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[Arte]

Carlos Velázquez analiza a seres excéntricos y pintorescos en Despachador de Pollo Frito

El autor lagunero cuenta qué historias hay detrás de su libro

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Carlos Velázquez analiza a seres excéntricos y pintorescos en Despachador de Pollo Frito
Foto: Zócalo | Gerardo Ávila / Cortesía
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Saltillo, Coah.- Bajo la influencia de la literatura de José Agustín, Carlos Velázquez publicó en 2004 su primer libro: Cuco Sánches Bluez, bajo el sello editorial La Fragua. Volumen definido como “un divertimento. Ahora, visto a la distancia me doy cuenta que me tomé (la escritura del libro) muy a la ligera. Pero leyendo a otros cuentistas supe que el cuento era un arte supremo”.

Así define el autor la relación que mantiene con el relato corto, género en el que se mueve como coyote en el desierto y al que le ha dado tres libros más: La Biblia Vaquera (2008), La Marrana Negra de la Literatura Rosa (2010) y La Efeba Salvaje (2017). Recorridos ácidos por la “condición posnorteña”, los páramos de la sexualidad masculina y los límites de la realidad, la parodia y la ficción. Fronteras que transgrede nuevamente en Despachador de Pollo Frito, publicado por su casa Editorial SextoPiso y la Universidad Autónoma de Nuevo León en 2019.

Este libro, y los pasados, son “un homenaje a la forma del cuento américano. En ellos ya no me puedo quedar en el divertimento ni en la anécdota chistosa; no puede ser la estampa, sino que tengo que calar hondo. Por eso me di cuenta de que mi compromiso con el género ha sido muy grande, lo cual me da la oportunidad de que mis distintos libros planteen una serie de obsesiones que son, al mismo tiempo, un reflejo de mi realidad: sí de mis intereses, pero también de cosas que advierto día a día”.


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Despachador de pollo frito #kozik

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McCartney noir

Temas como la obesidad, la sexualidad y la droga bailan siempre abrazadas del destino al ritmo de la música que los mueve por los increíbles caminos de la ficción. En el caso de Despachador..., son cinco cuentos que atrapan al lector por su fina manufactura pero, sobre todo, por cómo los personajes creados por el lagunero aguantan una vida que les echa carrilla y se ensaña con ellos en más de una manera.

En el primer cuento, Paul McCartney for Dummies, un detective llamado Dr. Pooh debe detener al remplazo del exBeatle porque, como todos saben, el cantante murió en 1966. El segundo es Desnucadero, en el que un rompecorazones experto que, a base de saberse la filmografía de Hollywood, consigue sus ligues recibe un cachetadón del karma.

En La Vaquerobia del Apocalipsis, es el travesti Camilo Meneses, quien se enfrenta a sus pasiones, mientras que en Schade Deconstruido la locura aborda a Tatahuila, el reino parodia del norte, a través de un cansado director de orquesta. Al final, en el cuento que da título al libro se conoce la vida de Mr. Bimbo, un joven obeso que sufre bullying en su trabajo, en su defensa termina por llevar todo hasta las últimas consecuencias.



Esas vidas y realidades extrañas, casi fantasiosas son una forma de “no denunciar pero sí hacer una crítica” del mundo que Velázquez ha visto durante su vida: Coahuila como primer lugar en obesidad, personas pobres que lavan vidrios en los cruceros o, la casi hermética, vida sexual de los homosexuales.

La necesidad de mirar a los seres periféricos, aquellos alejados de las grandes narrativas históricas surgió porque “mi generación estaba muy enfrascada por los problemas de la clase media, pero siempre me pregunté '¿qué pedo con el sobrino desempleado de 17 años o el güey que vende cigarros en los puentes?', fue ahí donde quise contar la historia de estos seres que no son visibles”, comentó a Zócalo en entrevista.


Pero esos esperpentos que moldea Velazquez se deben también a la zona en la que vive el autor: Torreón “un terreno limítrofe, encabalgado con otras ciudades en las que pasan cosas bien locas y que da, en cierto sentido, otra realidad. Es una ciudad sin historia que, en algún momento, tuvo todo permitido. Apropiarme de ella y llevarla a mis historias, usarla para conformar un universo muy personal fue algo que se dio naturalmente, pero de lo que no me di cuenta hasta que ya estaba muy avanzado. Si reúno todos los libros puedo ver que sí hay una constante que han terminado definiendo mi estilo y mi vocación, que es la del cuentista”, explicó el también autor de El Karma de Vivir en el Norte y El Pericazo Sarniento.



Teibol y topless

Relaciones amorosas a punto de terminar, hombres obesos obligados al celibato. Violencia personal y social, crítica al “activismo de sillón” e incluso un hombre que resucita caballos son personajes que viven en los libros de Velázquez. Para ellos hay dos cosas que los atraviesan siempre: la música y un ácido humor ante el fracaso de la vida.

“Tuve la fortuna de crecer en un barrio bravo que estaba rodeado de más barrios bravos y en los que habitaban un montón de seres pintorescos: teiboleras en topless que llamaban mi atención, borrachos en las cantinas a las que empece a ir desde muy morrito, y de las que al salir me preguntaba '¿qué será de estas personas al salir de aquí?'. Por eso cuando empece a hacer literatura supe que tenía que escribir de estos seres tan peculiares, con todo y su cuota de marginación, excentricidad, degradación y decadencia que conllevan”, finalizó el lagunero.




A leer

- Despachador de Pollo Frito
- De Carlos Velázquez
- Editorial SextoPiso / UANL, 2019
- 127 páginas
- 225 pesos


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