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hace 3 meses
[Arte]

Gabriela Riveros explora los espacios callados

En su nueva novela, la regiomontana aborda el impacto de lo social en la identidad individual

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Gabriela Riveros explora los espacios callados
Saltillo, Coah.- Julia es una mujer que viaja desde Nuevo León hasta Chihuahua, cruza el desierto en su camioneta y los recuerdos afloran: culpas y dolores que carga desde niña. Ella regresa a su tierra natal, el lugar en el que floreció su vida, pero también visita las vaporosas memorias de su mente, todo enmarcado en el Réquiem, de Mozart, pieza que cubre a la historia con el pesado manto de la muerte.

Por otra parte, Helena espera el regreso imposible de su hija, una esperanza que cruza las ardientes arenas de la región y llega a la puerta de su casa. En la noche, los sueños y los recuerdos se conjugan debido a un accidente que une, por medio del dolor y la lucha constante, a ambas mujeres.

Eso es lo que la escritora Gabriela Riveros relata en Destierros (Lumen, 2019), novela polifónica que a través de la historia, su lenguaje, la música, las imágenes y, sobre todo, las voces de sus personajes, le habla al lector de los desapegos que las personas pasan en este viaje que es la vida y su realidad poética y voluble.

“La atmósfera que hay en Destierros existe porque a través de ella trato de explorar los espacios alternos de la narración. La novela se trata de poner en palabras las cosas que se han quedado fuera de ellas, que han sido silenciadas. Vivimos en una cultura que privilegia lo visual, lo que vemos y tocamos, pero en nuestras vidas pesa más lo que sentimos, lo que callamos: lo secretos, miedos y culpas, tristezas de las que no hablamos y no se pueden ver. Eso nos muestra que el ser humano es un rompecabezas compuesto de piezas de diversas índoles.

“Por eso me gustaba explorar una atmósfera así de vaporosa. Siento que con ella se abre una puerta a rincones de nosotros mismos y del mundo, que nos ayudan a comprender que no hay solo una realidad individual, ni tampoco histórica, todo varía. Por eso hablo de que este mundo depende de quién lo mira”, comentó Riveros a Zócalo en entrevista.

Identidad

Julia, es una joven mujer formada por los retazos que lleva en su memoria. La historia dolorosa que la engarza con su gemela revela una idea de no saber quién es, y el deseo de conocerse. En cambio, Helena, es una tarahumara de edad avanzada, que se ha visto formada por los cambios sociales que la han afectado de manera directa: una historia que se entierra en lo profundo de México, y una hija desaparecida por la violencia actual.

“La identidad se toca en la novela con el ámbito de lo familiar: hay un destierro de su seno. Hablo sobre cómo la identidad está siempre en construcción. Julia ahonda en su vida y mira cómo ha cambiado desde sus primeros recuerdos hasta lo que es ahora.

“Pero además hablo sobre otros destierros. Uno de ellos y quizá el más doloroso, es el de las desaparecidas de Ciudad Juárez. En el libro aparecen listas de nombres reales. Busco una reflexión sobre qué es lo que queda con esas mujeres y su recuerdo, y sobre el tiempo que ellas vivieron, cómo sus padres se esmeraron en darles la mejor educación, y en todo el amor y cariño que recibieron para que, al final, terminaran de esa dolorosa manera”.

La Revolución Mexicana, los movimientos sociales del siglo pasado y la forma en cómo se enfrentan las personas a ellos, es otra de las búsquedas que se planea Riveros, quien ha creado a Julia y Helena como símbolos disímiles, pero complementarios de las pérdidas, las emociones y las ilusiones de la humanidad, y la reacción a esos cambios.
“Helena representa todos esos destierros que han pasado por las personas en el siglo 20.

Ella es el resultado de esos eventos que nos dañan en lo comunitario, lo que se puede ver desde afuera. En cambio, Julia encarna los destierros personales: lo que sucede bajo la piel cuando esta se encuentra llena de tristeza, de culpas, de dolores, la frustración y la ilusión, pero también del amor.

“Estos dos personajes se complementan en un esquema que desarrolla la microhistoria y la macrohistoria. Son personajes que nos muestran cómo siempre reproducimos esos patrones de crearnos grandes ideales en los que no podemos vivir, ya sea por parte de un discurso político, pero también en nuestro ámbito personal. Y cuando lo pensamos bien, es cuando hay un quiebre que nos provoca vivir desterrados de nuestros propios ideales”, detalló.

Dos mujeres que luchan, cada una a su manera contra la vida y las batallas que le tocaron. Fuertes y combatientes, pero también sumidas y atadas a las emociones es lo que hay en una novela que, aunque sus personajes principales son femeninos, Riveros no califica de feminista, sino como una visión de la humanidad.

“En las últimas décadas hay mujeres y hombres que han incluido en su discurso literario esos temas que suceden en los espacios privados y corresponden a la imagen de lo que se tenía como femenino: escenas cotidianas que conforman nuestras vidas. La novela sí recupera muchas historias de mujeres y sus luchas diarias que carecen de toda heroicidad y, sin embargo, pueden ser mucho más importantes que otras figuras, como puede serlo una madre que saca adelante a sus hijos, es mucho más heroína que un Pancho Villa.

“Es un libro que sí muestra y visibiliza esas luchas a puerta cerrada. Sin embargo yo no encasillaría a la novela como feminista, porque aunque sí la refleja, también hay otras cosas, como realidades de hombres que también tienen que librar sus propias batallas, aunque en otros campos”, finalizó la autora, cuya novela cuenta con un playlist musical, imágenes y documentos históricos que complementan la idea de que todos son trozos de una historia más grande.

A leer

» Destierros
» Gabriela Riveros
» Lumen, 2019
» 349 pesos
» 498 páginas


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