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hace 4 semanas
[Deportes]

Cobra un significado; más que una carrera

La 21K Tele Saltillo se convirtió en una prueba de alto rendimiento, sin embargo, eso no detuvo los sueños de los participantes

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Cobra un significado; más que una carrera
Saltillo, Coah.- Correr es un acto de resiliencia al que se adaptan muchos factores, entre ellos un cuerpo que va a querer detenerse a probar descanso y una mente que tiene que evitarlo.

Cada carrera sea corta o larga es una prueba para los corredores y una lista larga de anécdotas e imágenes que se quedan grabadas no solo en los participantes sino también en sus familias y el público que la sigue.

La 21K Corre con Sentido no fue la excepción y el domingo pasado dejó muchos significados nuevos de lo que es correr.

Correr fue una cita con la vida a las 7:30 de la mañana un domingo en el que todos los participantes sabíamos que si llovía, hacía mucho calor o comenzaban a caer relámpagos del cielo, de todas maneras íbamos a correr.

Correr fue dejar el primer lugar de arranque en la meta a los compañeros con discapacidad motriz para que tuvieran 10 segundos de ventaja y poder encontrarlos en el camino para animarlos a seguir.

Correr es un acto de igualdad pura en el que poco importan las marcas de los tenis, la playera, el short o los audífonos, realmente solo tenemos nuestros cuerpos y su capacidad para resistir la prueba.

Correr fue el señor que se lastimó el pie izquierdo en el primer kilómetro por un mal calentamiento, y comenzó a dar brincos de dolor e impotencia porque no quería abandonar la carrera pese a lo peligroso que era para su cuerpo seguir avanzando.

Correr fueron también los elementos de tránsito que detuvieron a los vehículos en los cruceros para que los corredores pudiéramos seguir, nos veían dando crédito al esfuerzo, y a veces soportando la molestia de los automovilistas que querían llegar rápido a su destino y no entienden lo que significa correr.

Correr fueron los automovilistas que sí entendieron y sonaban rítmicamente el claxon para animar a los corredores que pasaban frente a ellos.

Correr fueron los participantes vestidos de luchadores y el Spiderman que nos hizo creer que podemos competir contra un súper héroe en las calles de la ciudad.

“Yo por ejemplo, corrí porque tengo 62 años y quiero demostrar que la edad no importa cuando se tiene constancia y entrenamiento. Los viejos de ahora estamos lejos de la muerte”, me dijo un hombre con poco cabello cuando le pregunté sobre su lucha interna.

Correr es haber tenido cáncer y volver a sentir tu cuerpo dándolo todo sobre el asfalto, es haber estado en una cama de hospital, es haber recibido un diagnóstico adverso, duro, impactante y haberlo vencido para correr, es también una manda y una entrega, un sacrificio por alguien. Es el recuerdo del hijo que corría y ya no está en esta tierra y ahora corre el padre por él. Es el amigo que te contagió hace un tiempo de su espíritu de corredor y ahora ahí estás, avanzando junto a él.

Correr es el señor que me rebasó en el kilómetro 5 del medio maratón y me grito sonriendo: “joven, ya lo alcanzó la edad y la experiencia”. No pude más que devolverle la sonrisa.
Correr fue escuchar el galope de un grupo de amigos entrenados desde hace mucho tiempo que amenazaban con rebasar. Y fue también escuchar el jadeo de Nydia y la otra chica que iba pidiendo agua porque se le complicó como a muchos la segunda mitad de la ruta.

Correr fue ver a gente detenerse para darse un respiro y escuchar a los que les gritaban: “vamos a paso corto, pero no pares”. También ver a los que mostraban los dientes y apretaban la cara en señal de su esfuerzo.

Correr fueron los chicos que surtieron de agua y bebidas hidratantes a los cientos de competidores. Y también los trabajadores que recogieron las bolsas de plástico donde venían esas bebidas. Gracias.

Correr fue el abuelito del kilómetro 20 que estaba sentado afuera de un OXXO y que al verme pasar cansado se paró y me gritó: “hay miles que ni siquiera lo intentaron, tú ya estás aquí, ¡vamos, vamos!”, y con sus palabras me dio la energía para seguir.

Correr fue la mujer que abrazó al chico que se lesionó la pierna casi al cierre de la competencia y lo ayudó a terminar. Llegaron juntos a la meta.

Correr fue también eso: llegar a la meta cada quien a su propia manera, con los puños levantados, persignándose, bailando, sonriendo, jadeando, gritando el nombre de a quien le dedicaron su esfuerzo. Correr es un acto de amor.


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