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[FILC 2019]

Del libro al cine: Las niñas bien ahora son ‘fifís’

Guadalupe Loaeza comparte lo que significan para ella los personajes sobre los que ha escrito durante gran parte de su vida

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Del libro al cine: Las niñas bien ahora son ‘fifís’
La escritora comenzó a escribir sobre las “niñas bien” en la década de los 70, en el periódico Unomásuno.
Saltillo, Coah.- El primer texto que se publicó de Las Niñas Bien fue en enero de 1983, en las páginas del legendario Unomásuno. Una joven Guadalupe Loaeza, que hacía sus pininos en el periodismo, decidió que las crónicas y relatos sobre su círculo cercano de amigas podrían ser un retrato cómico e interesante de la clase alta mexicana. Y no se equivocó.

A 35 años de su primera aparición en las letras mexicanas, estas niñas bien siguen muy vigentes. Prueba de ello es la película homónima que, dirigida por Alejandra Márquez, se estrenó con mucho éxito hace unas semanas en las salas de cine nacionales.

Hoy, Guadalupe Loaeza estará en la Feria Internacional del Libro Coahuila 2019 para presentar el libro editado por Océano y que escribió inspirado en el filme protagonizado por Ilse Salas.

-¿Se podría decir que con Las Niñas Bien comenzó su trayectoria como escritora?

“Empecé hace muchos años, desde los 70. En el 75 estuve en La Casa del Lago tomando cursos de literatura y luego tomé el taller de Elena Poniatowska, donde estuve como dos años. En ese inter empecé a escribir textos esporádicos en el Unomásuno, donde Mario Granados Chapas era el subidirector. A él le llamo la atención lo que escribí sobre las niñas bien y lo publicó en 1983. Nunca me imaginé que eso iba a llamarles la atención porque era un periódico de oposición, en el que se manejaba otro tipo de temas. De ahí que este libro que escribí a propósito de la película esté dedicado a Granados Chapa, porque él creyó en mí”.

-¿Considera que las niñas bien evolucionaron con las transformaciones que ha vivido el país en las últimas décadas?

“No han cambiado mucho, lo que ha cambiado es su título: ahora son fifís. Esas niñas bien son las que asistieron a la marcha del domingo (el pasado 5 de mayo en Paseo de la Reforma), son las que dicen que quienes votaron por López Obrador no tienen cerebro. Está comprobado que siguen igual”.

-Pero México sí ha cambiado, cómo se ve esta nueva realidad –que incluye a Andrés Manuel López Obrador como Presidente– a través de la mirada de las niñas bien?

“Respecto a la mujer, en general, sí hay un cambio en cuanto a sus derechos, la libertad de expresión, su capacidad de denuncia. Todas estas mujeres emporadas sí han evolucionado, hablo en general, sin categorías sociales. La sociedad mexicana sí ha cambiado, lo que se llama ahora la sociedad civil, es mucho más participativa, denuncia, está mejor informada. En ese sentido, sí ha cambiado México desde los 80 hasta ahora.

“El caso es que ganó López Obrador, imagínese si no ha cambiado México. Más de 30 millones de ciudadanos votaron por otro régimen a raíz de la decepción de los otros dos partidos. Las niñas bien tienen tantos atavismos que si bien han cambiado en algunos aspectos, en otros no han cambiado nada. Son de las que le dicen López al Presidente y sostienen que es su empleado, que le pagan mensualmente. Al escuchar argumentos así supe que las niñas bien no habían cambiado. Tienen 65 años y siguen diciendo las mismas cosas que cuando yo me ocupé de ellas en el 83”.

-¿Cómo conviven estas niñas bien, que les preocupa tanto el pedigrí familiar y las convenciones, con las mujeres que se suscriben al #MeToo o que marchan a favor del aborto?

“Creo que sí saben convivir, lo que pasa es que son atavismos. Esas niñas bien, de las que hablo, son el resultado de la educación y de un país que sigue siendo racista y clasista. Son básicamente racistas y clasistas, esas no han cambiado. Lo que pasa es que ahora se preguntan y se dan cuenta de que ellas son racistas y clasistas, y aunque no les importa ya se dieron cuenta.

“Ellas viven como si estuvieran eternamente en vacaciones, pero ahora la realidad les ha dado un espejo y saben qué tipo de personas son, pero les vale. Es como si sus almas estuvieran tatuadas con estos conceptos, prejuicios y tabúes.

Ellas sí razonan, dicen 'es cierto, México necesita un cambio, el cáncer de la corrupción nos está carcomiendo'. Están seguras de todo eso, pero les cuesta mucho trabajo cambiar el chip”.

-¿Cómo fue la ver Las Niñas Bien en el cine y retomar a estos personajes de los 80 para dar forma a otro libro?

“Para mí fue una gratificación enorme, me parece muy atinado por parte del productor, de la directora Alejandra Márquez, que salga ahorita el tema. Estamos viviendo la misma circunstancia, la misma división social. Estamos viviendo como en el 82, durante la nacionalización de la banca. La sociedad mexicana tiene esta lucha subterránea de clases, es hipócrita, tiene muchos prejuicios, etcétera. Me parece muy oportuna esta película, sobre todo después de la derrota, porque es lo contrario de ella.

“Debo reconocer que la versión de Alejandra Márquez me gustó muchísimo. Sofía aparece más reflexiva, alerta y analítica que mi Sofía de los 80 y 90 que es frívola, materialista y consumista. Ahora la vemos diferente con la actuación extraordinaria de Ilse Salas, es una Sofía más adulta. La directora le dio una vuelta de tuerca a las niñas bien y podríamos decir que Sofía es la conciencia de todas ellas.

“La película, que tiene 14 nominaciones a los Premios Ariel, me parece muy lograda en todos los sentidos: la escenografía, el vestuario, la fotografía. Rescataron la época y la película no 'chafea' en ningún momento, todo lo contrario. Lo que vemos de la niñas bien corresponde a la realidad, así eran con esos coches de lujo, el club, los atuendos que usan para jugar al tenis. Todo es muy fiel a mi imagen de esas niñas bien. Las actuaciones son muy buenas, Ana Paula está increíble. Me gustó todo, lo digo con sinceridad.

-¿Qué significan las niñas bien para Guadalupe Loaeza, tanto a nivel personal como en la escritura?

“A mí me dio mucho gusto la película, porque es una manera de avalar mi trabajo. Llevo escribiendo como 38 años, entonces es como un premio. Me digo: todo lo que escribí no era tan inútil.

“Otros relatos míos ya se han llevado a la pantalla grande: Miroslava, dirigida por Alejandro Pelayo con el guion de Vicente Leñero, y Paty Chula con la dirección de Francisco Murguía.

“La escritura para mí es muy importante, por los puentes que se pueden tender. Qué haríamos sin la literatura, sin el lenguaje, en un mundo tan caótico. La literatura es fundamental para conocernos más, para entender el mundo, para perdonarnos y perdonar al otro”.




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