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La noche que Daisy murió

El expediente de la tragedia sucedida en el Hospital Libanés de Monclova en septiembre del 2004

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La noche que Daisy murió
Daisy Jaquelín Tavares Niño, el día de su graduación en julio del 2001.
Monclova, Coah.- El gran día se llegó ese verano del 2001, con la ilusión y la emoción a flor de piel sus esfuerzos eran coronados con la ansiada graduación. Largos años pusieron el mejor de sus empeños para llegar al término de su carrera.

Aquellas jovencitas vestían con orgullo su capa azul y la alba cofia para vivir la emotiva ceremonia del “paso de la luz”, mientras sus padres observaban orgullosos el momento del término de curso de la Escuela de Enfermería de la Cruz Roja.

UN CASO SIN RESOLVER LA NOCHE QUE DAISY MURIÓ


Mientras, la maestra de ceremonias explicaba que esto significaba la pasión, la nobleza y espíritu hacia el trabajo, la emoción y el quehacer social además de la responsabilidad que se adquiere con ello.

Cada una de ellas pasó en ese inolvidable mes de julio a prender su lamparilla dorada que alegoriza el paso de la profesionalización de la carrera en honor a la memoria de la enfermera inglesa, Florence Nightingale, que con una lámpara daba auxilio a los heridos en medio de los combates de la guerra de Crimea que duró de 1853 a 1856, se le conocía como la dama de la lámpara y es considerada la precursora de la enfermería profesional.

Una de estas nuevas enfermeras era Daisy, que con entusiasmo recibió su título en el auditorio del Santuario de Guadalupe; pasaría a la historia pero desgraciadamente en aquellas páginas que son tristes de recordar.

TODO INICIÓ UN MARTES

La mañana del 21 de septiembre del 2004, un servidor estaba a punto de concluir el turno de tercera como reportero policiaco para el diario de Allende y Guatemala, cuando un oficial dijo: “¡Pícale para el Libanés, parece que mataron a alguien!”

El lugar ya estaba resguardado por las autoridades, llegando el supervisor regional de la Policía Ministerial del Estado, Roberto Gallegos y los agente del Grupo de Homicidios, Héctor Garza Bernal, Miguel Ángel Treviño Tapia y Mario Zapata Urquieta.

Simultáneamente en la radio a las 08:00 horas, su madre escuchó la desgarradora noticia en flash informativo, entrando en una crisis de histeria, siendo auxiliada por sus vecinos.

En el interior, la enfermera que llegaba para el turno de primera o de día, identificada como Teresa, encontró el cadáver de Daisy tirado en el piso en medio de un charco de sangre. Había un rastro hemático desde el pasillo hasta la puerta principal.

El médico forense, Ángel Cavazos Gallardo, personal de Asuntos Periciales y Químicos llegaron a levantar evidencias, trascendió que el homicidio sucedió en horas de la madrugada.

Como de costumbre las autoridades mantuvieron herméticas la primeras investigaciones. La necropsia arrojó fuertes golpes en la cabeza y hasta la fecha se desconoce con qué instrumento fueron provocados.

Se siguieron diversas líneas de investigación en donde todos fueron interrogados, desde el doctor y el viudo hasta amistades cercanas, incluso un par de lesbianas que fueron vistas esa noche en el teléfono público del exterior del hospital.

En las uñas del cuerpo fueron encontrados rastros de cabello y piel como si se hubiera tratado de defender.

Diversas especulaciones surgieron por parte de los familiares, externaron sus sospechas a las autoridades y al no obtener resultados la indignación creció en diversos sectores de Monclova; el hospital cerró sus puertas, que tras el homicidio se fue a la quiebra.

Tres años después, el viernes 13 de julio del 2007, Garza Bernal ascendido a Supervisor Regional de la Policía Ministerial me dijo: “Estáte pendiente Nes, traemos algo muy bueno”, estuve insistente para que me revelara de qué se trataba pero no dio su brazo a torcer. La madrugada del sábado 14, un fuerte dispositivo de seguridad rodeó el video bar “Caribe Ozz” ubicado en la calle Venustiano Carranza de la Zona Centro.

¿La razón? En el interior se hallaba el principal sospechoso del asesinato de la enfermera: Un trailero llamado Édgar Alvarado Álvarez “El Fresco”.

La investigación se derivó de una llamada telefónica en que lo inculpaban. El domingo 15 de julio del mismo año este declaró: “Mi cuñada Rosa Carmen Gaytán Rodríguez es quien se ha empeñado en acusarme de la muerte de esa muchacha, pero ni la conocí, yo andaba en Monterrey”.

El lunes 16, el inculpado fue transferido al Cereso bajo el cargo de homicidio calificado con brutal ferocidad, ventaja y traición. Sin embargo, tras seguirse el juicio en su contra en el Juzgado Segundo del ramo Penal a cargo del Juez Hiradier Huerta Rodríguez, Édgar quedó absuelto y en libertad; la defensa de su abogado, Antonio Liñán Medellín demostró que no tenía nada que ver, además que existían lagunas en el caso, también una de las principales testigos se retractó y ayudó que ambos no se conocían. Eso significó un duro revés para la entonces Procuraduría General de Justicia del Estado, además acrecentó la indignación e impotencia de la familia de Daisy así como de Ramón y sus padres. Entonces…¿quién fue el asesino?

LA ENFERMERA Y EL TAXISTA


Previo al décimo aniversario del artero crimen, una noche de septiembre del 2014, en la base de la línea Radio Taxis del Centro, que en ese entonces se hallaba sobre la calle Abasolo del primer cuadro, se recibió una llamada solicitando un servicio para una dama en la esquina de Mina y Cuauhtémoc de El Pueblo.

Un taxista llegó a la ubicación, precisamente afuera del Libanés. El Nissan Tsuru, de color amarillo fue abordado por una joven que vestía una filipina verde y le pidió ir a varios lugares.

Eran cerca de la una de la mañana: primero pasearon por la calle Cuauhtémoc del mismo sector, se regresaron y enfilaron a las afueras de la casa de la familia Tavares Niño y de ahí a la colonia Del Río, al Oriente de Monclova, donde le pidió al chafirete estar unos momentos y observó misteriosamente una casa en específico para luego indicarle que retornara al viejo hospital.

Tras pedirle que la esperara, el taxista observó con asombro cómo ella se introdujo al inmueble cerrado y al percatarse que no era una cosa terrenal, decidió retirarse. La historia llegó a oídos de los familiares de la enfermera y el trabajador del volante accedió a dialogar con los padres de Daisy. Cuando le enseñaron una fotografía dijo que se trataba de la misma persona que él subió en la madrugada.

“Nosotros le creímos al chofer, la describió antes de enseñarle la fotografía, dijo que no sintió absolutamente nada de miedo pero que cuando vio que al final del recorrido se introdujo al hospital, fue cuando asimiló que se trataba de algo fuera de este mundo”, dijo doña Yolanda.

UN CASO SIN RESOLVER


En la actualidad el caso de la enfermera sigue abierto y no se ha seguido ninguna línea nueva de investigación desde que Garza Bernal y sus agentes estuvieron tercos en resolverlo.

Quizá una historia de fantasmas muestre un indicio de dónde podría estar el homicida, al menos así lo creen los deudos, pues por algo aquella joven que abordó el taxi pidió la llevaran a las afueras de una casa en la colonia Del Río.

“Te imaginas, tanto año y no han abierto el expediente y que nosotros les digamos que en un hecho extraordinario sospechamos que el asesino pueda estar en la colonia Del Río, no nos van a hacer caso”, lamentó la señora Niño, quien también lamentó la falta de ética de algunos “medios informativos”, principalmente digitales para citar irresponsablemente el caso de su hija sin medir el daño que provocan en la familia.

Posiblemente en un futuro surjan nuevos sabuesos que desempolven este expediente penal y desentrañen de una vez por todas la tragedia ocurrida hace 15 años y que un servidor la siguió a cada detalle desde el inicio.

Quizá esta lectura traiga una nueva opinión a la luz del tiempo ya que demuestra que las investigaciones policiacas no siempre concluyen con la captura del asesino, que en algunos casos ni siquiera lo identifican y que en otros llega ayuda externa que sirve para ponerle rostro al culpable.

Un pueblo que olvida su historia está condenado a repetirla, la nota roja o noticia policiaca no es más que el reflejo de la decadencia de lo mas bajo de la sociedad, y debemos tener presente lo que ocurre para tomar providencia y no ser nuevas víctimas de hechos repetitivos. Qué agradable sería darle la vuelta a la página y olvidar todo, pero no…desgraciadamente ahí está plasmado con tinta indeleble.


DESDE NIÑA SABÍA SU VOCACIÓN

Daysi Jaquelín Tavares Niño nació el 21 de noviembre de 1981, fue la tercera hija de cuatro hermanos procreados por el matrimonio formado por Yolanda Niño y el obrero Mauricio Tavares.

“Desde chiquita quería ser doctora”, recordó doña Yolanda, quien narró que fue su madrina, la enfermera Silvia Dávila quien le recomendó seguir sus pasos que al final se graduó de la importante carrera.

Tras recibirse tuvo que hacer un año de servicio social, primero en Congregación Rodríguez y posteriormente en el ejido Primero de Mayo de los municipios de Abasolo y Escobedo en la Región Centro de Coahuila

En el mes de agosto del año 2003 contrajo matrimonio con el joven Ramón Córdova, orgullosos padres de una pequeña y agarró experiencia laboral durante un mes en un hospital privado de la colonia Tecnológico, para posteriormente entrar a trabajar en el ahora tristemente célebre Hospital Libanés.

El nosocomio se ubica (hoy en desuso) en el cruce de las calles Cuauhtémoc con Mina del sector El Pueblo y fue asignada al turno nocturno. El inmueble propiedad del doctor Navarrete, era muy reconocido y se especializaba en Ginecología y Obstetricia.


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