×
hace 1 semana
[Futbol]

Tenemos un niño buenísimo… se llama Rodrygo: Zidane

Tiene 18 años y su padre sólo 35

Imprimir
Tenemos un niño buenísimo… se llama Rodrygo: Zidane
España.- El chico tenía más ganas de cenar algo y ver las repeticiones de los goles que de repartir abrazos emotivos. "Estaba tan tranquilo. La madre llorando y él a su aire, como si no hubiera hecho nada extraordinario", relatan testigos de los minutos posteriores al final del Real Madrid 6 Galatasaray 0. Tres de los goles habían sido de Rodrygo Goes, un brasileño de 18 años que ha puesto boca abajo el Bernabéu y que parece decidido a triunfar con la misma velocidad con la que el miércoles hizo los dos primeros tantos, en un parpadeo.

La resaca ayer era sabrosa en los despachos de Chamartín por la espectacular presentación de uno de los chicos que son bandera de la -muchas veces cuestionada- política de fichajes jóvenes que el club blanco lleva tiempo aplicando. Esa detección temprana de talento internacional empieza a dar frutos en forma de titulares en el once de Zidane. Como ejemplos: Valverde y Rodrygo.

La primera vez que en el Madrid se escuchó el nombre de Rodrygo fue en 2013, cuando sólo tenía 12 años. La secretaría técnica había encargado a Juni Calafat, por entonces ojeador en Suramérica, que diera con un delantero robusto para el Castilla. Al experto le avalaba el fichaje de Casemiro para el filial, meses atrás. El objetivo era Willian José, ahora cuajado como futbolista de nivel en la Real Sociedad.

Negociando por el ariete con el Santos, surgió una frase habitual en estas situaciones: "Tenemos un niño buenísimo, se llama Rodrygo...". Chivatazos así llegan a los grandes clubes de Europa a diario, siendo imposible el control, filtro y seguimiento de todos. En este caso, Calafat sí vio pronto cosas interesantes en el chico. Algo distinto.

Pero era demasiado joven y faltaba el siempre difícil paso de vencer la adolescencia y no descarrilar. No quedaba otra que esperar, eso sí, sin perderle del radar.

Nick Arcuri, un importante agente brasileño, se hizo pronto con las riendas de la carrera de Rodrygo. Él enviaba por correo periódicamente al Madrid DVD con sus partidos, mientras iba progresando por las categorías inferiores del Santos y de la selección canarinha [debutará con la absoluta la semana próxima]. Un año por delante avanzaba, en el Flamengo, Vinicius, en un proceso similar de vigilancia llevado por el Real Madrid. El ruido de su fichaje destapó a Rodrygo, puesto rápidamente en el mapa global al conocerse que el club blanco también estaba detrás de él. Ahí, en la primavera de 2018, se aceleraron las cosas.

EL PSG Y EL PADRE DE NEYMAR

El Barça, el Liverpool y el PSG se lanzaron a por el jugador de tan sólo 17 años. En el caso del club francés, se desplazó hasta Brasil el propio Nasser Al-Kelaifi, el presidente y delegado del reino de Qatar. Iba de la mano del padre de Neymar, figura siempre atenta a la intermediación y a la correspondiente tajada. "Nunca corrió peligro la operación. Les llevábamos mucha ventaja", cuentan desde el Madrid. Arcuri y la familia de Rodrygo hacía tiempo que tenían muy claras las cosas. La pasión infantil del niño por el escudo de La Castellana y por Cristiano Ronaldo también ayudaría.

A los enviados del Real Madrid a cerrar la contratación a Santos se les quedó grabada una escena de ese momento siempre emocionante que es la firma de un nuevo jugador. Rodrygo, feliz por verse al fin de blanco, rompió a cantar el himno de la Décima. Se lo sabía entero, estrofa por estrofa. El chico pidió que le grabaran y se lo enviaran a Florentino Pérez, quien había dado el OK definitivo al fichaje horas antes. En un fin de semana se hizo la compra por 45 millones de euros. ¿Mucho? Expertos del mercado dicen que es mejor pagar eso por un chico de 17 años, ya con trazas de futbolista casi adulto, que 20 por uno de 16. Casualidades del destino, el contrato fue rubricado en la misma cafetería del Santos donde el Barcelona firmó a Neymar.

Las llamadas postreras de los azulgrana a Arcuri para intentar arrebatar a Rodrygo al Madrid quedaron en el buzón de voz, sin respuesta. Desde ese instante comenzó un periodo clave en el desarrollo del joven delantero, que quedó cedido en Brasil la temporada 2018/19.

PROCESO DE TECNIFICACIÓN

Un colaborador del Madrid pasó a convivir prácticamente con la familia, acompañando a Rodrygo a los entrenamientos y los partidos. Una tutoría que se aliñaba con las visitas mensuales del propio Calafat, en calidad ya de jefe de fútbol internacional de la dirección deportiva del club -su puesto actual-. Al mismo tiempo, comenzaron las clases de español. El plan era ir preparándole para su aterrizaje el año siguiente en Valdebebas. Sus datos físicos de los entrenamientos (chalecos con GPS) se enviaban a Madrid. También se le ponían vídeos de partidos europeos y movimientos de otros futbolistas, como Jadon Sancho, del Dortmund, o de algunos compañeros: los desmarques de Asensio, la pausa de Benzema, el trabajo defensivo de Lucas Vázquez...

Zidane, además de decir que su juego es "alegría", ha valorado también su disciplina táctica. Su orden. Cuentan los que le conocen que aún falta que se suelte. Que no abusa de las filigranas, pero que dispone de un amplio catálogo.

Ya en estas sesiones de tecnificación se le fue orientando hacia la banda derecha. En el Madrid intuían que le sería más sencillo encontrar minutos por ese costado. Él, que siempre había jugado por la izquierda o por detrás del delantero, comenzó a moverse en el Santos en el extremo diestro. Ahí va a debutar con Brasil y ahí tiene una autopista en el club blanco.

En pocas semanas ha pasado del filial a la titularidad con los mayores. Llegó a España con la idea clara de que el Castilla sería su equipo. Allí jugaría tres o 30 partidos, nadie se lo podía garantizar. Él se lo tomó con calma, exigiendo convivir como uno más. Si tenía que hacer seis horas de autobús, las haría. Con el equipo de Raúl González sólo ha disputado dos encuentros.

Precisamente, sólo el actual entrenador del Castilla había marcado un triplete en la Champions siendo más joven que Rodrygo. En el vestuario, con el balón bajo como premio, se abrazó con su buen amigo Vinicius. En el club ven a los dos perfectamente compatibles en el campo.

PADRE DE TAN SÓLO 35 AÑOS, DOMINGOS DE MISA Y CLASES DE INGLÉS

El padre de Rodrygo sólo tiene 35 años. Fue jugador en la Segunda división brasileña y ahora forma parte de la agencia del representante de su hijo, haciendo labores de ojeador. Colgó las botas para centrarse en la carrera de su niño. La historia de Rodrygo no es como la de otros fichajes brasileños, de orígenes extremadamente humildes, como Vinicius. Sin embargo, el sueldo de su padre -en Brasil se gana poco en Segunda- no permitía a la familia más que estrecheces. Rodrygo y los suyos (tiene una hermana pequeña) residen ahora en Madrid en la antigua casa de Julio Baptista, ex delantero del club blanco. Van conociendo poco a poco la ciudad, entre paseos por el centro y salidas discretas a restaurantes brasileños o españoles, aunque lo que prefieren los domingos es ir a misa y hacer un asado para los amigos. El futbolista sigue dando clases para mejorar su español y está a punto de comenzarlas también de inglés.

Fuente: El Mundo


Imprimir
te puede interesar
similares
https://www.zocalo.com.mx/images/site/edit_icon.png