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hace 1 mes
[Coahuila]

Carranza…tres días antes de su muerte

El Barón de Cuatro Ciénegas ignoraba que estaba en una trampa de la cual no iba a salir vivo

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Carranza…tres días antes de su muerte
A esas alturas, los integrantes de la que fue después llamada Marcha de la Lealtad, muy apenas se completaba el medio centenar
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Cuatro Ciénegas, Coah.- En el marco del aniversario luctuoso del lamentable asesinato del Barón de Cuatro Ciénegas y a 100 años de su muerte, sigue siendo recordado como uno de los caudillos más importantes para la historia de México y Cuatro Ciénegas, Coahuila, es uno de los puntos cruciales para la historia de este emblemático personaje.

Los tres últimos días en la vida de don Venustiano Carranza transcurrieron llenos de incertidumbre, recorriendo una zona completamente anegada por la lluvia y acechado por el enemigo, ignorando que ya se encontraba en una trampa de la cual no iba a salir vivo.
El 18 de mayo ya no madrugaron para continuar avanzando, en Cuautempan, almorzaron y comieron, como si no llevaran ninguna prisa.

El Presidente de la República se reunió con sus cercanos colaboradores, recibiendo información de los soldados que resguardaban el pueblito, entre ellos el teniente coronel de apellido Quintero, (que tenía una cara de traidor imposible de ocultar), un militar adepto a las fuerzas del general Álvaro Obregón Salido.

Nada más como apunte, el licenciado Luis Vicente Cabrera Lobato, secretario de Hacienda en el gabinete del señor Carranza, era compadre de Obregón y todavía más: el ingeniero Ignacio Bonillas Fraijo, también era compadre del llamado Manco de Celaya, inclusive cuando supo que se lanzaría como candidato a la Presidencia de la República, el propio Bonillas le envió una carta en donde lo apoyaba, ignoró si don Venustiano lo sabía.

Era mayor un año que el Presidente, pues había nacido en el año de 1858.

Pero volviendo a la reunión matutina, ahí estudiaron planos, discutieron y midieron tropiezos, definiendo un programa y dictando medidas, estando presentes aparte del Primer Magistrado, los generales que lo acompañaban, así como su equipo más cercano en la Presidencia.

Entre los acuerdos estaba el de reducir la columna al mínimo, seleccionando elementos civiles para que regresaran a México, además de escoger la mejor caballada, se hizo un presupuesto con los escasos fondos, para cubrir los gastos más necesarios.

El señor Carranza, llamó al coronel Casillas que comandaba a los bravos cadetes de la Escuela de Caballería del Colegio Militar, expresándole su gratitud, haciéndola a todos extensiva, pero le manifestaba que no deseaba implicar a la noble institución en una actitud para fines políticos.

A su vez el coronel Casillas informó a los cadetes lo comentado por el Presidente, pero ellos solicitaron que se les permitiera correr la misma suerte del Jefe de la Nación.

Empero Carranza insistió en que se regresaran a México.

Mientras tanto el general Francisco Murguía ya comenzaba a recelar, viendo moros con tranchete por todos lados, y no se equivocaba, pues sus presentimientos muy pronto se harían realidad.

Luego de comer, al poco tiempo emprendieron de nuevo el viaje con destino a Tepango, donde pasaron la noche muy tranquilos sin la zozobra de los días anteriores.

Entre la numerosa lista de generales que se habían aliado con los sonorenses, se encontraba el general Gabriel Barrios Cabrera, en quien confiaba don Venustiano, sabiendo que tenía un ejército integrado por mil hombres para protegerlo.

La columna ya no contaba con nada de tropa, los integrantes ahora eran puros generales, jefes y oficiales, y cada uno se atendía solo, es decir daba agua y forraje a su caballo, además de limpiarlo y ensillarlo, así eran las inclemencias del momento.

Por su parte, don Venustiano, llevaba como siempre y casi toda la vida a su fiel caballerango, Secundino Reyes, así como un par de fortachones campesinos originarios de Ocampo, ya mayores pero que tampoco jamás abandonaron al Primer Jefe.


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