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¡Los extraños discos lumínicos que observó José Vasconcelos!

El “Apóstol de la Educación” narra avistamiento sobre el Río Bravo

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¡Los extraños discos lumínicos que observó José Vasconcelos!
Extraños discos luminosos fueron vistos en 1892 en Piedras Negras
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Monclova, Coah.- A lo largo de la historia universal se han consignado hechos que sobrepasan el entendimiento humano, uno de estos sucesos es indudablemente el fenómeno de los objetos voladores no identificados del cual se han escrito ríos de tinta.

Las opiniones son muy diversas: desde el férreo escepticismo de unos, hasta la defensa a capa y espada de otros; sin embargo, otro porcentaje se queda en la tibieza y prefiere aquilatar ambas opiniones.

Los múltiples relatos que existen, afirman tener algún tipo de contacto de OVNI lo que ha motivado a escritores e investigadores serios del tema como Salvador Fleixedo, Juan José Benítez o Erich Vön Daniken, entre otros a desarrollar sus obras donde recopilan un sinfín de avistamientos ocurridos en diversas partes del planeta.

Pero la mayoría de las personas toman estos temas como algo de fantasía y no le dan el menor crédito y sólo conocen noticias de “hombrecitos verdes” en revistas de dudosa veracidad sin siquiera leer alguno de los libros de verdaderos investigadores.

Sin embargo, cuando existe el testimonio de personajes que gozan de una reputación intachable en la sociedad, que han contribuido al desarrollo de su país y que incluso, sus vidas han pasado a la historia, hace que hasta el más incrédulo ponga atención a su narración.

Y es precisamente una personalidad de la historia de México quien dejó para la posteridad un extraño relato que le ocurrió en sus años mozos cuando disfrutaba de un paseo por el río Bravo en terrenos de Piedras Negras a finales del siglo XIX, me refiero al “Apóstol de la Educación”, el ilustre José Vasconcelos Calderón.

Al servicio de México

Vasconcelos Calderón nació el 27 de febrero de 1882 en Oaxaca, sus padres fueron Ignacio Vasconcelos Varela y Carmen Calderón Conde. Tuvo ocho hermanos. Sus primeros años y la formación primaria la recibió en la frontera con los Estados Unidos, su familia se estableció en la ciudad de Piedras Negras y seguido cruzaban las aguas para realizar compras, estudiar o pasear en Eagle Pass. Posteriormente su padre decidió retornar al sur del país siguiendo sus estudios en Toluca, Estado de México y también en Campeche. En el año de 1907 obtuvo su título de licenciado en Derecho en la Escuela Nacional de Jurisprudencia.

En 1909 junto a sus compañeros del Ateneo de México se opuso a las ideas filosóficas únicas que promovían los llamados “Científicos”, entre ellos Justo Sierra. Vasconcelos proponía la libertad de cátedra y pensamiento. Además impulsó con sus ideas la identidad nacional Mexicana y de lo latinoamericano, en pocas palabras no depender de lo extranjero para un progreso. Ese mismo año formó parte de la campaña de Madero para las elecciones presidenciales de 1910 en las cuales salió triunfal de nuevo Porfirio Díaz y que llevó al país al levantamiento armado el 20 de noviembre.

Durante la revolución Mexicana, tras el golpe de estado de Victoriano Huerta, Vasconcelos se exilió a los Estados Unidos y recibió el encargo de Venustiano Carranza que las potencias lo reconocieran como presidente de Facto impidiendo con ello que Huerta recibiera el apoyo de los países. Fue director de la Escuela Nacional Preparatoria; En la presidencia de Eulalio Gutiérrez fue el titular de Instrucción Pública (En esta etapa regresó nuevamente del auto exilio debido a problemas que sostuvo con Carranza). Adolfo de la Huerta lo nombró encargado de Departamento Universitario y Bellas Artes así como rector de la Universidad Nacional de México. Con Álvaro Obregón fue Secretario de Instrucción Pública en donde realizó ¡la primera reforma educativa! En ella impulsó la difusión del arte y cultura, la creación de escuelas rurales, edición de libros masiva de grandes obras universales que fueron distribuidas en todo el país. Creó los intercambios culturales entre nuestra nación y países; apoyó totalmente a artistas plásticos e intelectuales. En 1929 contendió por la presidencia de México frente a Pascual Ortíz Rubio, las elecciones favorecieron a este último.

Presiones políticas provocaron nuevamente su retirada del país dedicándose a las letras y desempeñando otros cargos cuando subió su discípulo Adolfo López Mateos a la presidencia. Miembro de la Academia Mexicana de la lengua. Murió el 30 de junio de 1959 en Tacubaya, Estado de México

El caso de PN


En su libro autobiográfico “Ulises Criollo”, Vasconcelos retrata orgullosamente cómo pasó su niñez en esta ciudad fronteriza de Coahuila (En aquel entonces se le cambio el nombre a Ciudad Porfirio Díaz de 1888 a 1911) e Eagle Pass. Menciona que los grandes eventos ocurrían en torno al puente peatonal que unía a ambas ciudades.

Vivió en una casa de la esquina de la plaza y narra con lujo de detalles como acudía a la primaria en “El Paso de las Águilas” además de las peripecias de su familia en la vida de la frontera, En pocas palabras este magistral libro es una joya que brinda un panorama en “color” del Piedras Negras de principios del siglo XX.

Sin embargo, en esta obra también menciona algo sumamente extraño que vivió precisamente en uno de esos paseos entre las dos ciudades de orillas del Bravo y que tituló “¿Alucinaciones?” Aquí el texto íntegro:

“Regresábamos de un paseo “al otro lado”, La mañana estaba luminosa y tibia. Leves gasas de niebla borraban el cofín, se esparcían por la llanura. Serían las 11 de la mañana y comenzaba a quemar el sol. Desde el puente contemplábamos la margen arenosa, manchada de grama y mezquites, cortada de arroyos secos, en suave ondulación baja el terreno hacia la cuenca del río que corre manso. De pronto nacidos del seno humoso del ambiente, empezaron a brillar unos puntos de luz que avanzando, ensanchándose, tornándose discos de vivísima coloración bermeja o dorada. Con mi madre y mis hermanas, éramos cinco para atestiguar el prodigio. Al principio creíamos que se trataba de manchas producidas por el deslumbramiento de ver el sol. Nos restregábamos los ojos, nos consultábamos y volvíamos a mirar. No cabía duda: los discos giraban, se hacían esferas de luz; se levantaban de la llanura y subían, se acercaban casi hasta el barandal en que nos apoyábamos. Como trompo que zumbara en el aire, las esferas luminosas rasgaban el tenue vapor ambiente. Hubiéramos dicho que la niebla misma cristalizaba, se acrisolaba para engendrar forma, movimiento y color. Asistíamos al nacimiento de seres de luz. Conmovidos comentábamos, emitíamos gritos de asombro, gozábamos como quien asiste a una revelación. En tantos años de lecturas diversas no he topado con una explicación del caso, ni siquiera con un relato semejante y todavía no sé si vivimos algo que nace del concierto de las fuerzas físicas o padecimos una alucinación colectiva de las que estudian los psicólogos”.

Esta revelación sorprende a propios y extraños ya que lo escribió un intelectual, una persona que ocupó grandes puestos y que incluso es reconocida a nivel mundial por sus ideas progresistas y al servicio de la educación.

¿Que fue lo que realmente observó Vasconcelos sobre el río Bravo en el puente “de a pie”? La descripción de lo que llamó “seres de luz” es lo que hasta el momento todos conocemos como “platillos voladores”. Describe perfectamente la escena y fue la única vez que le sucedió a pesar de que todos los días recorría el puente para pasar a los Estados Unidos: “Ocupamos unos bajos, esquina de la plaza, sobre la calle donde comienza el puente. Para llegar a mi escuela, bastaba con atravesar éste y caminar después dos o tres cuadras en los suburbios de Eagle Pass”.

¿Qué edad tenía cuando ocurrió este episodio tan singular en su vida? Vasconcelos dice en su libro: “En esta casa se inicia mi vida consciente. Tendría diez años de edad. Me veo comiendo higos negros, pasados, especialidad de la frontera”.

Hay que destacar la forma objetiva y analista en que éste prócer de la educación se refiere a este episodio de su niñez al momento de redactarlo en 1935 y en lo que viene siendo su prólogo el autor deja muy en claro “Contiene la experiencia de un hombre y no aspira a la ejemplaridad, sino al conocimiento”.


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