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[Internacional]

Ed Gein, el asesino de las máscaras de piel humana

Edward Theodore Gein estaba obsesionado con su madre

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Ed Gein, el asesino de las máscaras de piel humana
Un eco del nombre de Ed se escuchó, aún | Foto: Especial
Ciudad de México.- La realidad casi siempre supera a la ficción y el cine de terror se apropia, la mayoría de las veces, de personajes siniestros que no pasaron desapercibidos para la justicia, las familias que destrozaron y los jueces que, azorados, los sentenciaron. Uno de ellos fue Ed Gein.

Los personajes centrales de Psicosis, novela de Robert Bloch que en 1960 el gran director Alfred Hitchcock llevó al cine; La Masacre de Texas (1974), del maestro del suspenso Tobe Hooper, y la cuasi interminable saga de Halloween (1978, la primera versión) que iniciara el trágico John Carpenter, tienen en su vida ficticia un viso de realidad dotado por el siniestro personaje que vivió en Estados Unidos a inicios del Siglo XX.



LA HISTORIA DE ED GEIN

Edward Theodore Gein estaba obsesionado con su madre quien, aunque lo trataba de manera cruel, era su única conexión con el mundo real y tangible, el de la moralidad y las costumbres, ese del que, paradójicamente, lo alejaba constantemente.

De niño, vivió en la ciudad de Plainfield, Wisconsin, en Estados Unidos, bajo el yugo de un padre alcohólico que lo golpeaba constantemente y una madre, fanática religiosa, que lo reprimía no dejándolo ir a la escuela y mucho menos hacer amigos. El futuro jamás se vio prometedor.

La familia Gein se dedicaba al campo y a la crianza de cerdos que su propio padre, George, sacrificaba ante la mirada de su vástago quien en ocasiones era requerido para recolectar la sangre y tripas que el cuerpo del animal dejaba esparcidas en el piso del matadero.

Entre sangre, una madre que lo castigaba escaldándolo con agua hirviendo si, por ejemplo, lo sorprendía masturbándose o leyendo algún texto que nada tuviera que ver con las sagradas escrituras; así transcurrió la niñez del pequeño Ed hasta que en 1944 la misteriosa muerte de su hermano Henry cambió todo.



Henry murió bajo circunstancias sospechosas después de que en la propiedad de los Gein se desatara un incendio que, según el testimonio de Ed, él y su hermano trataron de sofocar a cubetadas.

Lo que inquietó a los investigadores que llevaron el caso fue que el cuerpo de Henry se encontraba en un escampado, lejos de los restos que había dejado el incendio y con un golpe en la cabeza. Por sorprendente que parezca nadie sospechó de Ed, quien sólo declaró que su hermano se había desplomado tras inhalar humo.

Se especula, aunque nunca se comprobó, que este fue su primer asesinato de y que el mismo se suscitó después de que Henry se burlara de él por seguir estando, a los 38 años, “bajo las faldas de mamá”.

Ed nunca confesó por este crimen.

MAMÁ MUERE, LA LOCURA SE DESATA

El terror se apoderó de Edward cuando una fría mañana de 1945 encontró el cuerpo de su madre, Augusta, inerte en su alcoba, víctima del cáncer que la consumía desde años atrás.

Allí, con el cuerpo en la habitación, el ya veterano Ed no supo qué hacer y durante días se mantuvo así hasta que el cuerpo de su madre comenzó a desprender olores fétidos.

A los 39 años, sin familia, con una propiedad que no generaba ya nada de ganancias y sin haber tenido nunca contacto real con el exterior, el único Gein que quedaba sobre la faz de la tierra enloqueció y comenzó a desenterrar cadáveres de mujeres del cementerio de Plainfield… siempre de mujeres.

Era 1945, la Segunda Guerra Mundial había finalizado, pero Ed había comenzado una en su interior que duraría años y lo llevaría a desenterrar cuerpos enteros del cementerio, y partes de ellos, para paliar la ausencia de su madre.

Los investigadores que allanaron la propiedad años después afirmaron que en la habitación de su madre hallaron indicios de que algunos o algún cadáver había sido colocado en la cama por un tiempo indeterminado.

Fue entre 1954 y 1957 cuando la policía de Wisconsin tomó cartas en el asunto debido a que en Plainfield algunas mujeres habían desaparecido misteriosamente. Uno de estos casos fue el que los llevó a centrar su atención en Ed.

El 16 de noviembre de 1957 Bernice Worden, quien era dueña de una ferretería, despareció dejando sólo un rastro de sangre dentro y a las afueras de su negocio. La policía pudo determinar que alguien le había disparado para llevarse después el cuerpo en lo que al parecer era una camioneta.

Siguiendo el rastro de las personas que habían visitado a Bernice ese día los investigadores dieron con el nombre de Edward a quien decidieron realizar visitar, más de protocolo que de otra cosa, en su casa.

Lo que descubrieron aún sorprende al mundo entero.

EL ASESINO DE LAS MÁSCARAS DE PIEL

Narran las crónicas periodísticas de mediados del siglo XX que cuando los agentes llegaron al domicilio de Ed, él iba saliendo con dos personas a las cuales sólo alcanzó a decir, “diablos, alguien me ha delatado”, lo que desató sus sospechas.

Edward no se negó a que los agentes ingresaran a su propiedad y lo que descubrieron los dejó helados, tanto así que, por un momento, dejaron a Ed a la deriva quien, se mantuvo firme observándolos sin chistar palabra. Las personas con las que se encontraba habían salido huyendo despavoridas.

En habitaciones, cocina y sala de la vivienda se hallaron partes de cuerpos humanos, todos de mujeres y la mayoría en estado de putrefacción.



Específicamente, en el sótano, el lugar más lúgubre, los agentes encontraron máscaras hechas con piel humana y un traje confeccionado, igualmente, con la piel de alguna mujer.

El mismo Ed Gein confesó que había utilizado en algunas ocasiones las máscaras y hasta el traje para disfrazarse y salir a desenterrar cuerpos al cementerio. En el lugar también hallaron el cuerpo de Bernice colgado de los pies, sangrando aún, abierto en canal y decapitado.

Entre lo que las autoridades pudieron trasladar a la oficina del Sheriff se hallaban huesos humanos, cráneos, un cinturón de pezones, una base de lámpara de escritorio con pantalla hecha de la epidermis de una persona, platos de sopa hechos de huesos humanos, así como asientos hechos del mismo material.

TIME Y LIFE NO LO SALVARON

Era diciembre de 1957 cuando el escándalo se desató en el mundo editorial, después de que dos de las revistas de más renombre de la época decidieran dedicarle sus primeras planas al asesino de los trajes y máscaras de piel, Ed Gein.

Mientras el “monstruo”, como algunos más lo conocían, era juzgado, un mar de periodistas allanó el otrora tranquilo poblado de Plainfield y hasta se creó una sociedad que manejó la propiedad de los Gein y permitía a todo curioso, que tuviera 50 centavos, acceder a ella.



Todo el espectáculo mediático provocado por el asesino cesó en marzo de 1958 cuando algún misterioso vecino decidió incendiar la propiedad.

Ed nunca pisó la cárcel, pues durante su juicio se demostró que sufría esquizofrenía y finalmente murió en el frío cuarto aislado con paredes de colchón de un manicomio en 1984 a los 78 años víctima de cáncer.

Su guerra contra el mundo había terminado pero su nombre resuena aún hasta la fecha.

Un eco del nombre de Ed se escuchó, aún, en la popular serie American Horror Story, en cuya segunda temporada, llamada Asylum, el personaje Bloodyface, quien tenía una obsesiva fijación por la piel humana y estaba acomplejado por la ausencia de su madre, se basó en él y su terrible historia.




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