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Luz y sombra en el Día del Padre

Sin importar clases sociales, en diversos hogares hay rechazo a los padres de la tercera edad

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Luz y sombra en el Día del Padre
Con 97 años de edad José Socorro Suárez García desde la década de los cuarenta era saxofonista en las orquestas locales.
Monclova, Coah.- Con champaña, whiskey y manjares algunos celebran el Día del Padre, pero en la luz y sombra de la vida otros hurgan en contenedores o extienden una lata vacía apelando a la misericordia de transeúntes para que arrojen una moneda porque hasta carecen de un hombro donde apoyar la cabeza.

Otros se alimentan de inolvidables episodios de felicidad de hace muchos ayeres como don Pepe cuya longevidad la explica con tres palabras; “soy muy feliz” y es que con 97 años de edad aún le saca intenso lustre a la vida en el Asilo de Ancianos.

En el menú que le ofrece su existencia, dice que su platillo favorito es saborear la vida, por lo que este Día del Padre, don José Socorro Suárez García lo disfrutará bailando danzón en esa guardería de adultos mayores como lo hacía en la década de los cuarenta en el diminuto Monclova de la época con las notas musicales de ese ritmo alegre y contagioso de origen cubano.

En el lado oscuro del destino, otros padres monclovenses deambulan por las calcinantes calles de la ciudad donde los intensos rayos solares derriten sentimientos, tal vez ni siquiera recuerden la celebración atareados en la esperanza de que alguna moneda por misericordia caiga en la lata que colocan frente a la vista de peatones.

Otros hurgan en el fondo de contenedores con la mirada de un lado hacia otro en busca del preciado aluminio de latas vacías de cerveza, pero al final de la jornada de varios días, mucho esfuerzo y solamente algunos pesos de utilidad en el bolsillo. La ropa está sucia y limpiarla también cuesta trabajo y recursos.

Sin importar clases sociales desde la opulencia hasta la pobreza extrema, en algunos hogares hay rechazo hacia los padres viejos y los alejan porque están sucios y viejos, o porque siempre repiten la misma plática, pero son padres que a sus hijos de niños les contaban cada noche la misma historia hasta que se dormían.

A otros no les gusta la compañía del anciano padre por su lento andar y consideran les estorba en el trayecto hacia algún sitio, pero olvidan que cuando eran niños les sujetaban ambos brazos para guiarlos lentamente y enseñarlos a caminar en casa o alguna plazuela.

El inventario de años es vasto en el Asilo de Ancianos pero las décadas acumuladas no bloquean la felicidad, y en este Día del Padre los huéspedes esperan la visita de sus hijos pero de no ser así, el sentimiento adverso no estropeará sonrisas ni algarabías porque están vacunados contra el reciclaje de episodios desagradables.

José Socorro Suárez García casi llega a la cifra mágica de 100 años de edad, el siglo al cual espera ser remolcado por su optimismo y amor a la vida. Los recuerdos de don Pepe viajan a inicios de la década de los cuarenta en plena Segunda Guerra Mundial cuando en el vientre de Monclova estaba ya en plena gestación Altos Hornos de México cuya construcción destacaba a poca distancia de los caseríos.

Saxofonista de los buenos, don Pepe dice que amenizaba los bailes en diversas orquestas donde trabajaba, estaba en todo su apogeo el danzón y los eventos se llevaban a cabo en el interior de la Presidencia Municipal o el Teatro Obrero ya demolido.

Al hojear su juventud, afirma que trabajó con las orquestas monclovenses Casino, Carta Blanca, Bohemia, Monclova, entre otras. Es viudo y padre de siete hijos de quien espera lo visiten este domingo en el Asilo de Anciano, la casa de la felicidad como se le define también.

José Socorro espera sacarle brillo al piso este Día del Padre con algún danzón, vals o algún boleto como lo hacía en las tertulias durante su juventud donde para retroceder y llegar a esos episodios, el trayecto es de únicamente tres o cuatro segundos de inversión. El reencuentro es con el trombón, saxofón, piano, trompeta y violines, instrumentos típicos del danzón, la algarabía, júbilo y alegría natural de la juventud que solía pasear por los vergeles de Monclova.

Don Pepe, aclara sin titubear; “si en este Día del Padre mis hijos no me acompañan, no me preocuparía mucho porque lo principal es saborear la vida”- ¿Bailará usted sus danzones aquí en el asilo?, se le pregunta, y exclama; ¿válgame!. Espera entonces que la presidenta del patronato Juanita Vázquez Charles programe esa música que tanto le apasiona.

DON PAQUITO


Francisco Almaraz de la Rosa, tiene 89 años de edad, pero luce como de 72, es originario de San Buenaventura y afirma que disfruta de perfectas condiciones de salud con excepción de algunas dificultades con la próstata.

“Trabajé en comercios y camiones de carga, en talleres mecánicos, en mi matrimonio procreamos 3 mujeres y 2 varones”, dice don Paquito como le conocen sus compañeros del asilo, es hermano del párroco Gilberto. Afirma que sus hijos frecuentemente lo visitan en el lugar.

VIVE CONTENTO


Fernando Ramos Alfaro, también está en el asilo y aunque nunca fue padre, hoy a sus 75 años de edad vive feliz sin romance alguno con amarguras o frustraciones, “por el contrario, está contento porque ya puede caminar a diferencia de cuando llegó al lugar hace casi 3 años, de hecho convertido en minusválido”.

Los padres de edad avanzada son dueños de la experiencia, y con sus hilos plateados cubriendo su cabeza esperan abrazar hoy a sus hijos algunos ya sesentones, al igual como lo hacían cuando eran niños y les enseñaban a comer.

El cuerpo cansado de los padres de edad avanzada lucen encorvados, pero la cabeza nunca agachada, la mirada bien centrada y abundan los recuerdos de una vida pasada. Hay jóvenes que al imaginar el futuro sienten escalofrío de terror al verse en la senectud y en precarias condiciones económicas.

Hay hombres viejos y dueños de experiencia pero que han sufrido la crueldad de la naturaleza, sin embargo no consideran la vejez como burla porque la gracia y fuerza no desaparecen. En diversos puntos de cualquier ciudad hay padres ciertamente olvidados por los hijos, ellos siempre tienen una historia que contar. Otros prefieren guardar silencio porque hablar significa reabrir una herida que difícilmente cicatrizará.

Hijos que rechazan a su padre porque están sucios y viejos o porque siempre repiten la misma anécdota, pero son padres que a sus hijos de niños les contaban cada noche la misma historia hasta que se dormían.

Hijos crueles que rechazan a su padre porque lucen sucios y rehúsan bañarse como si no recordaran cuando de niños inventaban mil pretextos para no entrar al agua, si acaso sacudirse el polvo del pantalón de mezclilla después de jugar intensamente con canicas o a las luchitas con sus amigos en la calle.

O en los tiempos actuales de regaños del hijo contra el padre por la lentitud o torpeza de adaptarse a las nuevas tecnologías principalmente en teléfonos celulares o televisores inteligentes. Olvidan quién los auxilió en el aprendizaje de las primeras letras del abecedario.

Historias de padres enviados por sus hijos a algún asilo en respuesta a la edad, pérdida de memoria o por perder frecuentemente el hilo de la conversación, tal vez a exigencia del yerno o nuera como en argumentos de telenovelas, pero hay múltiples casos reflejados en sucesos reales.

Otros padres de edad avanzada prefieren voluntariamente ingresar a algún asilo antes que soportar regaños por sus piernas cansadas imposibilitadas para seguir el paso del resto de la familia como si los hijos no recordaran cuando siendo bebés su padre los sujetaba de ambos brazos para ayudarles a dar los primeros pasos con sonrisas como fondo musical.

No todo es frialdad, hay hijos que en esta fecha tan especial llevan serenata a sus padres y en no pocas ocasiones las gotas se deslizan por las mejillas, regresan recuerdos de la infancia, anécdotas, episodios alegres o tristes, o simplemente por la conciliación después de algún desencuentro familiar.

Lento andar, espalda curva, bolsas en los ojos, cabellera escasa y blanca es el retrato típico de edad avanzada. Hay ancianos que deambulan por las calles monclovenses ni siquiera saben que este domingo se celebra el Día del Padre. Son mendigos, para ellos no hay programas sociales, ni de “68 y Más” porque no hay quien los oriente; son los olvidados pero con alma de acero. Feliz Día del Padre.


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