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hace 1 mes
[Saltillo]

Desentierran ‘amorosos’ las traiciones sin olvido

Revelan historias y las cicatrices del corazón con momentos de desamor

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Desentierran ‘amorosos’ las traiciones sin olvido
Foto: Zócalo | Staff
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Saltillo, Coah.- Amores prohibidos y pasajeros. Divorcios y separaciones. Traiciones, engaños e infidelidad. Decenas de transeúntes doblan la esquina para evadir la frase de “cuéntame tu historia de amor o desamor”, que sostiene un cartel al aire, negándose a recordar las llamas de fuego que iniciaron un amor, hoy convertido en cenizas y un forzoso olvido para seguir adelante.

“No, porque lloro”, “Necesitaría un tequila”, “Nombre, soy divorciado”, contestan los saltillenses ante la invitación para compartir su historia de amor y continúan su camino.

Todas las historias de este ejercicio periodístico, escuchadas en una banca sobre la calle Victoria, terminaron por desvanecer las ilusiones, matar la confianza o perder la esperanza de encontrar el amor verdadero.


Reconstruirse tras la infidelidad

Moraima Rodríguez, de 38 años, conoció a su esposo en una fonda cuando él trabajaba en una construcción. “Llegaba a almorzar, nos conocimos y nos hicimos novios”. Así construyeron un matrimonio durante 13 años, la edad de su hija.

Siempre me esmeré por echarle su lonche cuando se iba a las 4 de la mañana a la fábrica, por tenerle sus frijolitos, plancharle su ropa, cuidar a los niña y trabajar para ayudarle, recuerda Moraima.


De pronto su trato comenzó a cambiar. Nada de lo que siempre hacía le gustaba y de todo se quejaba, “(se la pasaba) echándome la culpa de que yo no hacía bien las cosas”, asegura Moraima, quien una mañana lo siguió para encontrarlo en su propio auto con una mujer sobre las piernas. “Él con todo de fuera”.

“Es lo peor que puedes sentir después de tantos años, me daban ganas de bajarla a ella de la greña y a él, agarrarlo a palos. Pero me di la media vuelta”, recuerda sin reservas al describir el momento en que su enojo estuvo a punto de nublarle la cordura.

Pero su “orgullo de mujer” la salvó de meterse en más líos. Se divorciaron. Le quitó todo y no le permitió volver aunque estuviera arrepentido. Investigó a la mujer con la que “le puso el cuerno”.

“Está casada, con hijos y todo. Pone en el ‘feis’ que ama a su familia, pero bien que se echaba a mi exmarido”, comenta la mujer que sin tomar algún tipo de terapia o acompañamiento, logró dejar atrás a la depresión y la “tomadera” que la desviaron los primeros meses de ver que el amor estaba junto a ella con lo más importante en su vida.

Mejor me dedico a mis hijos, ellos ya saben todo lo que pasó, ellos mismos me dijeron que ya le bajara de andar de teporocha y me recuperé pronto, ya no busco el amor, el amor no existe, dice la mujer convertida en jefa de familia.


Es un dolor hasta el alma, no nada más al corazón, se siente uno lo peor del mundo y la más idiota de haber servido a alguien que no tuvo madre”, dice ante una historia de amor a la que puso fin con la firma de un divorció hace apenas un año, decidida a continuar su reconstrucción como madre y mujer.



Un retorno que no llegará

La traición también le rasgó el corazón a Luis Roberto, de 22 años, cuando su novia, con quien comenzó a salir desde los 15 años, “culpó a la química” de que el amor se terminara, aunque pocos días después de romper con Luis Roberto, su exnovia saliera con alguien más.

La conocí en unos XV´s y quedé maravillado. Era la más bonita de todas, no la volví a ver hasta que me la topé en una fiesta patronal meses después y como nos gustábamos, nos robamos besos, todo fue muy rápido, tan rápido como acabó, dice Luis Roberto, hoy con el corazón roto.


El joven asegura estar dispuesto a encontrar a alguien más que reciba sus rosas azules y quiera acompañarlo de nuevo al cine, a caminar y reírse hasta sentirse una vez más enamorado.

Ha pasado los dos últimos años penando por la mujer que asegura, era el amor de su vida.



Aunque en el fondo, al igual que Ana, de 48 años, todavía cree que puedan regresar. Ana cortó con su novia, 20 años menor que ella, hace apenas 15 días. Habían planeado una cena romántica para este 14 de febrero.

Ana y María se conocieron en la fábrica donde trabajaban, ambas tenían parejas varones pero cupido las flechó con un amor intenso, pasional, pleno, prohibido, casi un amor de telenovela.

Enfrentaron a sus familias, Ana a sus hijos, ambas la discriminación social, los especulaciones a su espalda en el trabajo. “Nos amábamos, vivimos juntas y nos casaríamos”.

Pero una noche, María llegó a las 3 de la mañana, se bajó de un auto colgada del cuello de un hombre con sus brazos. Borracha, besó a aquel tipo que la dejó en la puerta donde Ana le reclamó haberse desaparecido sin avisar. Tras dos años de relación, terminaron justo antes de celebrar al amor.



Hasta el momento de esa mañana en que solo unos cuantos se acercaron para contar su historia de amor y desamor, este sentimiento había traído una balanza de satisfacciones equivalente al dolor que provocó su despedida de esa gran experiencia, a la que llamaron noviazgo o matrimonio como un signo imaginario de amor eterno y verdadero.

Sin embargo, el título de la relación o su compromiso frente a un altar, la prueba de amor o hasta la más mínima demostración de lealtad no era equivalente a ser amado de por vida.

Ignoraron la posibilidad de que se esfumara, terminara, de que ese gran amor los traicionara. Hasta ahora lo reconocen.


Volver a comenzar

Al menos Ana, Luis Roberto y Moraima encontraron, dentro de ese mar de desesperanza, de daño irreparable, de la voluntad quebrantada con una llamada de madrugada o su resistencia desfallecida pidiendo un último beso, un fragmento de su dignidad.

En medio del duelo y la depresión, hay un nuevo comienzo, una ligera esperanza de volver a empezar, quizá ya no buscando el amor para siempre, el amor de mi vida, sino un amor que ignoré por tanto tiempo pensando que era él siempre primero, dice Moraima al resignificar como clave “el amor a uno mismo”.


Empecé a ver que no era tan feo como me sentía, que podría aspirar a una carrera o un mejor empleo, que si gano algo esta vez es para mí y hasta me hice más camarada de mi mamá, comenta Luis Roberto, quien no pierde la esperanza de encontrar al amor, pero con una versión mejorada a la historia que vivió durante cinco años y que hoy le deja una cicatriz.


Para Ana, el duelo continúa.Ahora me doy cuenta de por qué mensajeaba tan noche, porque llegaba tarde sin decir en dónde estaba, por qué ya no me abrazaba ni besaba, pero también por qué me trataba mal, incluso llegó a pegarme, dice la mujer que deshilvana los malos ratos para desintoxicarse, aclarar sus sentimientos para alcanzar el cierre.


“Yo no era quien estaba fallando, sino que ella no sabía cómo decirme que ya no me quería, si hubiera sido sincera la habría reconquistado o quizá dejado ir, porque siempre estuve consciente de las diferencia de edad”, asegura Ana.


Una nueva forma de enamorarse

Dos últimas chicas se sientan después de otro rato de ver cómo las personas se cruzaban de calle o apresuraban el paso ignorando la invitación a contar su historia. Son dos jovencitas de 13 años, con una historia similar, con ganas de decirle al barrio, a sus amigas y hasta a las jovencitas con las que se “bronquearon” que nunca tuvieron la intención de robarles el novio.

“Él y yo éramos amigos, me contaba por qué se peleaba con su novia, que era mi amiga, y comenzamos a andar ya cuando habían cortado”, asegura Odalys, quien describe a su novio de 17 años como un chico apuesto, sincero y atento, aunque hace una semana que no le contesta las llamadas ni el celular.


Bettzy, también adolescente, pasó por la misma historia, pero el final es diferente, porque se dio cuenta de que ese jovencito de 16 que la enamoró después de “acostarse con su amiga” no era de fiar.

Si me enamoré, sí lo quería, él hacía todas las cosas que hacen los chicos para enamorarte, pero quería todavía más a mi amiga y aunque no le creí cuando me dijo que él sólo la había usado, supe que era verdad, cuenta apenada la jovencita sin más detalles.


Me alejé de él y mejor me enfoqué en la escuela. Ya no quiero saber de novios por un tiempo, al menos hasta la universidad, dice.

El amor no es dolor, el amor es felicidad, el amor es paz, si se acaba, la sinceridad es el escudo, porque aunque duela, te protege de traiciones peores. El amor no es malo, somos nosotros que confundimos amor con necesidad, amor con ilusión, amor con apego. Y aún con desamor, siempre vienen cosas mejores si aprendemos de esa experiencia, eso no lo dice nadie en la calle, lo dice mi abuelita mientras me sirve un caldito de pollo.


Me miró extraña cuando llegué a su casa para ver de cerca la fotografía de su boda con mi abuelo, con quien se casó a sus 17 años, cuando él cumplía sus 30. Mantuvieron un matrimonio de 50 años hasta que la muerte los separó, educaron nueve hijos y les dieron estudio. Vivieron en una casa grande y formaron una familia, donde si te sales de casa es “vestida de blanco”, pero convencida de que en ese amor ambos se merecen.



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