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hace 1 mes
[Saltillo]

Sanan su vida con oración

Iglesia Cristiana Pueblo de Dios los llama milagros y asegura tener registrados 130

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Sanan su vida con oración
Saltillo, Coah.- Adriana Vianey Quintana Vargas sufrió durante gran parte de su vida maltratos y desilusiones que la llevaron a intentar el suicidio y al vicio.

“Desde que era niña trataron de abusar de mí. De los 8 a los 12 años intenté suicidarme por la vida que llevaba de maltratos, crezco, tengo un niño, él fallece, a partir de ahí yo conozco de las drogas, me refugio en las drogas, en el alcoholismo, caí en lo más bajo que viene siendo la prostitución, fue un proceso de 15 años aproximadamente.

“Me hablaron que había un Dios vivo que podía transformar mi vida. Yo era una persona muy rebelde a causa de la vida que llevaba, no quería saber nada de eso, ponía un alto, incluso a la persona que me hablaba que había un Dios que podía transformar mi vida, la corría de mi casa”.

En el fondo, ella pedía ayuda, sabía que había un Dios que podía salvarla. Cuando me rindo, y digo ‘ya quiero cambiar mi vida’, vengo a este lugar, la persona que me habló de un Dios, él tocó mi corazón y borró todo mi pasado. Dios te llena ese vacío que tu sientes, ni un centro de rehabilitación, ni un sicólogo, transformó mi vida.

“Me siento plena, llena, soy feliz porque hoy puedo vivir sin drogas sin adicciones; hoy Dios es el que suple todas mis necesidades”.



LESBIANISMO

María N., comparte que su corazón estaba aniquilado por falta de amor y esperanza, y que la llevó al lesbianismo.

“Había mucha soledad, vacío, un matrimonio destruido, unos hijos solos, desamparados y una mujer destrozada, aparentemente viva, pero muerta por dentro, era una muerte en vida, así era mi vida.

“Cuando buscas el amor en las personas, en tu pareja, en tus hijos, en la familia que te rodea, crees que eso es todo lo que vale para ti, y cuando no tienes esa respuesta de parte de ellos, sientes que no vales nada. Cuando un hombre te dice que siempre hay alguien mejor que tú, es como derribar tu vida, tu identidad como mujer”.

Al no sentirse valorada por su pareja, pensó que nadie más la valoraría en el mundo, ni ella misma.

“Esto me llevó a una vida muy desordenada, empecé a buscar amor en otros hombres, en otras personas, me llevó a la amargura, al resentimiento, a la falta de perdón, a estar tan enojada con mi esposo, me olvidé de mi entorno, mi esposo, mis hijos. Lo único que quería era busca quien llenara ese vacío en mi corazón.

“Después de buscar en tantos hombres, conocí a una mujer, me incliné hacia el lesbianismo, con ella duré aproximadamente 6 años. Estaba decidida a divorciarme, olvidarme de mis hijos, sin embargo, después comprendí que ahí no estaba mi felicidad, sino que había algo mejor.

“Algo me hizo recapacitar, llegó Dios a mi vida y ahí fue donde conocí la voluntad de él, y entendí el verdadero propósito que Dios tenía para mí, para mi esposo, mis hijos”

En un momento de su vida una persona le habló de Dios. “Fue como si algo hubiera entrado en mi corazón y me hubiera sanado, me hubiera juntado cada piececita de mi corazón”, dice con los ojos llenos de lágrimas al dar gracias a Dios por haber restaurado su matrimonio.


SANADA

Alma Ordóñez Muro fue diagnosticada con cáncer en la matriz en marzo del 2012. Esa noticia la llevó a refugiarse en la religión y seis meses después los especialistas del Hospital Universitario no encontraron rastros de células cancerígenas ni explicación alguna.

“Me diagnosticaron cáncer en la matriz, fue una noticia que no me esperaba, realmente solo iba a recoger unos estudios que me habían hecho y el oncólogo me dice que me tenían que hacer quimioterapia, me impactó la noticia y solo pensaba en mis hijos chiquitos y la mente inmediatamente lo asocia con muerte”.

Seis meses antes de la noticia había fallecido su abuela, entonces fue una noticia muy devastadora para ella, pero no la compartió.

“Una persona me habló del amor de Jesús, del poder de Dios, y me llevó al Pueblo de Dios para que el pastor orara por mí, él me dijo que no creyera que tenía cáncer, que Dios ya había pagado por todas las enfermedades, que no dudara, porque esa era la manera en que Dios hacía el milagro: creer”.

“Y yo creí, creí por mí, por mis hijos, por mi familia, que Dios lo iba a hacer, entonces el pastor ora por mí. Me acuerdo perfectamente que me da un abrazo y me dice, ‘no lo creas, Dios ya hizo el milagro, te va a sanar”.

A los 15 días, acudió con el médico para que le informara sobre las quimioterapias a recibir. Le entregaron otros estudios; uno de los oncólogos le dijo que no sabían cómo, pero estaba libre de cáncer, le hicieron otro más y salió negativo.


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