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Libros para ahogarse en el terror

Te recomendamos cinco autores de terror contemporáneo que harán de esta y otras noches, incómodas veladas repletas de sangre

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Libros para ahogarse en el terror
Fotos: Especial
Saltillo, Coah.- Esta noche un viento enfermizo sopla sobre el mundo y lo cubre con un manto de miedo que puede respirarse. Una noche en la que el velo que separa al mundo sobrenatural del real se levanta para dejar entrar las peores pesadillas que alguien pueda vivir, pero una noche así es nada si se le compara con el hecho de que muchas personas viven esas pesadillas a diario y, para no enloquecer, las escriben.

Por eso Zócalo recomienda cinco autores de terror contemporáneo que harán de esta y otras noches, incómodas veladas que van más allá de los autores clásicos del género.


Renovador sangriento

Los Libros de Sangre son un compendio de relatos divididos en tres volúmenes con los que Clive Barker debutó en la literatura, en 1984. Conocidos por abrir nuevos panoramas del terror, los Libros de Sangre ahondan en los oscuros rincones del dolor físico, la sique humana y el sexo.

Entre los cuentos que pueden encontrarse dentro de las páginas de estos libros se encuentran El Tren de la Carne de Medianoche, en el que un oficinista que noche tras noche toma el tren subterráneo de Nueva York, se encuentra de pronto en lo más profundo y hórrido de la ciudad en la que habita. Centro en el que descubre un secreto tan grande que el único camino a seguir es la locura.

Con En las Colinas, las Ciudades, el cambio de registro es gigantesco y recrea una batalla épica en su tamaño y en las sensaciones viscerales que recrea en el lector. Aún así, el grueso de los cuentos que aquí habitan abarcan temas y retóricas tan extremas que son una entrada perfecta para el sangriento mundo de Barker.

Los Libros de Sangre son considerados clásicos contemporáneos del terror por su capacidad de renovar un género que se había anquilosado en las mismas estructuras y clichés, y son también cuentos perfectos para leer este Halloween, como señala el autor.



Las otras caras del horror

A sus 81 años Joyce Carol Oates es una escritora prolífica que aborda todos los géneros y, entre ellos, está el horror, pero visto de una forma diversa en sus construcciones y tensiones. Para la nacida en Nueva York, esta emoción puede tomar miles de formas como lo demuestra en su cuento ¿Dónde Vas? ¿Dónde Estuviste?

Esa mira de nuevos horizontes por explorar dentro del género es más visible en su libro de relatos El Señor de las Muñecas y Otros Cuentos de Terror. En este compendio de seis narraciones consideradas por algunos como cuentos largos o novelas cortas, la maravillosa –y aterradora– habilidad que Joyce Oates, candidata al Premio Nobel, tiene para mantener la tensión narrativa queda manifiesta.



El libro está compuesto por El Señor de las Muñecas, Soldado, Accidente por Arma de Fuego, Ecuatorial, Mamíta y Misterios S.A., todos ellos relatos que sin ser sobrenaturales apelan a ese temor que todos tienen: el de no saber qué sucederá en la siguiente página, y son impecables muestras de que el peor miedo es, como lo decía H.P. Lovecraft, a lo desconocido.


Contra la humanidad

Thomas Ligotti es otro de los grandes nombres de la literatura de terror contemporánea. Nacido en Detroit, Estados Unidos, ha sido considerado como “el secreto mejor guardado” del género. Aunque también es un renovador de las oscuras sensaciones, Ligotti se mantiene cercano a la tradición de escritores como Edgar Allan Poe y H.P. Lovecraft, tal como lo demuestra en Noctuario, una colección de cuentos dividido en tres partes: Estudios de Sombra, Discurso Sobre la Negrura y Cuaderno de la Noche.

Los relatos que habitan las malsanas páginas de Noctuario son casi visiones de un diario, ya que por sus páginas transitan hechos que dibujan un universo enfermizo y desquiciado, como lo demuestran La Medusa, Conversaciones con una Lengua Muerta, Los Ojos del Maestro Brillan con Secretos.

Todos ellos escritos con una pasión y un detalle escalofriantes, que el lector podrá apreciar al sentir que, en cada palabra que Ligotti ha escritor y él lee, un ligero viento frío corre por su nuca y le recorre la espalda.



Miedo cotidiano

Mariana Enríquez es una escritora joven y potente como lo demuestra su libro Las Cosas que Perdimos con el Fuego (Anagrama, 2017). La argentina es conocida por su inclinación hacia el terror más realista, uno que puede acontecer en el día a día no solo de sus personajes, sino del mundo que transita el lector de su libro.

Este volumen de relatos se unifican por un aspecto sobrenatural que irrumpe de forma intempestiva en la vida de los personajes, el lector podrá encontrar mendigos que se convierten en totems mitológicos; el miedo que produce el inexorable paso del tiempo en El Desentierro de Angelita; el terror familiar en El Aljibe, así como un relato de fantasmas en Cuando Hablábamos con los Muertos, pro más que eso, Las Cosas que Perdimos con el Fuego, se revela como una metáfora del traumático paso de la juventud a la adultez, pues todos los personajes son mujeres que deben dar ese paso.

La literatura de Enríquez, quien ha sido llamada la nueva Shirley Jackson, puede encontrar resonancias con otras autoras latinoamericanas en el que la sensibilidad femenina revela nuevos registros ante el terror humano, como la uruguaya Fernanda Ampuero, la boliviana Liliana Colanzi y su paisana Samanta Schewblin.


Giros de la locura

Demonia (Almadía, 2012) es un libro de relatos autoría del jaliscience Bernardo Esquinca. En él, nuevamente aparecen esos cuentos de terror que se acercan más a historias cotidianas que descienden, o mejor dicho tropiezan, con la locura y el horror.

A lo largo de los nueve relatos que existen en el extraño mundo de Demonia, el lector se desgrana poco a poco en un terror crucial: el de perder la cordura. Obsesiones que llevan al personaje a caminos desconocidos; la búsqueda en librerías de viejo que atrapan y devoran al lector, o ciudades que se dibujan conocidas, pero se revelan como páramos ignotos que abren sus puertas para todo aquel que quiera recorrerlas.



Bernando Esquinca apela a ese miedo de perder el control, ya que sus relatos caminan por sendas lisas que, de un momento a otro, se quiebran en abismos insondables cuyo único fondo, con el que chocan sus personajes, es el de un mundo en el que domina la locura y la falta de lógica.


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