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[Internacional]

Hombre apodado ‘El Loco’ confiesa el asesinato de su suegra

Él tiene tatuajes por todo el torso, cuello, brazos y una lágrima negra bajo el ojo, símbolo carcelario que en algunas culturas

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Hombre apodado ‘El Loco’ confiesa el asesinato de su suegra
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España.- Emilio R. M. llegó hace un mes al pueblo de Chapinería de la mano de su pareja, África F. C. Pronto, los vecinos del tranquilo municipio de la sierra oeste lo apodaron "El Loco". "Por sus pintas y por ser conflictivo", aseguraron a ABC. Al parecer, no se equivocaban. Este viernes, durante la declaración ante los investigadores de Homicidios de la Guardia Civil, se ha autoinculpado y ha confesado el macabro crimen, tal y como ha podido saber este diario.

La Guardia Civil lo detuvo el jueves, en torno a la una de la tarde, como presunto autor del asesinato de su suegra, Marisa C. V., a la que habría descuartizado y semienterrado en un encinar del Camino de Las Maderas. Emilio tiene antecedentes, al menos, por violencia de género y atentado contra la autoridad. Sobre él, además, pesa una orden de alejamiento de 500 metros de África, la hija pequeña de la finada, también detenida como coautora, una calificación que podría variar. Ambos se la saltaron para ir a vivir juntos. No se descarta que la lista de reseñas policiales crezca a medida que avance la investigación. Ella, por su parte, se ha acogido a su derecho a no declarar. Ambos pasarán el sábado a disposición del Juzgado de Instrucción número 1 de Navalcarnero.

Según el testimonio de África, se conocieron hace tan solo nueve meses y se fueron a vivir de okupas. La falta de ingresos y de techo fue lo que les llevó, a finales de junio, a llamar a la puerta de la vivienda de su progenitora. Marisa, de 70 años, les abrió sin saber que ese sería su final. Los gritos, las peleas y las discusiones se sucedían en el interior, prácticamente a diario. "Alguna vez hemos escuchado cómo ella le decía a la madre que la iba a matar", relataron los vecinos, conmocionados pero no sorprendidos por el fatal desenlace.

A pesar de que la septuagenaria no se relacionaba con nadie de la localidad, en la que llevaba dos décadas viviendo, era de sobra conocida por las peleas con sus dos hijas y sus problemas con el alcohol, una adicción que también compartirían África, de 34 años, y Emilio, de 38. Él tiene tatuajes por todo el torso, cuello, brazos y una lágrima negra bajo el ojo, símbolo carcelario que en algunas culturas significa que se ha cometido un asesinato.

El último día que se vio con vida a Marisa, el 25 de julio, los tres estuvieron bebiendo en las terrazas de la plaza de Eloy Gonzalo, punto de reunión de los moradores. De una pasaban a otra. "Paga Marisa", decía siempre Emilio. Era la finada la que corría con todos los gastos de la pareja y de la vivienda y la que, según contó África, también les daba dinero para subsistir. Por esto, los agentes de Homicidios de la Guardia Civil a cargo de la investigación apuntan a un motivo económico como posible móvil del crimen.

Cuando los bares cerraron, Marisa, África y Emilio, que ya habían tenido discusiones en público, trasladaron a su chalé la celebración. Antes de ser detenida, la hija relató a la Benemérita que ella se fue a dormir y no sabía qué había pasado después. "Al día siguiente, cuando no la vi en casa pensé que se había marchado", continuó. Los agentes no la creyeron, de hecho, piensan que esa fue la noche fatal. En la vivienda se encontró sangre en la tela del sofá que alguien había intentado cambiar y una herramienta, una especie de llave, con restos biológicos que podría ser el arma del crimen. Se investiga si pertenecen a Marisa y si la golpearon hasta causarle la muerte.

La hija mayor de Marisa, con el mismo nombre, fue la que dio la voz de alarma días después. El 28 presentó una denuncia de desaparición tras intentar contactar, sin éxito, con su madre en varias ocasiones. África le daba la misma excusa: que se había ido, pero algo no encajó. Dos días después, volvió al cuartel a ampliarla y a centrar las sospechas en "El Loco", que fue el principal sospechoso desde que se hallaron los restos de la septuagenaria.

Un vecino que paseaba a su perro el martes por la noche por el Camino de las Maderas fue el que encontró un pie que sobresalía de la tierra seca del sendero. Los primeros en desplazarse fueron los agentes del cuartel de Navas del Rey y, posteriormente, el grupo de Homicidios de la Comandancia de Madrid, que halló más restos de Marisa casi sin tejido epitelial debido al alto grado de descomposición que presentaba. Las partes del cuerpo estaban repartidas y semienterradas en bolsas de plástico en puntos diferentes del encinar. Lo que todavía continúan buscando es la cabeza de la malograda, que no ha aparecido y puede ser clave para saber exactamente cómo murió. Horas antes de su detención, frente a las cámaras de televisión, África promulgó su inocencia. "Juro por Dios que no he tenido nada que ver", dijo. .









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