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Monclovense revoluciona la ciencia

Las investigaciones en nanotecnología del doctor Víctor García López, son un importante logro en beneficio de la humanidad

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Monclovense revoluciona la ciencia
El pasado 2 de octubre de 2019, recibió el premio de carrera del Fondo Burroughs Wellcome (BWF) en Carolina del Norte.
Monclova, Coah.- La curiosidad del hombre ha sido la principal fuerza motriz de innumerables logros a lo largo de su historia. El ansia de saber y crear lo llevó a realizarse cuestionamientos obligándolo a investigar y experimentar.

Tal fue el nacimiento de la ciencia como un sistema ordenado de conocimientos estructurados que estudia, investiga e interpreta los fenómenos naturales, sociales y artificiales.

Una de sus ramas más importantes es la química, que analiza la composición, estructura y propiedad de la materia, así como los cambios que experimenta durante las reacciones y su relación con la energía.

Grandes nombres como Aristóteles, Antoine Lavoisier, Louis Pasteur, Alfred Nobel, Marie Curie y ya más reciente Linus Pauling y Rosalind Franklin, hicieron inmortales contribuciones a esta área.

En la actualidad, la ciencia ha avanzado increíblemente, al grado que sus conquistas y hazañas no dejan de asombrar al mundo aunque de pronto parezca que los descubrimientos de destrucción han superado los progresos benéficos.

Pero eso no es así, de entre las nuevas generaciones de científicos existen aquellos que trabajan en bien de la humanidad; con sus investigaciones han traspasado la barrera de lo imposible mostrando al planeta un panorama de esperanza.

Las enfermedades más devastadoras que causan millones de muertes en la época moderna podrían ser atacadas con unas máquinas tan pequeñas que ni siquiera el microscopio más potente pudiera detectarlas. Se encargarían de llevar a cierto punto específico del cuerpo humano la partícula correcta para atacar de raíz una determinada célula, bacteria o virus sin dañar otro órgano o tejido sano.

Además, en la industria estos artefactos recogerían otras moléculas para transportarlas de sitio tal cual lo hace una grúa, para cambiar las propiedades y forma de un elemento y hacerlo más conducible; tendrían millones de aplicaciones en la medicina, genética y otras tantas que revolucionarían la vida de los seres humanos tal y como la conocemos.

Esta tecnología es del tamaño de un centímetro ¡pero dividido en 10 millones de veces! y existe gracias a las investigaciones de un científico monclovense que ha dedicado sus estudios para manipular y perfeccionar moléculas generando trabajo mecánico, eso le ha sustentado estar en prestigiados laboratorios de nivel mundial.

El poseedor de este increíble cerebro es el coahuilense Víctor García López, genuino exponente de la química moderna y orgullo de toda la República Mexicana.

SER EL MEJOR LE CUMPLIÓ SUS SUEÑO
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Este científico egresado del Tecnológico de Monterrey, vio la primera luz del día el 7 de marzo de 1988 en Monclova, el más chico de dos hermanos producto del matrimonio formado por el obrero, Ramiro García Silva y Leticia López Banda.

Sus primeros estudios los realizó en la Escuela Primaria Moderna “Venustiano Carranza” y al terminar su instrucción básica ingresó a la Secundaria Federal número 1 Juan Gil González. Su educación media superior la llevó a cabo en el Centro de Bachillerato Tecnológico Industrial y de Servicios (CBTis) número 36 en Monclova; en las tres etapas de su instrucción académica obtuvo la excelencia en calificaciones.

“Mis notas siempre fueron de 10 e ingresé a la especialidad de Laboratorista Clínico”, declaró Víctor en entrevista telefónica durante su estancia en la Universidad Rice en Houston, Texas mientras acababa de recibir la noticia de ganar un premio de carrera del Fondo Burroughs Wellcome (BWF) en Carolina.

Uno de los científicos jóvenes más importantes de los últimos años narró la anécdota que lo hizo abrazar y amar la química, que increíblemente derivó de dos tragos amargos que pasó durante un par de concursos.

Cuando disfrutaba de las vacaciones de invierno durante el tercer semestre preparatoriano, una tarde de enero recibió una llamada donde le pedían que representara a su escuela en un concurso de química. Era el mejor promedio de toda la institución y uno de los concursantes se enfermó y accedió a llevar la bandera.

“Estuvimos batallando con la clase de química, un maestro se jubiló, otro enfermó, durábamos semanas sin clase, así que me fui a la biblioteca Pape para estudiar más acerca de la materia”.

Cuando se llegó el certamen pasó al Nacional y no ganó el primer lugar debido a que existían cosas que no había visto, pero hizo amistad con otros concursantes que le recomendaron unos libros y eso lo hizo prepararse, se interesó en la química de lleno y al siguiente año ya preparado del todo regresó a concursar a la Olimpiada de ese rubro.

“La maestra que nos llevaba se salió, no puso atención ya que decía que nunca ganaba Monclova y sorpresa ¡llegué hasta la final!”.

Pero como sucede en este tipo de justas algo salió imprevisto y la prueba final era una práctica en laboratorio: no iba preparado con indumentaria y otros jóvenes le prestaron la bata y lentes así como guantes: Tampoco ganó el primer lugar.

Sus padres en todo momento lo apoyaban en sus ganas de estudiar, no tenía internet en su domicilio, pero encontró todo en los libros: devoró páginas, estudió los trabajos de brillantes científicos famosos y en la medida de lo posible experimentaba los conocimientos que adquiría.

El director del CBTis 36 en aquellos años, Jesús Alberto González, se ofreció a regalarle libros de esa materia para su mejor formación, pues llegaron a decirle: “Víctor ya no hay más que te podamos enseñar, estás en el tope de este nivel”.

Tras acercarse el final de los cursos acudió con unos amigos a la feria de las universidades llevada a cabo en el Colegio Lasalle, uno de los estantes era del TEC de Monterrey y pidió informes sobre la carrera de Química, pero el estudiar en esa institución es caro.

La doctora Luz María Martínez a cargo de la información, fue muy amable y le explicó que existía un convenio TEC-CBTis el cual consistía en que los mejores promedios tenían derecho a una beca del 90 por ciento del costo, así que… ¡Tenía el pasaporte asegurado pues él era el mejor!

DESDE ESTUDIANTE APORTÓ A LA CIENCIA

Se inscribió en la carrera de Licenciatura en Ciencias Químicas con el pie derecho, pues el curso tenía otra beca del 10 por ciento y por si fuera poco un apoyo de mil 500 pesos al mes para los estudiantes, así que no se preocupó por el dinero, su mente estaba enfocada cien por ciento al estudio.

Durante su carrera se interesó especialmente sobre la nanotecnología, rama que se dedica al diseño y manipulación de la materia a nivel de átomos o moléculas, iniciando una investigación sobre nanotubos de carbono.

Víctor pretendía con ello aplicar los resultados que obtuviera en las celdas solares y hacer más benignos y conducibles los artefactos; durante un año y medio se dedicó a desarrollar esta labor que le dio su primer galardón. Fue la compañía Honey Well, representada por el Premio Nobel de Química Mario Molina, quien le otorgó el premio por el método desarrollado.

“Estreché la mano del importante ingeniero químico mexicano” y consideró que era un plus en su carrera; para el año 2010 aplicó para realizar un verano de investigación en la Universidad de Illinois en el área Metropolitana de Champaign, donde se enfocó al desarrollo de potentes antibióticos para aniquilar las bacterias más resistentes.

Tras un logro más en su novel carrera regresó a México directamente al Centro de Investigación y Estudios Avanzados (CINVESTAV) del Instituto Politécnico Nacional con el profesor Eusebio Juaristi, donde trabajó en la creación de nuevos catalizadores para reacciones orgánicas.

“Esto tendría de beneficio mejorar las reacciones químicas de importancia en procesos industriales”, con eso culminó su tesis de la licenciatura para finalmente graduarse en mayo del 2011 con honores y como dato curioso, durante su carrera fue cuando supo qué se sentía sacar un nueve de calificación.

UNA AVENTURA EN BIEN DE LA HUMANIDAD

En agosto del mismo año el coahuilense hizo su Doctorado y comenzó los estudios que lo han llevado a desarrollar uno de los más impresionantes avances científicos de todos los tiempos.

Tras su primera incursión en la nanotecnología en el TEC de Monterrey (Se entiende por nano o nanómetro, la medida de longitud que equivale a la mil millonésima parte del metro) fijó sus metas y esfuerzos en desarrollar investigaciones que ayudaran a la humanidad.

Tuvo la brillante idea de comenzar a crear máquinas moleculares artificiales que pudieran aplicarse tanto en la medicina como en ramas industriales.

“Son moléculas orgánicas que al aplicárseles un tipo de energía, se mueven de una forma controlada y producen trabajo mecánico”, detalló a un servidor durante la charla concertada gracias al profesor y cronista de Monclova, Arnoldo Bermea Balderas, amigo del científico y su familia.

De trato sencillo y amable, Víctor contestó cada una de las preguntas formuladas por un servidor y en una de ellas detalló en pocas palabras, que su trabajo es producir tecnología en nivel muy pequeño.

“Con esto que he creado se puede desarrollar un mecanismo para transportar drogas al organismo liberándolas en un lugar específico y atacar el origen de cierta enfermedad sin dañar todo el cuerpo”, refiriéndose por ejemplo a las quimioterapias que tienen efectos adversos en gran parte del cuerpo, a pesar de combatir el cáncer.

Estas nanomáquinas alteran la membrana plasmática y matan células cancerosas y superbacterias que resisten la mayoría de los medicamentos, lo que contribuye a crear una nueva alternativa a las terapias convencionales.

En la industria se puede utilizar para producir materiales que cambien forma y propiedades convirtiéndolos en inteligentes y hacer posible que contraiga su propiedad de conducción.

Sus avanzadas investigaciones las aplicó para la tesis de su Doctorado, graduándose en mayo de 2016 pasaporte para la Universidad ETH de Zurich en Suiza (Escuela Politécnica Federal de Zurich, en Alemán Eidgenössische Technische Hochschule Zürich) una de las 10 mejores del planeta.

“Para mi fue un orgullo estar como investigador en una de las instituciones más importantes del orbe en la cual Albert Einstein fue catedrático”, expresó emocionado el doctor, que dijo admirar a quien fue su asesor en ese país, el doctor Francois Diderich, uno de los mejores sabios del mundo.

Durante su estadía de dos años en la importante ciudad europea bancaria y financiera global, increíblemente desarrolló otro tipo de máquinas moleculares que podían capturar a otras más pequeñas desarrollando unas especies de pinzas para la sujeción.

La curiosidad me hizo realizarle una pregunta natural: ¿Cómo saben su funcionamiento, puesto que no pueden observar estos artefactos ni siquiera con microscopio?, Víctor explicó que por medio de algún tipo de espectro y cálculos se comprueba su éxito avalado en todo el mundo.

En septiembre del 2018 se liberó un financiamiento por medio de un concurso altamente competitivo BWF, mismo que ganó García López, convirtiéndose en asociado de Investigación Postdoctoral en el departamento de Química de la Universidad de Rice, donde ha tenido de asesores a los científicos, James Tour y Angel Martí.

Durante un año recibirá su capacitación postdoctoral avanzada otorgándole un estímulo para llevar a cabo en los siguientes cuatro años, sus investigaciones, montando su laboratorio en cualquier universidad que elija de Estados Unidos o Canadá. Este galardón lo recibió el 2 de octubre del presente año en Carolina del Norte.

Sus metas luego del importante premio es comenzar una carrera independiente y formar su propio laboratorio, donde llevaría libremente sus ideas a la investigación, práctica y desarrollo de más nanotecnología que ayude a los humanos e impulsar nuevos científicos.

“Para llegar a este premio expliqué mi proyecto, subí mi curriculum, entre 300 personas que aplicaron, de todas ellas escogieron a 90; en la segunda etapa que fue en enero del 2019 volví a escribir la propuesta y escogieron sólo a 22. En mayo nos hicieron entrevistas individuales quedado solamente 11, entre ellos yo”, recordó satisfecho.

UN LUGAR SEGURO EN LA HISTORIA UNIVERSAL

“Es tan bonito ver que tu trabajo funciona y que ayudará a tantas personas”, aseguró el monclovense que actualmente se encuentra en Houston y que continuamente habla con sus padres para tenerlos al tanto de sus logros.

Sus artículos han sido publicados en prestigiosas revistas de ciencia y portales especializados, en donde explica sus investigaciones y el beneficio que va a obtener la humanidad con ellas.

“Me encanta saber que al pasar de los siglos, mis trabajos, que con mucho amor y dedicación he hecho, van a estar ahí, disponibles para las generaciones venideras”, mencionó.

Mientras otros chicos de su edad salían a divertirse, García López se enfocaba en sus estudios. Cabalmente aceptaba su responsabilidad a sabiendas que en un futuro tendría su recompensa.

Sus orgullosos padres, Ramiro García Silva y Leticia López Banda, tienen un área especial en su domicilio, coincidentemente en la colonia Tecnológico, con todos los reconocimientos de su hijo entre ellos el de Ciudadano Distinguido de Monclova que se le otorgó el 12 de agosto del 2017.

Al cuestionarlo sobre si estaba consciente que ya tenía un lugar asegurado en la historia, el importante científico coahuilense contestó de manera sencilla: “Me motiva que nadie ha hecho lo mismo que yo, hasta ahorita cada proyecto que llevo a cabo es único y me da gusto saber que estoy construyendo un sólido camino para futuros investigadores”.

Actualmente, Víctor ha sentado las bases de una tecnología que parecía imposible; sus triunfos y logros son un modelo a seguir, demostrado que creyó firmemente en sus ideales, tuvo la seguridad de realizarlos por amor a la humanidad.

“La investigación es un factor clave para el progreso y desarrollo de México y del mundo, el hecho de poder contribuir con un pequeño granito de arena me motiva para seguir preparándome y poder formar una carrera exitosa en la investigación”, declaró humildemente quien en un futuro podría ser el primer coahuilenses en ganar un premio Nobel.

El doctor Víctor García López se propuso una meta y luchó por conseguirla, su tenaz temperamento, mente brillante y sencillez lo colocan como un ejemplo para la actual juventud deseosa de figuras que los llenen de orgullo en medio del turbul


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