual del artista en el Museo del Palacio de Bellas Artes, hace 20 años.


"Tiene que ver con la recuperación en la etapa de lo que llamamos posmodernidad, o posvanguardias, de la tradición artística, pictórica, occidental, pero poniéndola al día en cuanto a lo temático e iconográfico", abunda.


Contemporáneo de los pintores más jóvenes de la Generación de la Ruptura, Rivera se desmarcó desde el principio de la estética de este movimiento y abrazó la figuración y el realismo con devoción absoluta, inamovible.

Estudioso de los grandes maestros, creó una poética y una estética propia donde la belleza está enclavada en las pulsiones de la muerte y lo inquietante, pero siempre atravesada por un componente erótico y vital.



"En lo estilístico, a mí me ha interesado siempre que hay una serie de dicotomías planteadas en la propia producción de Arturo Rivera, por ejemplo, el canto a la vida y el canto a la muerte.


"En una misma obra, hay una imagen vinculada con eros y otra contigua vinculada con tánatos, con lo mortuorio. En este sentido, crea en los espectadores también sentimientos encontrados, digámoslo así, lecturas que reciben la aprobación, pero al mismo tiempo la sorpresa", explica Blas Galindo.

Evocaciones al arte sacro, animales simbólicos y perturbadores, como los caballos y los toros, modelos femeninas tan beatíficas como siniestras, y hombres de semblantes desgarrados o con malformaciones evidentes, son parte del universo simbólico que lo hicieron inconfundible.



"Es una obra difícil", explica, por su parte, la galerista Lourdes Sosa, una de sus representantes. "Necesitas tener una óptica muy clara de lo que es el arte y entenderlo, porque son piezas difíciles, fuertes".

Para la directora de LS/Galería, la obra de Rivera jamás dejó de cosechar adeptos, a pesar de lo complicada que puede resultar por su crudeza.

"Arturo siempre ha tenido una demanda en su obra, siempre, un público que lo sigue, que está atento a él siempre, pero no es una pieza que pueda entrar a todos los gustos. Su obra, por la carga emocional que tiene, las imágenes tan fuertes que maneja, era más difícil para entrar al gusto general", detalla.


A pesar de que, de acuerdo con Blas Galindo, su exposición individual en Bellas Artes llegó, al menos, 10 años tarde, Rivera pudo ver sus obras expuestas también en el Museo de Arte Moderno y el Marco de Monterrey, además de participar en colectivas en Nueva York, La Habana, Munich, Medellín, Roma, París, Tokio y Londres, entre otras.

La polémica jamás lo evadió, como cuando, en 2001, acusó a las autoridades del INBA y el entonces Conaculta de pretender "matar la pintura" en favor del arte contemporáneo.

"En el momento en el que ocurre esta discrepancia de Arturo con las políticas públicas en materia de cultura artística, sí hay una orientación muy decidida, por un lado, a propiciar, en el extranjero sobre todo, pero también en nuestro País, los planteamientos de los conceptualismos, de los no objetualismos", secunda Blas Galindo.




Sosa, quien lo describe con un hombre amable, pero perfeccionista e intransigente ante lo que no le parecía, afirma que una de sus principales cualidades fue la honestidad hacia sí mismo.

"Un artista fuerte, de gran carácter, que nunca se traicionó", describe. "Como decía Picasso, la pintura lo llevaba a escenarios y espacios a los que normalmente no acceden otros artistas".

La huella de Rivera como iniciador del neoacademicismo en México, destaca Blas Galindo, puede encontrarse en artistas posteriores, como Santiago Carbonell, Daniel Lezama y Gustavo Monroy.

También, detalla, en pintores mucho más jóvenes, quienes encontraron en él una figura tutelar.

"Él fue prácticamente un pilar que sostuvo la vigencia de la pintura figurativa y del uso de la anatomía", recuerda el pintor Fabián Cháirez, también figurativo realista.

"Creo que nos dio mucha esperanza a muchos pintores de decir: 'Bueno, se puede seguir abordando, y hay muchos temas a explorar a partir de la figuración de la anatomía".


Para Cháirez, también un artista incómodo para muchos sectores, parte del legado de Rivera se encuentra en su interés por los cuerpos y los temas en los márgenes sociales.

"Algo que me encantaba de su obra es que llevaba lo marginal al centro, que lo llevaba a la luz, y eso es algo que hago yo mismo. Todos aquellos cuerpos que han sido desdeñados y que no entran en las normas de la sociedad, habitan en mi obra, así como él le dio hogar a muchas expresiones en la suya", apunta.

Conocido también por sus numerosos autorretratos, en los que dejó plasmado su semblante adusto, escrutador y severo, dejó también patente el reverso de su persona.

"Lo que uno trata de tapar en la vida real porque no le gusta, lo destapa totalmente en el autorretrato", sentenció a este diario.


Hombre de tentaciones y excesos, pero también de una creencia férrea en su arte, Rivera partió del mundo como un pintor que fue, según él mismo diría, tan original como quien siempre se mira hacia adentro, tanto en lo oscuro como lo vital.

"Lo más difícil es encontrar tu lenguaje, porque encontrar tu lenguaje es ser original. Ser original no es ponerte a pensar qué no se ha hecho para hacerlo. Original es buscar en tu interior, es introspección, meterte a tu origen. Si tu origen sale, ya no te pareces a nadie", dejó para la posteridad su credo.



Imprimir
te puede interesar
similares
{/exp:ce_cache:it}