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Marcela Serrano habla sobre su novela más reciente: El mato

La autora cubre honesta su pérdida familiar

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Marcela Serrano habla sobre su novela más reciente: El mato
Foto: Zócalo | Archivo
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Ciudad de México.- En el duelo por su hermana Margarita, renunció a la ficción. La escritora Marcela Serrano se retiró al campo chileno durante 100 días, devastada por la pérdida.

Hasta su aislamiento, recuerda, llegó la noticia de la muerte de Nicanor Parra, poeta mayor de Chile. En la fotografía de un periódico, vio el ataúd en la Catedral de Santiago cubierto por un manto de patchwork cosido por Clara Sandoval, el “vientre más fecundo de Chile”, madre del escritor y la cantautora Violeta Parra.

La escritora decidió entonces que cosería un manto de palabras, cuadro a cuadro, para Margarita.

Su muerte, define, fue como si hubieran “arrojado una bomba atómica” sobre las cabezas de las hermanas Serrano: “Fuimos siempre cinco”, escribe la novelista. “Se ha roto, irreversible, nuestra fanática identidad”. Cinco hermanas criadas por un padre “excéntrico y genial” para ser solidarias en lugar de competitivas.


En El Manto (Alfaguara, 2019), el libro resultante, no hay ficción. No podría haberla sin que a la escritora le resultara una impostura narrar desde otra voz, inventarse un personaje. Es incluso la primera vez que escribe desde el yo, y le gustó.

Pero, ¿y el pudor?

“Eso es muy jodido, la verdad, porque en el fondo uno hace opciones, uno dice: ¿hablo desde la verdad o la maquillo?”, responde desde su confinamiento en el campo, ahora por el Covid-19. “Yo quería hacer un texto honesto, así que el pudor que se fuera a la mierda”.


“Me causa creer que alguna vez escribí ficción”, confiesa Serrano ya en el libro. “Hoy, convertida mi vida en realidad pura y cruda, ¿qué espacio habría para la verdad de las mentiras?”.



Vía telefónica, la escritora disipa cualquier duda: “Comprendí que toda ficción era innecesaria, que no se podía hablar desde ahí. Jamás podría haber escrito inventando que un personaje estaba en duelo”.


Un camino distinto para alguien que ha escrito tantas novelas, entre ellas Nosotras que nos Queremos Tanto y Lo que Está en mi Corazón, premios Sor Juana Inés de la Cruz 1994 y Planeta 2001, respectivamente; ficción pura.

De hecho, la ficción ya ha quedado para ella un poco atrás. “Algo me pasó con la ficción que voy a tener que resolverlo”, admite.

Periodista, Margarita Serrano nunca fue inquisidora. “Contaba con aquella rara capacidad”, según escribe Marcela, “de equilibrar las grandezas y las miserias en sus entrevistados”.

Fue compañera de juegos de la escritora. Y no tenía el menor sentido del miedo. Era la diversión de la familia.

La escritora llegó al campo para escribir sobre ella el 1 de diciembre de 2017, tres días después del fallecimiento, y tres cánceres, uno cada 10 años.

“Convivo con la muerte como lo haría una pareja mal avenida, con reticencia, con suspicacia, con rabia, pero al fin y al cabo con intimidad”, escribe.


En su escritura, Serrano acude a Elías Canetti -su cómplice y su consuelo-, como a Philip Roth, quien narró en Patrimonio toda la enfermedad de su padre hasta su muerte.

El relato de la autora coexiste con la historia reciente de su país; la dictadura y su propio exilio. Era militante de izquierda al momento del golpe militar del 11 de septiembre de 1973. “El exilio como un duelo”, asienta.



“No hay nada que yo haya escrito que no cruce la historia en Chile”, añade Serrano, quien tenía 22 años cuando partió de su patria. “Nuestra dictadura fue tan feroz que es imposible que nadie en nuestra generación no esté cruzada por ella”.


A raíz del duelo por su hermana pensaba mucho en los cuerpos. El cuerpo enfermo, el cuerpo doliente. Y en cómo los cuerpos conducen al drama de los desaparecidos.

Remite, por ejemplo, a la leyenda de Antígona.

“Miles de Antígonas”, escribe, “han marchado por las calles de nuestro país en vano”, finalizó la autora de Antigua Vida.


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