Espectáculos

Publicado el viernes, 25 de septiembre del 2026 a las 04:05
Ciudad de México.- Sophie Thatcher no se siente repelida por la oscuridad: la atrae. Interpretar a mujeres en entornos de peligro, explica, es su manera de liberarse.
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Siento que mis gustos se inclinan hacia ese lado porque resulta muy catártico poder mostrarse vulnerable ante la cámara. Y luego, te vas a tu casa sabiendo que canalizaste todo a través de tu trabajo”, dice a los medios.
Ha sido una adolescente feral en Yellowjackets, una misionera en una trampa mortal en Hereje, y una temperamental robot en Compañera Perfecta. Seres a punto de explorar, pero en ningún modo víctimas, considera.
En esa idea de represión, algo tiene que ver el que creciera al interior de una familia mormona, con disciplina férrea. Los papeles ficticios de esta intérprete y cantante, ícono de la moda por su estética punk y gótica, son una manera de luchar.
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Nunca quiero caer en el papel de víctima”, agrega la oriunda de Chicago. “Ninguno de mis personajes lo ha sido. Todas son interesantes: inician reprimiendo emociones y, de alguna manera, acaban ganando confianza”.
La estrella sumó a una de esas mujeres en Su Propio Infierno, del danés Nicolas Winding Refn, que llegó a cines ayer y después aterrizará en Mubi. Allí comparte créditos con Charles Melton, Havana Liu y el mexicano Diego Calva.
Encarna a Elle, actriz e hija de un padre dominante, poderoso y ausente. El escenario es un Japón distópico, un cuento de hadas neón en el que se habla sobre un asesino sobrenatural, Leatherman, a quien precede una densa niebla. Si bien el personaje es muy Thatcher –pues descubrirá su fuerza en el metraje–, el rodaje la condujo a una oscuridad adicional e inédita. Refn, famoso por su hiperestilizada obra, y sus personajes atormentados, hizo del guion una entidad viva. Lo modificaba constantemente, sin prevenir al elenco, sumiéndolos en el desconcierto. O, al dirigir, no verbalizaba: reproducía canciones para describir el tono que pretendía.
Thatcher lo sintió como un intimidante salto al vacío. A veces, rememora, parecía que Refn (El Demonio Neón, Drive) era capaz de atravesarla con su mirada y con su cámara mientras rodaba esta amalgama de neo-noir, melodrama y giallo.
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Estilísticamente fue diferente a todo. Estaba despojado de artificios. A veces recordaba al cine de terror de los 70. Lo más difícil para mí fue no poder apoyarme en el lenguaje corporal, ya que a él le gusta que todo sea muy estático. Cuando te despojas de todo eso, te ves obligada a ser más honesta, porque no puedes recurrir a esos gestos físicos concretos, en los que a veces me apoyaba al interpretar papeles como el de Yellowjackets”, dijo.
Refn ha dicho que quiso hacer esta película, sobre relaciones paternofiliales, luego de una cirugía a corazón abierto. Pensó que no podía morir porque su misión era cuidar a su hija más pequeña.
En el set, recuerda Thatcher, el cineasta fue una figura paternal. La trató como una más de su familia y la invitó a convivir con su mujer e hijas.
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Jamás he tenido esa cercanía con la familia de un realizador”, apuntó.
Así como sus papeles suelen descubrir su propia fuerza conforme avanzan las tramas, ella se sintió durante el rodaje en Japón. De una contención casi asfixiante, nació una nueva actriz que se siente más poderosa. “He ganado confianza. Él realmente me puso a prueba. Tiendo a ser un poco perfeccionista y hago todo eso durante la preparación previa. Y luego llego al set y pienso: ‘Bueno, veamos qué pasa’. Pero no, resulta que todavía hay muchísimos descubrimientos por hacer en el propio set. Y él me permitió experimentar una verdadera colaboración. Ahora que he probado eso, es algo que querré seguir buscando”.
Su Propio Infierno, que ha dividido a la crítica, es críptica, simbolista. lejana a estos tiempos en que se buscan estructuras conocidas y complacientes.
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