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hace 1 mes
[Coahuila]

Pesadilla de muchas familias, el covid-19

Quedarse en casa no es estar encerrados, es estar a salvo.

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Pesadilla de muchas familias, el covid-19
Don José “N” perdió la vida víctima del Covid-19 a sus 65 años.
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Sabinas, Coah.- “El dolor en el presente se experimenta como ofensa, en el pasado se recordará con enojo y en el futuro se apreciará como una gran lección”. Deepak Chopra.

Para muchos es una guerra entre las naciones más poderosas del mundo, para otros un invento del Gobierno, pero para muchos más es lo que le arrebató la vida a las personas que aman.

En exclusiva para periódico Zócalo, Sofía “N”, radicada en la ciudad de Sabinas, narra su historia de cómo perdió a su padre víctima del Covid-19 y la pesadilla que ha enfrentado su familia con varios contagios como secuela de lo mismo.

El domingo 10 de mayo por la noche sonó mi teléfono, era mi papá que vivía en una ciudad del sur del país, llamaba para felicitarme por el Día de las Madres, en esa llamada lo escuché con algo de tos y su garganta irritada, me dijo que había llovido mucho y a él siempre le afectaban los cambios de clima.

Cada noche en punto de las 11 recibía un mensaje de él para darme las buenas noches con bellas imágenes, eso hacía religiosamente todos los días.

Mensajes que dejé de recibir desde el miércoles siguiente, pasaron dos días y comencé a inquietarme, lo llamaba y no respondía, se acercaba mi cumpleaños y sólo un día antes, uno de mis hermanos llamó para decirme que algo pasaba con la salud de mi papá.

Semanas antes él visitó a una de sus amistades que tenían un hijo grave por contagio de Covid-19.

Según mi papá, eso era un invento de los médicos, que tenían la instrucción del Gobierno de diagnosticar todas las enfermedades como contagios de Covid-19.

A sus casi 65 años él era un hombre sano y fuerte, por años su deporte fue el tenis y su condición física era excelente.

A los 10 días de esa visita empezó con dolores de cabeza, fiebre y cuerpo cortado, rápidamente la fiebre llegó hasta los 39 grados, al punto de hacerlo convulsionar; su nivel de oxígeno en la sangre bajó hasta llegar a un 84% y por ningún lado conseguían un concentrador de oxígeno.

Lo internaron en un hospital particular y le practicaron la prueba, que arrojó un resultado positivo.

Le realizaron una tomografía de tórax y sus pulmones ya presentaban un cuadro de neumonía.

Todo ocurrió en un intervalo de cinco días.

Llegó el día de mi cumpleaños y recibí su último mensaje, su última felicitación, resistió hasta que pasara mi aniversario; al día siguiente por la mañana murió de un paro respiratorio.

Todo parecía un cuento de horror, sólo una semana antes conversé con él.

¿Cómo en una semana un hombre sano pierde así la vida?

No hubo funeral, sólo un servicio crematorio le entregó a su esposa la urna con sus cenizas.

No podía salir de mi asombro, no me pude despedir de él, no pude hacer nada, sólo pedirle a Dios que lo recibiera ante su presencia.

Por precaución y protocolo sanitario las personas de la familia que estuvieron cerca de él se realizaron las pruebas dando un resultado positivo su esposa, mi hermano, mi cuñada y una hermana de su esposa.

Hoy mi cuñada se debate entre la vida y la muerte, es mamá de dos niños pequeños, la pesadilla en la familia parece no terminar, no importa dónde residimos, nadie puede estar lo suficientemente cerca.

Sólo pedimos que nuestra oración y nuestra fe llegue al que todo lo puede, pedimos que todos aquellos que no creen que esto sea real, sigan siendo tan afortunados para que cuando la pandemia llegue a su fin, puedan seguir diciendo que todo fue una mentira, un invento.

Porque para muchos otros será un aniversario luctuoso, para mí el virus que me dejó huérfana, que le arrebató la vida a mi padre, como el cáncer lo hizo pocos años antes con mi madre.

Bien dicen que el hubiera no existe y en esta crisis los verdaderos asesinos son la ignorancia, la desinformación, la necedad, la apatía y la irresponsabilidad.

Si algo aprendimos de esta experiencia es que con la vida y la salud no se juega.

Que nunca hay que dejar para mañana un abrazo, una palabra de amor, una reconciliación...

Pero sobre todo aprendimos de una manera muy cruel, que la ignorancia dura hasta que hay una muerte en la familia.

Mi papá no tenía ninguna necesidad de salir, pero demasiado tarde entendió que estar en casa no era encerrarse, era ponerse a salvo”. Sofía “N”.


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