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¡Los horrendos sacrificios a Cachiripa!

Síganme en un terrorífico viaje rumbo a las tradiciones de esta tribu de la Región Lagunera de Coahuila

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¡Los horrendos sacrificios a Cachiripa!
Cachiripa era un demonio, que de acuerdo a la creencia de los Irritilas, exigía sacrificios de niños.
Monclova, Coah.- En sus recorridos por la región que hasta nuestros días se conoce como La Laguna, el padre Juan Agustín Espinosa llegó a un pequeño asentamiento de nativos americanos, en los que encontró a algunos muy hospitalarios y a otros desconfiados.

El misionero católico ya había leído algunos escritos de sus hermanos y sabía que tenía que andar con sumo cuidado en la región, de los que se conocía como Indios Irritilas que habitaban principalmente en las inmediaciones de la laguna de Mayran.

Desde luego llevaban un intérprete que traducía las conversaciones con los naturales, pero tan largo camino recorrido rumbo a la misión de Santa María de las Parras ameritaba un descanso.

Era el mes de febrero de 1598, el frío ambiente de ese invierno contrastaba con la desnudez de los indios que parecía estaban a prueba de todo y formaban fogatas en diferentes partes de aquel que podría llamarse “campamento”.

Si sentían frío se arropaban con algunas pieles mientras que el contingente de los Europeos trataban de protegerse tanto de lo gélido como de un eventual ataque.

Ya pardeando la tarde, de pronto un fuerte viento azotó aquel valle coronado de lechuguillas, gobernadora y cactáceas y uno que otro mezquite. El suelo casi blanco del terreno mostraba una terrible tolvanera que más parecía anunciar una tempestad.

Impresionantes remolinos recorrieron el área mientras que los Irritilas se tiraban al suelo e hincados en posición de reverencia golpearon sus manos contra la tierra y gritaban aterrorizados; “¡Cachiripa! ¡Cachiripa!”.

Con terror el sacerdote Jesuita y los soldados que lo acompañaban no daban crédito a lo que estaban viendo, pues algunos miembros de la tribu sujetaron a un niño y lo mataron despedazándolo mientras tomaban un extraño brebaje, bailaban y hacían escándalo e incluso podrían llegar a comerlo.

Los torbellinos amainaron y todo volvió a la normalidad salvo para los blancos quienes aún estaban espantados y llenos de preguntas y aún más repletos de desconfianza e incertidumbre. ¿Quién era Cachiripa? ¿Por qué los indios sacrificaron un niño?

En esta ocasión nos adentraremos a un mundo lleno de supersticiones, sacrificios e incluso canibalismo de una de las tribus que poblaron Coahuila y descubra conmigo qué o quién era aquel misterioso personaje que hacía temblar a los bárbaros Irritilas.

¿QUIÉNES ERAN LOS INDIOS IRRITILAS?

De acuerdo a uno de los tratados de historia que nos heredó Vito Alessio Robles “Coahuila y Texas en la época Colonial”, refiere que unos de los documentos más antiguos que existen sobre nuestro estado son los Annua redactados por los Jesuitas.

En uno de ellos que data de 1595 describen cómo eran los Irritilas: “Por la tanta barbaridad de los naturales y que no tienen casa, ni asiento determinado, ni siembran ni tienen dónde, ni comen más de lo que la tierra voluntariamente les produce de tuna, maguey, mezquite y otras hierbas y algún pescado que la laguna y río que llaman de las Nazas”.

En el escrito también se sostiene que debido a la brutalidad de estos nativos que habitaban el área lagunera no se había concretado una misión estable y se lee claramente: “Y aunque quisieran los ministros del evangelio vivir entre ellos con toda incomodidad, hay otra mayor: de no estar seguros en su compañía sino con mucho peligro de que, por su antojo o por satisfacer su hambre, los maten y coman”.

Por otro lado, en el Annua de 1596 se refiere a estos nativos americanos como: “Los (indios) de la Laguna, medio peces, medio hombres, habitan en el agua y parte de la tierra, pero en ninguna parte tienen habitación fuerte, ni siembran ni cogen más de lo que la tierra voluntariamente les ofrece de raíces y caza y así nunca están en un lugar determinado y cierto, sino donde les parece hallar sustento, hoy aquí, mañana acullá”.

Alessio Robles menciona que se fundó una misión en la laguna. Los Europeos se lamentaron por que los indios son infieles y la tierra sea nueva y de poca importancia para la corona Española: “por no haber hallado en ella los Españoles interés de minas de plata, no han querido poblarla y como en estos tiempos el celo es poco y la codicia mucha, donde la plata abre el camino entra el evangelio, y donde no, apenas hay quien le lleve”.

Para ganarse a estos difíciles nativos laguneros les daban raciones de maíz, sal, chile y alguna ropa: “De carne son golosísimos y así cuando ellos huelen un cuarto de vaca… luego acuden todos hasta que a pedazos no dejan nada”.

Algunos estudiosos explican que esta etnia estaba compuesta por 12 tribus que hablaban sus respectivas lenguas pero se comunicaban entre sí principalmente con el náhuatl.

Además el tratado que data del siglo XVI hace una horrenda revelación sobre los Irritilas: “Y para andar más desembarazados para esto, suelen matar a sus hijos supersticiosamente”.

EL TERROR QUE HABITABA EN LA LAGUNA


La superstición que existía en aquellas tierras desde antes de la llegada de los colonizadores erizan la piel y dejan como si fueran cuentos de niños las leyendas que se han entretejido a lo largo de los años en otros puntos del Estado.

Lo anterior, ya que a diferencia de éstas, los misioneros dejaron en sus escritos el fiel retrato de sus terroríficas prácticas en la región que hoy comprenden los municipios de Francisco I. Madero, Matamoros, San Pedro de las Colonias, Torreón y Viesca.

Uno de estos relatos es aquel que se plasmó en el mismo Annua de 1596 donde una misteriosa anciana mantenía encerrado en una jaula un pavoroso y enorme lagarto y fue cuestionada por uno de los misioneros que quedó pasmado por la traducción del intérprete sobre lo que dijo la vieja: “Que era su dios a quien ella adoraba y temía mucho”.

Todas estas creencias hicieron difícil la evangelización pues incluso los indios temían al bautismo: “Como si fuera Acíbar o veneno, retirándose a lo interior de La laguna, a las isletas que hay allí y apenas se tenían allí como seguros de la peste que les traía a sus tierras”.

En el compendio de “Don Vito” escrito en 1938, refiere el Annua de 1598 referente a los atemorizantes episodios del Padre Espinosa quien dejó una carta donde escribe lo que vivió.

Fue en ese Febrero de hace 421 años que tuvo conocimiento de una entidad que los nativos con el miedo a flor de piel llamaban “Cachiripa” el cual era nada más y nada menos que ¡El demonio!

Dejó constancia de las traducciones que su intérprete hizo de las entrevistas a los indios quienes creían en este ser malévolo que todos afirmaban haberlo visto alguna vez: “En la forma de un negro terrible y espantoso, echando sangre por la boca y oídos y fuego por los ojos”.

Según ellos ese demonio les ordenaba armar mitotes donde se emborrachaban con peyote y en el colmo de la brutalidad los hacía que mataran a sus hijos.

Contempló estas atrocidades y como se tiraban llenos de espanto cuando se originaban los torbellinos de tierra. Los sacrificios de infantes era algo muy común entre esa tribu que posiblemente debido a las propiedades alucinógenas del peyote creían ver “la cosa mala”. Aparte de eso también les horrorizaban los fenómenos celestes entre ellos las estrellas fugaces.

“Cuando muere alguno de estos gentiles hacen lo suyo extremo sentimiento; muriendo aquí un indio cristiano lo lloró su madre no creyente muchos días, si llorar se puede llamar cantar y bailar todo este tiempo, por las mañanas y tardes alrededor de su sepultura. Más esto lo hacen con tan tristes gemidos y alaridos que pone grima oírlos; la materia de sus lamentaciones y endechadas es referir la vida del difunto. Se embijaban o píntase los rostros tristemente que parecen la misma figura de la muerte”. Los que aún no eran bautizados tenían cámaras mortuorias en cuevas según sus costumbres.

La creencia en un ser malvado y la muerte misma es antiquísima y los primeros pobladores de Coahuila no fueron la excepción así como la matanza de niños para apaciguar estas entidades diabólicas aconsejadas por algún brujo o agorero.

En nuestra época el simple hecho de pensar en un sacrificio humano nos llena de terror y máxime si se trata de infantes sin embargo para los Irritilas era algo común, parte de sus miedos. Tuvieron que pasar muchísimos años para que estas prácticas, realizadas más que nada por la ignorancia, fueran quedando atrás.

Sin embargo al igual que las otras tribus que poblaban nuestra tierra, algunos Irritilas estaban conformes con su modo de vida a pesar de las supersticiones. Pero…¿Cuál sería el sentir de sus mujeres ante semejantes actos?

Es cierto que la llegada de la bota colonizadora ayudó a erradicar estas matanzas en los Irritilas como en otras etnias y los evangelizadores tumbaron la creencia en el sanguinario demonio Cachiripa, pero… fue el cuento de nunca acabar, pues sólo les trajeron a cambio enfermedades y el temor al diablo o Satanás. Los pocos Irritilas que quedaban ya en el siglo XVII prácticamente se extinguieron.


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