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Tenía unos pavitos que iba a vender y se ahogaron: habitante de Tabasco

Francisco Hernández vive en Ismate Chilapilla y llegó en un cayuco colectivo hasta la orilla de la creciente del agua

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Tenía unos pavitos que iba a vender y se ahogaron: habitante de Tabasco
Foto: Zócalo | Especial
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iudad de México.- Hay zonas de Tabasco donde las comunidades siguen aisladas y sin recibir ayuda tras dos meses de inundación.

Istmate Chilapilla se encuentra en un sistema de lagunas alimentadas por el río Tulijá. Es el punto más aislado de la entidad.

Francisco Hernández vive en Ismate Chilapilla y llegó en un cayuco colectivo hasta la orilla de la creciente del agua, en Cocoyol, para recibir una despensa, una caja con 12 botellas de electrolitos y un kit de cocina.

Relató que el agua inundó su casa repentinamente. Con trabajos consiguió tabiques tipo block y tablas para tener donde dormir. El agua subió tanto que solo se puede llegar a la orilla de la inundación en cayuco. Cada viaje requiere de 10 litros de gasolina, es decir unos 250 pesos. Entre varios vecinos se cooperan para poder salir en un viaje colectivo.

“Hace dos meses estamos crecidos. Si baja cinco centímetros llueve y sube 10 centímetros. No hemos sido censados. Nunca, nunca hemos estado así”, Francisco Hernández, de Ismate.

Hasta el momento ninguna autoridad se ha acercado a ofrecerles algún apoyo.

Por alguna autoridad y únicamente la Cruz Roja ha llegado para darles una despensa, una caja con electrolitos y un kit de cocina. Ha sido todo la única ayuda externa.

Es, sin duda, la más grande inundación que han sufrido en su historia esta región acostumbrada al desborde de ríos, de lagunas y de canales.



“Estamos acostumbrados, pero no tantos meses”, dijo Hernández.

A lo que nunca se acostumbrarán es a la falta de trabajo, a ver sus siembras podridas, a que los peces abandonen los remansos donde solían pescar.

Rosario habita en Sabana Nueva, donde también perdió lo poco que le quedaba.

“Tenía unos pavitos que iba a vender para diciembre se ahogaron. Un marranito que me iba yo a comer también se me ahogó”

El agua no sale. Está estancada.

“Esta 'crecientita’ ya duró mucho... ya no quiero más agua, mis pies y están en carne viva, ya no me quiero meter más al agua”, relató la anciana.

La ayuda humanitaria a esta región ha sido poca o de plano nula, por eso cuando la Cruz Roja llega con sus despensas, electrolitos y kits de cocina hay conmoción en esta zona aislada pese a estar en el municipio Centro, donde se ubica la capital del estado.

Los pobladores llegan a pie, en motocicleta, en cayucos, incluso los ancianos que esperan bajo el rayo del sol de 30 grados a que alguien le ayude a transportar las cajas hasta sus casas inundadas.




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