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[Internacional]

Soy un muerto en vida: taxista asaltado al que la sacaron los ojos

Lo siento por mis hijos, que son los que me cuidan", declaró durante la celebración del juicio contra su presunto agresor

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Soy un muerto en vida: taxista asaltado al que la sacaron los ojos
Foto: Especial
España.- El calvario de José Antonio, un taxista valenciano de 58 años, comenzó en la madrugada del 19 de marzo de 2015. Fue la noche de la última carrera de su vida, la que le costó los dos ojos y le dejó con un síndrome postraumático que le mantiene en un infierno permanente.

"Soy un muerto viviente desde entonces.

Lo siento por mis hijos, que son los que me cuidan", declaró ayer durante la celebración del juicio contra su presunto agresor, Aitor T, el joven de apenas 20 años que se subió a su taxi aquel 19 de diciembre en Valencia y al que se le acusa de clavarle los dedos en los ojos a José Antonio hasta que uno de ellos estalló. Literalmente. Los agentes de la Guardia Civil que testificaron en el juicio confirmaron que hallaron salpicaduras de sangre en el techo sobre el asiento del conductor que se corresponderían con la explosión del globo ocular. Las heridas no alcanzaron el mismo nivel de devastación en el otro ojo, pero fueron suficientes para dejar completamente ciega a la víctima.

José Antonio explicó que recogió a Aitor pasadas las 3:30 horas a la salida de una discoteca en las inmediaciones de la Ciudad de las Artes y las Ciencias y que éste le pidió que llevara a su casa en Ontinyent, una localidad ubicada a 83 kilómetros de Valencia. El taxista expresó sus dudas por el abultado importe de la carrera que, le aseguró, sobrepasaría los 80 euros. Sin embargo, Aitor le indicó que llevaba dinero y le mostró la cartera para superar las reticencias del conductor.

Cuando llegaron a las inmediaciones de la población, José Antonio se negó a entrar por el camino que le indicaba Aitor y detuvo el vehículo junto a un polígono industrial. Y ahí, cuando el taxímetro marcaba 97 euros, fue cuando, según su relato, comenzó la agresión. Aitor trató de salir del coche y, cuando le cogió del brazo para reclamarle el dinero, le saltó directamente a los ojos "como un gato". Ciego, trató de defenderse mordiendo en el dedo al acusado y saliendo del vehículo, pero su agresor le siguió e insistió con sus ojos además de propinarle algunas patadas antes de robarle la mochila con la recaudación.

La versión del supuesto agresor, para quien la fiscal pide 13 años de prisión por las lesiones y el robo, difiere sensiblemente. Aitor confirmó que subió al taxi, pero sostuvo que fue el conductor quien inició la discusión al reclamarle el dinero de la carrera. De hecho, su defensa pidió la absolución alegando legítima defensa. "Le dije que no parara en la carretera, que me llevara a casa y que, cuando llegáramos, le pagaría".

"Le enseñé la cartera para que viera que tenía dinero y me dijo que no era suficiente, que le diera también el móvil. Al final, dio un manotazo y tiró la cartera y yo intenté huir. Empezó un forcejeo y caímos los dos por el asiento del copiloto", declaró el acusado.

Una vez que consiguió huir, indicó, llamó a sus padres para que fueran a recogerles en el lugar en donde se refugió.

La acusación particular, mientras tanto, reclamó para el acusado una pena de prisión de 16 años de cárcel al entender, además, que actuó con alevosía. El letrado del taxista, igualmente, reclamó una indemnización de 760 mil euros. Los guardias civiles que intervinieron en el juicio incidieron en que el acusado, al que se localizó en el hospital, negó en primera instancia haberse llevado ningún efecto del vehículo. Sin embargo, relataron, cuando le pidieron al padre que les entregara los efectos que tuviese les dio la mochila del taxista en la que estaba la recaudación del día, su documentación y un datáfono.

"Creo que nos dio la mochila pensando que era de su hijo. Cuando comprobamos lo que había dentro y que pertenecía al taxista, le detuvimos", indicó uno de los agentes. Los policías locales que realizaron el atestado aquel día confirmaron que al llegar al lugar de los hechos, al que acudieron pensando que se trataba de un accidente, encontraron solo a José Antonio con la cara cubierta de sangre.

En el interior del coche no había rastro de la mochila ni del supuesto dinero que el agresor habría entregado al taxista. Y es que, según apuntaron los policías y los guardias civiles, José Antonio les indicó que la discusión se produjo por desavenencias en el precio de la carrera.

El acusado, según su versión, le habría entregado una cantidad inferior de la que marcaba el taxímetro y, al recriminárselo el conductor, comenzó la agresión.

Los forenses que declararon en la vista, mientras tanto, explicaron que, a su juicio, Aitor trató de simular una lesión que se habría producido como consecuencia del forcejeo. "No había evidencias de que hubiese lesión a pesar de que se le habían realizado varias pruebas, pero el acusado seguía llevando un collarín, lo que nos hace pensar que pudiera estar simulándola", explicaron.

En el mismo sentido, el guardia civil que instruyó el atestado subrayó que el acusado atribuyó todas las lesiones que presentaba al forcejeo con el taxista. Sin embargo, tal y como explicó, pudieron comprobar posteriormente que la herida que tenía en el labio se la había ocasionado un amigo tras una discusión en la discoteca.

"Su amigo nos dijo que él mismo le había dado el cabezado y luego nos lo confirmó otro. Él no nos dijo en ningún momento que había tenido una pelea antes", insistió. Sin embargo, el acusado ya le había contado a José Antonio durante el trayecto que se iba a casa porque había tenido una pelea con un amigo. "Me pareció buen chaval cuando le cogí. Pero luego empecé a ver cosas raras, gestos con la boca y me asusté", rememoró la víctima.


Fuente: El Mundo


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