Nacional

Publicado el sábado, 31 de diciembre del 2016 a las 10:05
Ciudad de México.- La similitud entre las historias de la mayoría de las víctimas, dice Irma Leticia Hidalgo Rea, quien preside Fuerzas Unidas por Nuestros Desaparecidos en Nuevo León, es la impunidad.
“¿Qué nos ha sucedido en estos 10 años?”, se pregunta la madre del estudiante de la Facultad de Filosofía y Letras de la UANL Roy Rivera Rea, secuestrado en su casa por hombres vestidos de policía de Escobedo el 11 de enero del 2011.
“La guerra, el monstruo de mil cabezas, la guerra contra el narcotráfico, llamada así, y que despertó una cantidad terrible de delitos y negocios más graves alrededor del narcotráfico mismo”.
Leticia enumera esos delitos: “Los asesinatos y las desapariciones, los colgados, los quemados, los encajuelados, los encobijados, los granadazos… la quema de un casino lleno de gente… se creó un monstruo y a nosotros nos dejaron a su merced”.
Una de las primeras fue Irma López Macías, quien la noche del 30 de noviembre del 2006 volvía de su empleo en una fábrica de plásticos en la que llevaba apenas dos semanas cuando una bala le arrebató la vida en el camión de personal en que viajaba.
La refriega entre delincuentes duró más de media hora frente al Soriana de Valle Soleado y primero llegó el montón de curiosos que la Policía. A Irma, una de las 700 balas disparadas le interrumpió la vida.
No fueron los únicos: en agosto del 2006 Juan Pablo Segundo Pardo, de 22 años, murió en el depósito donde laboraba, en avenida Churubusco, durante un ataque contra un exjefe policiaco; Lucila Quintanilla Ocañas, estudiante de Artes Visuales, murió en el 2010 durante una balacera en pleno Juárez y Morelos. Esa vez la indignación fue intensa.
Julio César Guzmán Valadez, de 39 años, vicepresidente de la AFAIM, murió cuando iba a comprar la cena para su familia y le tocaron disparos contra policías de San Nicolás; Gabriel Pineda Aguilar, de Psicología, falleció atropellada por la patrulla de un policía de Monterrey que quiso huir de los sicarios que finalmente lo ejecutaron, en el 2011.
La activista, Hidalgo Rea, quien ha promovido marchas y búsquedas de restos humanos afirma que la estimación de que podría haber hasta 10 mil desaparecidos se basa en investigaciones de un equipo de la ONU que evaluó la problemática en Nuevo León, Coahuila y Tamaulipas.
MORTIFEROS
» Nuevo León ocupa el primer lugar en el ataque más mortífero de la delincuencia contra civiles inocentes: el Casino Royale, con 52 víctimas; las peores masacres en penales mexicanos: el del Topo Chico (49 personas) y Apodaca (44 personas), y una de las ejecuciones de migrantes más aterradoras, en Cadereyta (49 personas).
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