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hace cerca de 9 meses
[Saltillo]

Diez años sin Elisa; homicidio impune

Testimonio de una madre saltillense

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Diez años sin Elisa; homicidio impune
Saltillo, Coah.- Diez años, un libro, seis nietos; llorar junto a las madres de los desaparecidos se convirtió en su propio grito.

Rosa de Guadalupe “Tita” Gutiérrez, sin justicia como ellas, no deja al cielo el conseguir la paz y sigue el reclamo a las autoridades de tres naciones: México, Canadá y Filipinas.

No hay 30 grados bajo cero ni una gruesa capa de nieve bordeando cada calle, no hay autos con cadenas en las ruedas, ni es Thunder Bay, a 3 mil kilómetros de Saltillo; esta vez Tita Gutiérrez no acaba de llegar a casa con las cenizas de su hija en una urna, ni “Tuto”, su gato, ronronea a su alrededor en la sala.

Ahora está en Saltillo, abogada y profesora jubilada, llevó a Dan, su compañero de vida, al templo y está a la espera de la visita de sus hijas y sus nietos, seis desde que Eli se fuera; pero no se fue. Murió dice, y así hay que pronunciarlo.

“Se detienen los relojes, el factor tiempo es muy relativo, puedo decir que fue hace 10 años o la semana pasada. En cada momento del día no hay un instante en que no te acuerdes de ella. Estoy consciente de que el tiempo ha pasado; cada 23 de diciembre es un año más de su muerte”.

“No es partida, no es un llamado, es muerte; es un renacer de nuevo para ella. Creo en la vida eterna, pero de cualquier manera el dolor, las vivencias, el desprendimiento como humanos está presente. Está en paz”.

Y a 10 años, lo único que no llega es la justicia.

“No he cesado de buscarla, porque aun creyendo que existe la justicia divina, a mí no me corresponde. Hago lo propio como ser humano, como una madre que sabe lo que pasó. Que la asesinaron terriblemente con tortura, con todas las agravantes habidas y por haber, fue una crueldad y es mi obligación moral buscar la justicia por ella misma, por justificar que el derecho existe”.

“No todo es malo, fueron a Filipinas, investigaron y uno de los agentes de la PGR me contaba todo lo que había pasado y me dijo: ‘¿Cómo, señora, cómo esta niña estaba en ese ambiente? Y fue como sal en la herida”.

“Yo no pude haber impedido que ella se fuera, fue su propósito, era libre de viajar, de superarse, de seguir sus sueños en esa carrera que le apasionaba”.

Para Tita Gutiérrez no existe el destino, pero si muchas coincidencias que la hacen pensar que todos tenemos un final marcado desde el momento en que nacemos y cuando morimos.

“Está en el código genético, y eso es una parte de consuelo, en lugar de decir que por qué no impedí que se fuera. Si empezamos a buscar causas, nunca vamos a acabar, todo se vale, menos culparse”.


LA DESAPARICIÓN

El 23 de diciembre de 2008, Eli dejó de comunicarse con su madre. Lo último que le escribió era que esperaba regresar y que estaba pensando qué vestido elegir para la cena navideña.

Tres días después, un trabajador “la encontró” ahorcada en una bodega de alimentos, y aunque las versiones de la administración del hotel Fontana Leisure Park & Casino, de la cadena Jomei (cuya sede está en Hong Kong) apuntaban hacia un suicidio, las heridas y sangre en el cuello, estómago, brazos y manos indicaron lo contrario.

Sus hermanas Lucía y Sofía Loyo Gutiérrez reclamaron los restos para trasladarlos a Thunder Bay, provincia de Ontario, Canadá. En Saltillo, la noticia de que la joven, sobrina del entonces director de la Policía Municipal de Saltillo, Héctor Gutiérrez Cabello, había sido asesinada, tocó el corazón de los saltillenses, quienes el día en el que cumpliría años marcharon con velas y ropas blancas por las calles de la ciudad.

Elisa se había graduado del Ateneo Fuente y se fue a vivir a Canadá, donde estudió alta cocina y al graduarse fue seleccionada para laborar como chef en el proyecto del poderoso consorcio turístico de hoteles y casinos Jomei.

A través de Internet o por teléfono se comunicaba frecuentemente con su madre, Rosa de Guadalupe, a quien le platicó de las irregularidades que había detectado, le dijo que no estaría con ellos en Navidad ni Año Nuevo, pero se comprometió a ir a casa a festejar su cumpleaños el 8 de enero.

Nunca llegó.


Fue hasta un mes después de su fallecimiento que sus cenizas llegaron a su casa en Canadá y tiempo después estarían Saltillo.

DESAPARECIDOS

En su libro Tres Océanos, Tita Gutiérrez narraría la pesquisa primero de su hija a tres mares de distancia, y luego, la infructuosa búsqueda de justicia. Las ganancias de su libro fueron donadas a colectivos contra la desa-parición forzada.

“Independientemente de lo que pasó con mi hija, me podían muchísimo esos gritos desesperados. ‘¿Dónde están mis hijos, dónde están?’, era un toque eléctrico. Cuando oía a las madres no podía dejar de llorar, eran víctimas tres veces, de lo que estaba pasando, del ‘en qué andaban tus hijos’”.

Tras su muerte, la cantidad de flores que recibían en su casa en Canadá era excesiva. “Publiqué en el periódico que quienes quisieran donar algo en lugar de flores lo donaran para estudiantes de escasos recursos y el Gobierno lo vio y dobló la cantidad”.

Ahora, cada año, asegura Tita Gutiérrez, tres jóvenes son becados por esos fondos, en una mecánica que, estima, durará 25 años. La edad que tenía Eli al morir.

“Y esa cantidad nació de un detalle, de unas flores que se irían a la basura, de flores que se congelaban en un instante.

“La justicia no sólo está escrita en las leyes, es una manera de encauzar todo lo que era Elisa, la beca se llama Elisa Loyo Gutiérrez y siempre pido que se sepa quién fue y por qué reciben ese dinero”.

Elisa estuvo desaparecida 3 días, 3 meses vivió en Filipinas, la asesinaron un día 23, 3 días después la encontraron. Nació en 1983, fueron tres los autores materiales de su homicidio y ninguno de ellos está en prisión. Aun así, su madre habla de no tener miedo, de ser ciudadanos del mundo y de cómo los jóvenes deben seguir sus sueños.


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