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Procesos de la Noche, crónica del horror

‘El caso Ayotzinapa tiene dos caras: una es la de los desaparecidos, otra es la de los ejecutados’, afirma Diana del Ángel.

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Procesos de la Noche, crónica del horror
Monterrey, Nuevo León “El caso Ayotzinapa tiene dos caras: una es la de los desaparecidos, otra es la de los ejecutados”, afirma Diana del Ángel.

El 2 de noviembre de 2014 la escritora conoció de primera mano el caso de Julio César Mondragón, un estudiante normalista de Ayotzinapa cuyo cuerpo fue abandonado en una calle de Iguala. La poeta acompañaba a la activista y abogada Sayuri Herrera, que asesoraba a la familia del joven, cuando ese Día de los Muertos, ante el altar dedicado al hombre de 23 años, le pidieron un poema para Julio.

A botepronto, Diana respondió afirmativamente. Pero “a la mera hora, lo que salió fue la crónica”, relata en entrevista con Zócalo.

“Antes no escribía crónica, yo hacía poesía. Ante la necesidad de este caso fue que me puse a escribir este género. Fue un cambio muy drástico. Me sentí bien escribiéndola, me pareció que era el registro idóneo para dar cuenta de esto que estaba pasando. El efecto que ese cambio implicó en mi vida y mi escritura todavía está por verse, aún lo estoy procesando”, reconoce.

Reunir testimonios

Después del primer encuentro con la familia Mondragón, la también activista decidió que tenía que continuar registrando el caso de Julio.

“Me comprometí mucho con la historia. Iba a las diligencias, estudiaba informes sobre torturas, la ley de víctimas y demás”, recuerda la autora de Procesos de la Noche (Almadía, 2017), libro que recopila las crónicas que Diana escribió sobre el suceso de Mondragón.

“El hecho Ayotzinapa sí es paradigmático y Julio es una cara de él. Creo que si no se resuelve un caso no se puede saber de lo otro. Se tiene que trabajar en conjunto”, expone sobre la desaparición de los 43 estudiantes normalistas acaecido en septiembre de 2014, hecho que conmocionó a México y que aún no ha sido resuelto satisfactoriamente.

“Desde luego ha sido muy duro documentar un caso como el de Julio, ver todo el dolor que implica para la familia y en general para la sociedad. Vivir en una sociedad que admite ese tipo de ejecuciones y de tortura es algo doloroso, pero también hay una parte muy luminosa a raíz del libro que tiene que ver con el diálogo que se ha podido establecer a partir de él.

“A mí me ha dado mucho gusto la invitación de los estudiantes del Tec de Monterrey (en el Congreso Vox Orbis que se realizó el viernes pasado). A principios de año estuve en la UAM, también en la UNAM y en la UACM. Este diálogo que suscita el libro sobre el miedo, el dolor o la esperanza, creo que es satisfactorio y algo que no esperaba que se fuera a dar. Además el libro provoca que otras personas quieran hablar de los temas que tienen que ver con la violencia”, apunta la cronista sobre la obra que se presentó en la Feria Universitaria del Libro UANLeer.

En 2016 Diana obtuvo la residencia Ventura, en Oaxaca, lo que le permitió armar el libro con lo que había visto, pero también con los testimonios de la familia.

“Empecé a escribir la primera crónica un poco como agradecimiento por la hospitalidad que había tenido la familia con nosotros el día que fuimos a visitarla. Después escribí la otra crónica pensando en que la gente casi no conoce cómo es ir a un juzgado. Así fui escribiendo las crónicas de una en una y, cuando ya iba avanzada, me di cuenta de que tenía un libro.

“Tuve la fortuna de tener la residencia en Oaxaca y digamos que ahí ya tenía conciencia de que iba a hacer el libro, pero en ese momento todavía no integraba los testimonios. Hasta que lo tuve hecho, fue que vi intercalados los rostros y las crónicas, me di cuenta de que sólo así tenía sentido. Por un lado quise hablar con los textos de lo que es todo el proceso jurídico-forense de un cuerpo, pero también, por otro lado, mostrar a un Julio vivo, que se ve a través de las palabras de quienes lo conocieron”, plantea.

Laberinto esquizofrénico

Diana describe el tortuoso laberinto que es el sistema judicial mexicano, así como las expectativas y desesperanzas de la familia de Julio, quien dejó en la orfandad a una hija pequeña. Un proceso que fue “medio esquizofrénico”.

“A ratos había mucho entusiasmo, expectativas positivas de que todo iba a salir bien. Y al otro momento todo era desesperanzador. Era una labor en la que no dejabas de tener adrenalina porque cuando al final entregabas todo, después llegaba una llamada en la que decían que se había presentado mal un documento y se tenía que volver a hacer todo desde el principio. Es como un constante ir y venir entre la esperanza y la desesperanza. Es también no dejarte vencer y tampoco confiarte. Es medio esquizofrénico todo”.

La escritora señala que hay muchas maneras en las que se pueden violar los derechos humanos, y en Ayotzinapa pasaron todas. Es terrible, pero es verdad que el caso Ayotzinapa es un objeto de estudio, refiere.

“Creo que casos como el de Julio hay todos los días, con el mismo grado de impunidad y de violencia, pero que no han tenido la atención que sí generó el caso de Ayotzinapa.

“Creo que hay una vinculación muy clara entre la crónica y la denuncia de hechos. Veo que otros cronistas están documentando otros casos. Es cierto que no podemos darle una solución, no podemos explicarlo, sólo podemos decir esto está pasando para que otros después puedan entenderlo”, concluye.

A leer

- Procesos de la Noche De Diana del Ángel Almadía, 2017

- 210 páginas

- 183 pesos




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