×
hace 1 mes
[Saltillo]

Ser sordo, casi como ser invisible

Prefieren perder un cliente que buscar como comunicarse

Imprimir
Ser sordo, casi como ser invisible
Saltillo, Coah.- Una sonrisa, un abrazo o un apretón de manos, puede llegar a expresar suficiente con el cuerpo cuando se es oyente pero no basta para un sordo; expresar sus gustos, dudas o ideales es mucho más complicado en una sociedad que convierte esta discapacidad en ser invisible.

Pese a que existen mecanismos para comunicarse, como la lengua de señas mexicana, su paso en Saltillo es casi invisible.

Miran sus manos con sorpresa y prefieren ignorar, negar el paso, perder un cliente o pedirles que vayan acompañados con algún oyente.

Un conjunto de signos gestuales articulados con las manos y expresiones faciales, mirada intencional y movimiento corporal son el “sonido” de su voz, pero el silencio los condena a ser ignorados.

En un banco le dijeron que regresara con un acompañante oyente

Para considerar su paso por la ciudad no se requiere de semáforos especiales, rampas en cada esquina o caminos pododáctiles. Sino empatía, ciudadanos serviciales e inclusión.

Llegar a un hospital, un banco, el supermercado; realizar un trámite o hasta preguntar una dirección en la calle con lengua de señas mexicana, es la ley del hielo declarada hacia los débiles auditivos.

Se encaran con una discapacidad poco visible para las autoridades y sociedad en general.

La extrañeza de las personas que miran sus manos lo revela. En sus ojos pueden ver lo que les pasa, pero no quieren enfrentarse al “bochorno” de atender a alguien que no habla.

Bajo la piel de quien no escucha y por ende no pronuncia palabras con su boca sino con sus manos, recorrí plazas comerciales, hospitales, bancos y dependencias de gobierno municipal y estatal. No tenía voz.

Durante una mañana, sentí el rechazo, desdén y poca empatía de quienes te sonríen hasta darse cuenta que no escuchas ni hablas, para luego apartarse, usar las palmas hacia arriba y los hombros encogidos para responder que no sabe cómo ayudarte.

VUELVA CON UN OYENTE

En Coahuila existen aproximadamente 8 mil personas con sordera, mientras que sólo hay cuatro personas que dominan la lengua de señas mexicanas y aunque no están certificados fungen como intérpretes.

La primera parada era un banco, mi solicitud, cambiar un cheque. Las empleadas de caja voltearon a verse sin saber cómo reaccionar hasta que soltó del rollo de bauchers para preguntarme por escrito qué trámite necesitaba hacer. Volví a hablar con señas. No sabe leer, de seguro, dijo.

Las dependientas buscaron en línea el lenguaje a señas para entenderla

Me dijo lento, abriendo la boca y gesticulando que volviera con un acompañante. Un oyente con quien pudieran comunicarse. La pantalla de turnos cambió de número. La empleada terminó con una sonrisa fingida, evadiéndome con la mirada para voltear a ver sobre mi hombro al siguiente cliente.

EMPATÍA

Luego acudí a un hospital. Tardaron 15 minutos para llamar a la única trabajadora social en las clínicas del Instituto Mexicano del Seguro Social en Saltillo para que pudiera atenderme. Fue amable. Empática. Pero se requieren personas como ella para cada clínica.

En el Ayuntamiento de Saltillo, la señorita que me atendió, escribió en papel la pregunta ¿qué buscas? para saber qué necesitaba y sólo pudo direccionarme hacia el departamento de reclutamiento con sus manos. Ahí me entregaron una hoja con los requisitos. “El siguiente”, dijeron.

Aunque sólo un 40% de su comunidad logra emplearse, pero como trabajadores de fábrica u oficios pues aún no existe la inclusión para compartir las aulas de escuelas regulares con los niños con sordera y en los Centros Atención Múltiple sólo los preparan para eso.

A SEÑAS

Al entrar a una tienda de ropa, comencé a preguntar por una talla, un par de señas bastaron para que la trabajadora señalara con sus dedos índices un “no” y me indicó la salida. “No hablo así, no puedo ayudarte”, se disculpó.

Luego entré a una zapatería, me dirigí a una jovencita de 17 años, volteó a ver a la cajera y dijo “está hablando con señas, deja lo googleo”, comenzaron descifrar lo que necesitaba, sacaron papel, plumas, me acercaron zapatos de mi talla aunque su expresión era de vergüenza.

Entonces solté un “gracias”, les expliqué el trabajo periodístico y soltaron una carcajada. Estaban apenadas de no saber cómo comunicarse adecuadamente conmigo. Fueron las únicas personas durante el recorrido mostraron empatía, esforzadas para ofrecerme un buen servicio y entender lo que necesitaba.

Solo una trabajadora del IMSS pudo entenderla

“Pensé, que mala onda, no me contestó ni los buenos días pero enseguida vi tus manos y me retracté, pensé rápido en cómo ayudarte pero si tenía pena, vergüenza de no saber cómo reaccionar sin sorprenderme”, comentó una de las empleadas.

Sólo esa vez no fui ignorada. Escucharon mis manos.

Las manos de miles de personas con sordera en Coahuila, son manos que piensan, que rezan, que extienden la mano para saludar, que expresan y hablan. Pero que también son ignoradas.



Imprimir
te puede interesar
[Seguridad]
hace cerca de 21 horas
[Deportes]
hace cerca de 20 horas
[Coahuila]
hace cerca de 21 horas
[Local]
hace cerca de 21 horas
similares