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hace 2 meses
[Saltillo]

Damián vence al cáncer, da el primer campanazo en el Hospital del Niño

El pequeño de 7 años estuvo casi 4 años en tratamiento contra la leucemia

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Damián vence al cáncer, da el primer campanazo en el Hospital del Niño
Foto: Zócalo | Homero Sánchez
Saltillo, Coah.- Al final de un pasillo con amplios ventanales que dan a los jardines internos del sanatorio, las autoridades de salubridad colocaron una campana dorada que denominaron “campana de la victoria”.

Era un día fresco y lluvioso el 4 de septiembre. La luz blanca y tenue que entraba al Hospital del Niño Federico Gómez Santos, iluminaba la reunión protocolaria para inaugurar la campana.

El ambiente era el de una fiesta moderada porque no dejaba de ser un hospital con sus pacientes y los familiares que esperan en las salas un diagnóstico, el resultado de los análisis clínicos o un chequeo médico.

En noviembre de 2015, Damián Dávila Siller, quien ahora tiene 7 años, y sus padres Marisela y Leobardo, estaban en las mismas circunstancias, esperando los resultados que dieron positivos al cáncer de células productoras de sangre, mejor conocido como
leucemia.

Por esas fechas la familia preparaba la fiesta de 15 años de una de los cuatro hijos que procrearon, y tuvieron que cancelarla en solidaridad con el niño que entonces no tenía ni 5 años cumplidos.

Tras la noticia vino el desconcierto provocado por la poca información que hasta entonces tenía la familia sobre la enfermedad, así como el miedo y el dolor que siembra lo inexplicable: ¿cómo podrá un niño combatir una enfermedad tan potente?

Antes de llegar al hospital infantil, Damián sufrió los síntomas de una leucemia agresiva: infecciones y fiebres continuas, fatiga y pérdida de peso. Por lo que fue sometido rápidamente a un tratamiento igual de combativo para detener el cáncer.

Cada semana, entre miércoles y jueves, el pequeño recibía las inyecciones de quimioterapia en las instalaciones del sanatorio, a veces le aplicaban el tratamiento por los glúteos y otras ocasiones en el pecho.

La rutina médica la repitieron durante 120 ocasiones hasta que los análisis clínicos demostraron que el cáncer estaba completamente erradicado del cuerpo de Damián.

Su madre, que hasta entonces era un ama de casa ocupada en la crianza de sus hijos; y su padre, que se dedica a manejar un camión para proveer a su familia, tuvieron que luchar paralelamente contra los prejuicios del cáncer y su relación con la muerte.

Testimonio de otros pacientes

Mientras Damián recibía las quimioterapias, ellos conversaban con otros padres o atestiguaban cómo se apagan las vidas de otros niños que no resistieron los tratamientos.
La tortura psicológica infligida por la enfermedad contra la familia se intensificaba cada que el niño entraba en crisis a cualquier hora del día: fiebres, infecciones y molestias en varias partes del cuerpo.

El desgaste físico y mental terminó el 1 de agosto del 2019, 44 meses después del diagnóstico que les cambió la vida durante todo ese tiempo en el que hacer las actividades más cotidianas como dormir tranquilos, comer con hambre o reír con plenitud eran pequeños logros de una larga carrera.

Este mediodía de septiembre llegaron a la meta y Damián junto con su familia lo anunciaron haciendo sonar la campana al final del pasillo iluminado del hospital infantil. La primera ocasión que los pequeños pacientes en cama escucharon esta campana estridente sonar.

Hubo aplausos para Damián, abrazos, felicitaciones, besos, caricias en las mejillas y el cabello, calificativos de valiente y campeón, y la esperanza de que atrás de él se forme una larga fila de niños sanos sonando la campana donada por una fundación.

Al terminar la ceremonia, los trabajadores que acompañaron a Damián durante su tratamiento, volvieron a sus responsabilidades porque si bien ya se dio el campanazo de la vida, no pueden bajar la guardia porque todavía hay quienes están a mitad de la lucha.

El pequeño Damián volverá a su escuela y las actividades que suspendió para concentrarse en la lucha contra el cáncer. Y aunque es de pocas palabras, a sus padres les dice, cada que le da miedo o vuelven las pesadillas y el fantasma de la enfermedad, que no quiere retroceder jamás.


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