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[Arte]

Memorias de una revolución

Henri Donnadieu, fundador del mítico bar gay El 9, escribió un libro de recuerdos sobre la importancia cultural del lugar

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Memorias de una revolución
Foto: Zócalo | Archivo
Saltillo, Coah.- En 1975 el francés Henri Donnadieu llegó a México “solo y sin idea de qué hacer en un nuevo país”. Aun así, su idea de que la diversión era necesaria para la sociedad, lo llevó a abrir El 9, bar que se convirtió en todo un pilar de la cultura de la época y que, además, dejó innumerables marcas y memorias en el imaginario social de la Ciudad de México.

Esos recuerdos son recogidos en La Noche soy Yo (Planeta, 2019). Libro que Donnadieu escribió para rendir un homenaje a ese centro de desenfreno y placer dionisiaco, en el que lo más importante era “la magia de la noche”, esa emoción colectiva que se forma con el cuerpo, el sudor y el alcohol, la música y el placer de todos.

Según el francés “hace 30 años la sociedad mexicana era una, ahora es otra”. Ese cambio fue el motivo para reencontrarse con ese reino del que él es amo y señor, ya que el año pasado decidió reabrir el antro. Esto le permitió regresar al pasado para mirar, desde el ayer y el ahora, la marca que El 9 ha dejado.

“El regreso ha sido difícil ya que nunca pensé en escribir estas memorias. Tengo un año desde que reabrí el bar y apenas se está viendo cómo la cosa empieza a moverse: la gente llega, se organiza y apenas empieza a fluir lo que llamo ‘la magia de la noche’, que es cuando miras que todas las personas están felices y festejan como si fueran una sola.

“Lo difícil ha sido saber que las cosas han cambiado muchísimo. No es lo mismo ahora que haber abierto El 9 hace 30 años. Todo ha cambiado, incluso el sentido de la noche. Antes había vida nocturna de lunes a domingo y ahora, a lo mucho hay los fines de semana. Es una cuestión de seguridad”, comentó el fundador en entrevista con Zócalo.



El movimiento

Hace tres años el periodista Guillermo Osorno escribió un libro de crónicas llamado Tengo que Morir Todas las Noches. La publicación se dedicó a recavar las historias que sucedieron tras la puerta del antro. En él aparecen entrevistas a Donnadieu y las memorias de una generación paradójica que vivió sucesos dolorosos, como el del terremoto del 85, pero que también asistieron al nacimiento de la nueva cultura mexicana.

“El 9 fue un gusto mío, lo hice para disfrutarlo sin el pensamiento de que fuera a trascender. De lo que me di cuenta es que desde la crónica de Guillermo Osorno, sí se ha visto una imagen de El 9 como algo que nos marcó. El bar es una figura que, bajo el lema ‘Tengo que morir todas las noches’, se convertía en un mundo en el que yo tenía que morir todas las noches para renacer al día siguiente. Tenía que reinventarme para dar algo diferente a los clientes.

“El fenómeno que provocó ese libro fue sobre la generación que conoció El 9. Ellos comenzaron a recordar ese mundo nocturno, esas noches. En él mi figura también se vio rescatada, pero sobre todo de ese lugar que siempre ha sido considerado un icono cultural de los 80. Creo que fue el sitio que marcó más a México desde el punto de vista de la apertura, de la sexualidad y de muchas otras cosas”.

México a finales de los 70 era un lugar agreste para los homosexuales. La represión estaba a filo de navaja. Era una generación que pedía un cambio, como señaló Donnadieu.Su tiempo no era el de los nacidos después del dolor de la Segunda Guerra Mundial, pero sí el de aquellos que vivían bajo la paranoia eterna de una posible guerra nuclear. Era una época en que se vivía el momento con rapidez para no perderse la vida.

“Mi generación vivió a prisa, nuestra necesidad revolucionaria era con la sexualidad, era buscar una revolución sexual. Porque estábamos todos contra todos. Cuando llegó el sida fue algo terrible, un caos debido a que nuestra sexualidad también era desenfrenada. Ahora ya nadie recuerda el sida y eso es grave, porque es una enfermedad que marcó a mucha gente y dejó muchos muertos. Ahora la sexualidad es más fácil. Pero no hay que olvidar lo que pasó antes, hay que tenerlo frente a nosotros. Creo que El 9 nos hace recordar eso y ver qué es lo que viene”, dijo.



Actualidad

La multidisciplina que afectó a El 9 dio paso a movimientos culturales de índole musical, pues fue ahí donde los grandes grupos que tiene México ahora, se dieron a conocer: Café Tacvba, Caifanes, La Maldita Vecindad y demás. También el cine tuvo su romance con los tragos ahí servidos, ya que Alfonso Cuarón, Alejandro González Iñárritu y Emmanuel “el chivo” Lubezki, pasaron por sus puertas. Pero además fue la cuna de la contracultura mexicana, ese movimiento intelectual que nació a raíz de una revista editada por el bar, en la que participaron nombres tan importantes como Carlos Monsiváis y Pita Amor.

“Todo ese movimiento artístico que se dio en el centro nocturno que fue mi bar se dio de manera natural. La tesis que le dio origen parte de la idea de que si queremos que la gente se acerque a la cultura, también hay que darle diversión. Pero El 9 nació al revés: buscaba dar diversión y llegó la cultura. Nunca pensé en esa idea de trascendencia, sino que se vio esa evolución natural y necesaria, pero que tiene que ver con el hecho de que era un lugar de libertad para todos.

“Dentro de El 9 había un mundo para liberarse, afuera existía un mundo de mucha represión en contra de la homosexualidad y la identidad de cada quien, independiente de su sexualidad. El que se convirtiera en ese lugar fue algo inconsciente porque tenía cinco semanas de haber llegado a México cuando lo abrí, y no tenía idea de cómo era el país en ese sentido, pero pasó y di un lugar para esa revolución”, concluyó.



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