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[Arte]

Crea el artista argentino Claudio Roncoli dos piezas para el Museo del Desierto

El artista regresa a pintar la cueva primitiva

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Crea el artista argentino Claudio Roncoli dos piezas para el Museo del Desierto
Foto: Zócalo | Martín Balandrán / Cortesía Claudio Roncoli
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Saltillo, Coah.- “Lo que ha hecho este virus es que nos ha regresado a las cuevas, a lo anterior”, apunta Claudio Roncoli. “Y creo que no hay mejor lugar para que me haya agarrado que en el Museo del Desierto, porque aquí estamos en contacto con el pasado”, agrega sobre su estancia artística en el recinto cultural en el que trabaja dos proyectos artísticos.

Nacido en Buenos Aires, Argentina y habitante de Miami, en Estados Unidos, el ilustrador tiene una relación especial con la capital coahuilense. Desde hace 15 años ha caminado sus calles y ha conocido a los creadores que están aquí y, ahora, como dice él: “me agarró en un hecho histórico, además de pasar mi cumpleaños trabajando en el Museo del Desierto”.

Ese es el contexto en el que habla sobre The Empty Project (El Proyecto Vacío), dos creaciones que buscan “establecer un balance” para la vida, pero más que nada observar que “todas las personas tienen un vacío y necesitan estímulos exteriores para llenarlo. Este vacío puede ser existencial, de amor o amistad pero todos tenemos uno”.

La primera de estas obras es un mural enorme que se hará con objetos reciclados y en el que participarán artistas locales, el segundo es un vocho destartalado que recobrará su vida como otra cosa: un jardín de cactus andante.



Consumo desmedido

A Roncoli se le conoce principalmente por su trabajo pop: ilustrador de carátulas de discos que le ha hecho ganar dos Grammy. Sus murales en Nueva York, Miami y Buenos Aires, además de ser ilustrador invitado en revistas como Rolling Stone y Playboy.

Ese alimentarse de una sociedad de consumo es lo que ha conformado su discurso reciente: volver a lo natural, a lo comunitario y a la cultura..., o al menos a tener un contacto más conciente del entorno, alejado de esa mirada social en la que prima el consumo.

“Hoy en día las ciudades se arman desde un núcleo comercial y no cultural. Antes estaban las plazas, bibliotecas y escuelas, ahora todo es a través de un McDonalds, Ihop o Starbucks. Así que si quieres sociabilizar con alguien, te ves obligado a consumir, cuando antes era de otra manera.


“La evolución del hombre, y la creación de su vacío, tiene que ver con máquinas o una cuestión artificial. Por eso me pareció interesante desarrollar este proyecto aquí: un lugar que muestra cómo evolucionó el hombre y, quizá, mostrar que no evolucionó tanto como parece, solo lo hizo en unas cosas y no en otras”, apuntó Roncoli a Zócalo en entrevista.


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EMPTY PROJECT / #mexico #newyork #art

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Para el diseñador ese avance que ha tenido el ser humano se ha convertido, a la vez, en un lastre. Carga que está encima de todos y que agacha el cuello hacia las pantallas.

“El internet no es malo, es una herramienta, pero como en todo, el fanatismo no está bien. Es mala porque no nos deja leer un libro, pasamos la noche viendo Netflix, y es buena porque nos comunica con todo el mundo.


“No debemos ser dependientes de la tecnología, por eso el vocho con las plantas me parece una idea interesante. El metal con la naturaleza habla sobre equilibrio, eso es lo que necesitamos y es lo que siempre ha cruzado mi obra. Para mí ser fanático de algo es buscar afuera algo que llene lo que te falta dentro”, reflexionó.


Sistema mesura

Aún así, Roncoli sabe que el dinero mueve al mundo. Para el argentino el papel moneda “es una de las cosas más hermosas que creó el ser humano pero, como en todo, hay que mesurarse. El dinero es una herramienta más, lo verdaderamente relevante es quién lo utiliza y cómo. Porque yo, tú y AMLO estamos en el sistema y no podemos salir de él, pero sí podemos hacer cosas buenas a partir de él”.


Si la instalación del vocho y las plantas habla sobre el equilibrio entre naturaleza y artificio, el mural explora la otra parte de Roncoli: la pasión por la creatividad, la explosión de colores y formas. El amor por lo pop y el concepto.

Dividido en tres partes, la gigantesca pintura muestra un cráneo de tiranosaurio rex, seguido del rostro de un felino que grita “vida”, y termina con otra calavera que exhibe colmillos enormes, los de un tigre dientes de sable. En colores amarillos, verdes, rojos, azules y negros, el mural se transforma en un viaje sicodélico como el que ofrece el peyote.



“El arte es lo que quería hacer y lo quería porque es mágico. No es una profesión que tenga final: sé que no tendré jubilación, vacaciones ni aguinaldo, es estar dale, dale y dale. A mí lo que me interesa es explorar mi identidad. Voltear atrás y mirar cómo alimentarme de ese mundo pop, de los libros que he leído, las películas que he visto y todo lo que he hecho, ha conformado mi identidad”, finalizó el ilustrador.


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