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hace 2 semanas
[Arte]

Recuerda al jinete del color espiritual: Paul Klee

Conmemora Zócalo el 80 aniversario luctuoso de uno de los pintores más relevantes del siglo 20

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Recuerda al jinete del color espiritual: Paul Klee
La pintura Gato con Ave es, quizá, la obra más conocida del artista suizo.
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Saltillo, Coah.- “El color me posee. No siempre me posee. Ese es el significado de esta hora feliz: el color y yo somos uno. Soy un pintor”, esta lapidaria frase es de Paul Klee, uno de los más relevantes artistas suizos del siglo pasado gracias a su capacidad de manipular el color y sorprender al espectador de sus obras.

Pintor y dibujante, Klee cumple hoy 80 años de su muerte en 1940 y celebra, también, un renombre que se debe a su línea precisa al dibujar las figuras básicas que componían sus piezas y enfrentar a su público ante la ambivalencia que sucinta la belleza y la fealdad.

Klee nació en 1879, en Münchenbuscsee, Suiza. Sus padres, un alemán y una suiza, eran músicos, lo cual causó, naturalmente, que el joven creador se enfocara primero en el arte del sonido, siendo un violinista de enorme talento, tanto así que a los 11 años se le invitó a tocar como miembro extraordinario de la Asociación de Música de Berna.

Aún así dejó la música por “la idea de ir a la música de forma creativa en vista del declive en la historia de la música”. Así, durante su adolescencia fue cuando comenzaron las primeras pinceladas, los trazos, las líneas que definiría como “puntos que caminan”.


El jinete azul

El arte para Klee es una forma de darle sentido a la vida, por eso nunca se preocupó por llegar a la pintura a sus 17 años, tal como él lo dijo: “Lo principal no es comenzar a pintar precozmente, sino ser primeramente un individuo. El arte de dominar la vida es el requisito previo para todas las demás formas de expresión, ya sean pinturas, esculturas, tragedias, o composiciones musicales”.


Después de estudiar bajo la tutela de Heinrich Knirr y Franz von Stuck en Múnich, viajó a Italia y a su regresó se encontraría con los pintores Vasili Kandinski y Franz Marc, dos de las grandes figuras de la vanguardia europea, quienes fundaron el Blaue Reiter (El Jinete Azul), grupo pictórico cercano a la corriente del expresionismo, con quienes Klee compartía muchas ideas.

A la disolución del Blaue Reiter, el pintor comenzó una serie de viajes que lo llevaron a Italia, en 1914, y Egipto en 1928, tierras que influenciaron fuertemente su obra especialmente en los espectros lumínicos.

Klee no se mantuvo indemne a los movimientos sociales de la época, como la Primera Guerra Mundial, en la que sirvió como soldado alemán, así finalizado el combate se desempeñó como maestro en la mítica escuela Bauhaus y en 1931, en la Academia de Bellas Artes de Düsseldorf, donde los nazis denunciaron su arte, causando su exilio y regreso a Berna en donde se le diagnosticó esclerodermia, enfermedad degenerativa que terminó con su vida el 29 de junio de 1940.



Los sueños terribles

Paul Klee era, ante todo, un observador de la vida. Las largas caminatas entre la naturaleza, mirar los destellos de la luz sobre las cosas y los pensamientos que esto le generaba lo llevaron a decir que “Todas las cosas que un artista debe ser: poeta, explorador de la naturaleza y filósofo”.

Fue esa búsqueda interna la que lo llevó a plasmar en sus obras figuras y escenarios cercanos a los sueños y al surrealismo, con trazos casi cubistas y geométricos con elementos que estuvieron cercanos a él toda la vida: la música, la belleza, la fealdad.

Ya que para él “lo hermoso, que quizás es inseparable del arte, no está después de todo vinculada a este asunto, sino a la representación pictórica. De esta manera y en ningún otro arte se supera lo feo evitándolo”.


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