Nacional

Publicado el viernes, 2 de enero del 2015 a las 16:03
México, DF.- En el último día del año, familiares de los 43 normalistas desaparecidos en Iguala recordaron al Gobierno federal que tiene una cuenta pendiente: hacer justicia.
El miércoles marcharon desde la PGR a Los Pinos, para exigir que sus hijos pasen las siguientes navidades y años nuevos en casa.
“México está de luto, no hay nada qué celebrar, y hay mucho porqué indignarse”, dijo uno de los familiares con una veladora prendida en la mano.
“No estamos cansados”, advirtió un familiar de Adán Abraján, uno de los estudiantes ausentes.
Las manifestaciones seguirán, anticipó. “Y cada vez con el tono más alto”, añadió.
El coraje se reflejó. Durante la movilización lanzaron reclamos contra el Gobierno federal, el presidente Enrique Peña Nieto, el Ejército, la Policía Federal y el Gobierno de Guerrero.
“¿Dónde los tienen?”, inquirió la madre de José Eduardo Bartolo, uno de los normalistas levantados en Iguala el 26 de septiembre.
Los familiares de los estudiantes desaparecidos fueron arropados por estudiantes y ciudadanos que dejaron por un momento sus reuniones de fin de año.
“No me cansaré de apoyarlos, existe una grave situación de impunidad en el país, que debemos exigir que este tipo cosas sean castigadas y evitar que vuelvan a suceder”, externó don Manuel Domínguez, quien se trasladó desde Ecatepec, Estado de México, para participar en la movilización.
“Es un acto de conciencia, debemos exigir que el Gobierno federal nos explique dónde están esos jóvenes, la cena (de Año Nuevo) puede esperar”, comentó Alicia Cruz, una joven estudiante de la UNAM.
En la protesta, que avanzó por Reforma, Florencia, avenida Chapultepec y finalmente Constituyentes, participaron unas 400 personas que mostraron pancartas para exigir la presentación con vida de los 43 estudiantes de Ayotzinapa.
“¡No hay celebración, hay indignación!”, “¡Vivos se los llevaron, vivos los queremos!”, “¡Fue el Estado!”, “¡Fuera Peña Nieto!”, y “¡Peña Nieto, devuélvenos a nuestros hijos!”, fueron las principales consignas durante el trayecto.
La movilización provocó el despliegue de más de 300 granaderos del DF en Constituyentes, a unos 500 metros de uno de los accesos a la residencia presidencial.
Las autoridades cruzaron dos camiones sobre la vía e instalaron decenas de vallas metálicas para impedir el paso de los manifestantes.
Aparte, la Policía Federal y el Estado Mayor Presidencial reforzó la seguridad en los demás accesos a Los Pinos.
“Así es como dialoga el Gobierno federal, con la fuerza por delante, existe mucha insensibilidad en las autoridades, eso acrecienta el hartazgo”, reclamó una ciudadana frente a los granaderos.
En el lugar, los inconformes prendieron fuego a tres piñatas, una que representó a Peña Nieto y otra que tenía forma del titular de la PGR, Jesús Murillo Karam a quien reprocharon su versión de que los estudiantes fueron asesinados en el municipio de Cocula, próximo a Iguala.
De paso, también incendiaron la piñata de una dama; dijeron que era de Angélica Rivera.
Los manifestantes cenaron una torta y café de olla. Luego se despidieron con un abrazo.
Los familiares de los normalistas se retiraron en tres camiones a Guerrero, no sin antes prometer que volverán a marchar en el DF. “Hasta que nuestros hijos aparezcan”, lanzó uno de los padres de los jóvenes desaparecidos.
Elevan plegarias en Chilpancingo
Sin pertenecer a algún culto religioso, la activista Clemencia Guevara Tejedor canta un salmo de la Biblia para pedir la presentación con vida de los 43 normalistas de Ayotzinapa desaparecidos en Iguala.
Son casi las 11 de la noche del último día del 2014 y en la velada para orar por los 43 jóvenes que se realiza en el plantón, instalado desde el 8 de octubre en la plaza central Primer Congreso de Anáhuac”, no están ni 100 personas.
En la catedral de La Asunción, que está a 30 metros del plantón, se realiza la misa de Gallo, que sí tiene concurrencia.
El cura que oficia la homilía de fin de año no hace ninguna alusión al caso de Iguala, pero sí pide que se esclarezca el asesinato de los sacerdotes ocurridos durante el 2014 y que en el 2015 haya paz y se acabe con las injusticias.
En la plancha del Zócalo, los activistas que están en apoyo al movimiento de Ayotzinapa que recién terminan de ver dos documentales en los que se exhibe la lucha que desde el 1 de enero de 1994 libra en Chiapas el grupo armado del Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN), tiritan de frío.
Guevara Tejedor ofrece a los asistentes café y pan, pero además frijoles, arroz blanco y queso en tostadas.
“Esta es una comida tradicional de la Costa, sólo faltan los chiles en vinagre” dice la activista.
La mayoría de la gente sólo toma café y pan.
Sin tener una sotana o estar arriba de un púlpito, la mujer inicia la ceremonia religiosa que dura no menos de 20 minutos.
A los asistentes se les entregan flores para que las coloquen en cada una de las imágenes de los 43 normalistas de Ayotzinapa desaparecidos.
Luego dirigidos por Tejedor, el grupo de personas se agarran de las manos y también rezan.
“Le rogamos a Jehová o a Jesucristo, que nos regrese con vida a los 43 jóvenes, porque vemos que el Gobierno no los quiere entregar y no es posible que 43 familias sigan sufriendo”, implora la activista.
ch
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