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hace 5 días
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Los Años Heridos; revela la historia oculta

El escritor Fritz Glockner muestra los acontecimientos guerrilleros en el México de los 70 y 80

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Los Años Heridos; revela la historia oculta
Saltillo, Coah.- La vida del historiador Fritz Glockner va atada a los movimientos sociales que han marcado el país. Su padre fue guerrillero y lo dejó manifiesto en su novela Veinte de Cobre, y de esa cercanía es donde inicia, y se aleja, Los Años Heridos: La Historia de la Guerrilla en México 1968–1985 (Planeta, 2019), segunda parte de esa inmensa crónica histórica que inició con Memoria Roja: Historia de la Guerrilla 1943–1968.

Estos libros ahondan, escarban y muestran los hechos oscuros que han sido ocultos por una cortina de hierro que bloquea las motivaciones y también las torturas por las que pasaron los guerrilleros. Una visión histórica en la que la vida personal y de la nación se entrecruzan como hilos en una telaraña para, al final, mostrar un mosaico de cadáveres, balas y gritos de libertad.

Aunque Los Años Heridos inicia con una declaración: “mi papá es guerrillero”, el autor sostiene que también es una forma en la que “el niño Fritz Glockner le dice ‘chinga tu madre’ a su papá Napoleón Glockner, en el sentido de lo importante que era él. No es que a mi yo niño no le importaran los niños de México, sino que su abandono fue una situación demasiado traumática”.

Glockner señaló que cuando su padre abandonó la casa en 1971 para unirse a las Fuerzas de Libración Nacional fue “por sus utopías”, la puerta de entrada a ese mundo que describe.

Ahora, con una mirada hacia atrás, el escritor señala que “hay respeto por mi padre. Pensar en qué huevos necesitas para seguir tus deseos utópicos, y dejar detrás a tu familia, tu situación económica, y más porque te das cuenta de que no se fue con una amante sino por causas nobles y justas”.

Ese respeto se acrecentó después del reencuentro que tuvieron en la cárcel de Lecumberri, en 1974. Pues Fritz, en ese entonces un joven de 13 años, encontró a su padre torturado, con el cuerpo herido y la mente maltrecha, una imagen imborrable.

Es en ese momento que Fritz se plantea que “el Gobierno del Estado ha intentado secuestrar la memoria, no digamos la información, sino la memoria de un acontecimiento enorme, una guerra que se libró en los 70 y los 80, un recuerdo que el Gobierno pretendía que desapareciera. Fue ahí que los recuerdos en la piel me llevaron a dedicarme, durante 30 años, a rescatar no la historia de Napoleón Glockner o la de Fritz Glockner, sino la de los demás. La de esas personas que lucharon y que borraron sus nombres, porque mi historia está en otro lado, en la literatura. La historia de Los Años Heridos es la de los otros”.

Los Años Heridos

Baja Intensidad
Según explicó el autor, la memoria histórica está en una caja fuerte cuyas llaves cayeron en sus manos. Los Años Heridos fue un trabajo obsesivo de encontrar en periódicos, diarios de anotaciones y entrevistas, esos fantasmas que el tiempo se ha tragado. Pero para él, ese tiempo es un aliado, ya que según apunta en el libro, su filosofía se rige por la concepción del tiempo mesoamericano, en la que el tiempo es una línea recta con el pasado enfrente porque todo sobre él se sabe, mientras que el futuro esta a la espalda, porque de él nada se conoce.

“Un libro como este es necesario porque una sociedad que no tiene conocimiento para vislumbrar, padecer y disfrutar su pasado, es una sociedad que no tiene la cualidad de cultivar sueños en el presente, y darles la oportunidad de que florezcan en el futuro.

“Los mexicanos vivimos en una realidad que a veces parece que subordina a la ficción, y cuando eres escritor pareciera que hay claves que quieren romper la capacidad informativa de tu escritura. Pero cuando eres historiador e incluso periodista, tienes que estar atento a que la realidad política no termine volteando tu capacidad de asombro y análisis de la misma. Es por eso que los historiadores tenemos una obligación para con ella y una necesidad de escribir estos libros”, detalló.

Para Glockner, México ha vivido una “guerra de baja intensidad” durante el siglo pasado. Para él, la historia se mueve en puntos de quiebre. Señaló que la Matanza de Tlatelolco o el Movimiento Ferrocarrilero de 1958 no puede entenderse sin el Movimiento Magisterial de 1948.

“Hay una acumulación de fuerzas que forman la historia, porque los movimientos sociales no pueden generarse de la nada. Los movimientos actuales son causas de las viejas batallas, tanto sindicales como campesinas, obreras y estudiantiles. Es por eso que es necesario conocerlas”, concluyó el historiador.


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