Nacional

Publicado el jueves, 10 de marzo del 2011 a las 00:28
México.- Tras sus asesinatos siguieron los reclamos, las preguntas: ¿cuándo se hará justicia?, ¿por qué el activismo se frena con violencia?, ¿son feminicidios?, ¿es violencia de género?, ¿es otro síntoma del “Estado fallido”? La consigna “ni una muerta más” se volvió el tercer apellido de Josefina Reyes, Marisela Escobedo y Susana Chávez. Mujeres.
A la cifra de muertos por la “guerra contra el narcotráfico” (más de 30 mil en este sexenio), a los casos pendientes: Guardería ABC, Pasta de Conchos, juvenicidios —agregue el que tenga en mente—, es decir, a la crisis prolongada, se sumó la desaparición, en los últimos cuatro años, de al menos 500 activistas (hombres y mujeres), según reportes de defensores de derechos humanos.
Los casos de Josefina, Marisela y Susana acapararon la atención, sobre todo porque conjugan, de manera cruenta, la violencia, las fallas en la procuración de justicia y, también, aludiendo a Heriberto Yépez, a esa no autorrealización de la mujer —ni del hombre— en México, sólo por mencionar algunos aspectos. Veamos.
Josefina Reyes. El 4 de enero de 2010, a las afueras de un establecimiento de comida, un grupo de hombres armados asesinó a la mujer cuyo activismo se hizo más persistente luego del asesinato de su hijo Julio César, luchador social, en 2008, y tras la desaparición de su otro hijo, Miguel Ángel, a quien se le acusó de “presunta participación con el crimen organizado”, y que fue capturado dos veces en 2009.
Josefina, que ya había dedicado tiempo a denunciar violaciones a derechos humanos por parte del Ejército y la Policía Federal, además de protestar contra el establecimiento de un cementerio nuclear en los campos a su alrededor, según cuenta Miguel Ángel Granados Chapa en la Plaza Pública del 28 de febrero pasado, alternó su tiempo entre vender barbacoa y la integración de un comité de derechos humanos que recibía denuncias sobre abusos castrenses.
La mujer de Valle de Juárez conoció la muerte violenta. Su familia siguió sumando decesos. Rubén, Magdalena y Elías Reyes Salazar y Luisa Ornelas, esposa de este último, se volvieron luto prolongado para Sara Salazar, quien ahora, junto con 23 integrantes de la familia, esperan recibir asilo político en Estados Unidos.
Susana Chávez. Poeta y activista de 36 años escribió en el último post de su blog que la violencia en Ciudad Juárez le hacía sentir “vacío e impotencia”. El 6 de enero de este 2011, la autora de la frase “Ni una muerta más” fue atacada por tres hombres. La fiscalía estatal informó que los sospechosos de hacer del cuerpo de Susana un poema negro e infame, eran tres menores de edad.
Marisela Escobedo. El 15 de diciembre de 2010 recibió una amenaza de muerte. Habían pasado 28 meses de la desaparición de su hija Rubí Marisol. En este tiempo Escobedo buscó a Rubí, luego tuvo que ubicar el cadáver de la joven y después exigió justicia. No la encontró. El 29 de abril de 2010 los jueces de un tribunal oral de Chihuahua, Catalina Ochoa, Netzahualcóyotl Zúñiga y Rafael Boudib, declararon inocente a Sergio Barraza Bocanegra, pareja de Rubí. Tras esto, Marisela logró que un tribunal de casación revocara la sentencia del colegiado oral, y entonces a Barraza se le impusieron 50 años de condena, pero éste se fugó. El 16 de diciembre del año pasado, Escobedo fue asesinada por un desconocido frente al palacio de gobierno en Chihuahua, donde ella protestaba por la liberación del asesino confeso de su hija. El caso sigue inconcluso.
A lo ocurrido con Josefina, Susana y Marisela se suman las complicaciones, hostigamientos y amenazas a Cipriana Jurado, del Centro de Investigación y Solidaridad Obrera; Malú García, de la organización Nuestras Hijas de Regreso a Casa; Luz Esthela Castro, del Centro de Derechos Humanos de las Mujeres; Norma Ledezma, de Justicia para Nuestras Hijas, por mencionar algunos. Esto en un contexto nacional donde se han cometido 890 feminicidios en 11 estados (enero 2009 a junio 2010), según el Observatorio Ciudadano Nacional del Feminicidio, y donde 67% de las mujeres mayores de 15 años ha sufrido violencia del algún tipo, como lo refiere la Encuesta Nacional sobre la Dinámica de las Relaciones en los Hogares 2007.
“Ni una muerta más”. “No más feminicidios”. “No más agresión a activistas ni a luchadoras sociales” son algunos de los gritos en marchas, manifestaciones y redes sociales. ¿Cómo comprender y trascender esta violencia que se desparrama manchando no sólo a mujeres, jóvenes, niños, hombres? A veces el silencio de la muerte (sobre todo violenta) es el más fuerte de los reclamos. ¿Cuándo será atendido?
Lizbeth Hernández Martínez
Investigadora de EL UNIVERSAL
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