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Coahuila

Nos quedan a deber

Por Cholyn Garza

Hace 4 meses

Los cuestionamientos surgen, cada vez que el desorden hace acto de presencia en nuestro México, nuestra casa común.  Son diversos los eventos que el ciudadano tiene que enfrentar diariamente para llegar a su centro de trabajo, de estudio, negocios, en fin, el trasladarse de su hogar a donde planee dirigirse.  

Preguntas como ¿quién gobierna? ¿quién decide? ¿quién pone orden? Se repiten en el día a día en voz de los ciudadanos.  Sin embargo, no hay respuesta creíble.

Basta observar las condiciones de violencia que prevalecen en los estados, donde un día sí y otro también, los ciudadanos viven con el Jesús en la boca.  Salen de su casa y no tienen la certeza que habrán de regresar con vida.

¡Cómo no recordar con nostalgia y gratitud aquel México que muchos de nosotros disfrutamos! Con nostalgia, porque en provincia las relaciones surgían entre vecinos.

Se escuchaba decir a las personas mayores “los vecinos con como parte de la familia”.  Siendo pequeños, quizás no comprendíamos el significado de la frase.  Con el tiempo nos dimos cuenta de esa gran verdad.

Los vecinos, nos cuidábamos unos a otros. Salíamos con cierta confianza de casa y si veían algún movimiento extraño estaban al pendiente. No había celulares, ni cámaras de vigilancia, pero había gente buena a nuestro alrededor en quien confiar.

Se añoran esos tiempos donde como bien decían las abuelas “todos nos conocíamos”.

¡Qué tiempos aquellos! que vienen a la memoria en momentos donde la mayoría de las familias están padeciendo la inseguridad, misma que ha ido creciendo de manera alarmante. A todos, en un momento determinado, nos ha tocado conocer o padecer una situación de agresión. 

¿En quién confiar? No podemos estar seguros ya, porque en muchos casos no sabemos ni quién es el vecino.  Lo mismo sucede en lugares de reunión donde la sociedad acude.

En la actualidad nadie puede tener la certeza de nada.  Si gente extraña llega a una ciudad, no sabemos ya quién es o a qué se dedica.  Residencias, vehículos, un tren de vida que puede llegar a sorprender sin convencer. 

El riesgo está en que se introducen en los grupos sociales y en los colegios con nuestros niños.  Ha pasado y seguirá pasando, porque con dinero se abren las puertas para todo el que pueda pagar o esté dispuesto a hacerlo.

El temor aparece disimulado ante el silencio que sin querer queriendo -como bien decía el clásico- se convierte en complicidad. 

No se entiende el por qué nuestro país tiene que tolerar el exceso de violencia. ¿Dónde están las autoridades? Las mismas que fueron electas para gobernar, para proteger los intereses de la Nación y están fallando en su noble tarea de proteger al país y a sus instituciones.

Con tristeza y a la vez con coraje observamos que los ciudadanos nos hemos convertido en la burla de políticos que llegaron al poder por diversas razones, siendo la principal: la ambición de poder que lleva gran dosis de traición cuando no se cumple con lo prometido en campaña.

Sí, traición; porque algunos políticos cambian de colores partidistas por conveniencia, porque traen sin duda alguna, una gran cola que se guarda en expedientes para que no la pisen. ¿secretos? ¡Para nada! Se vendieron, los que pactaron con el gobierno por convenir a sus intereses. 

No les importa servir, sino servirse del cargo.  ¿Ideología? ¡Para nada! Solo intereses y beneficios personales.  Sus discursos culpando al pasado ya no convencen porque referirse al “pasado reciente” son ellos mismos.

Más aún cuando se refieren a la CDMX donde han gobernado por más de 25 años y da vergüenza la falta de gobernabilidad.  No digamos los estados de la República que gobiernan de la mano de la criminalidad, porque si no hubiera sido por la alianza mafiosa que hicieron vendiendo territorio, no hubieran llegado al poder.

Poder, significa trabajo, entrega, servicio; de ninguna manera debe ser servirse de las instituciones.

Llegar a ocupar la Presidencia de la República constituye no solo la mayor distinción sino el compromiso más grande que como mexicano existe. Y de ahí, las gubernaturas, presidencias municipales, congresos y demás cargos.

Ningún político al ocupar un cargo de la relevancia que sea debe sentirse dueño de nada, porque nada le pertenece; es el error que cometen quienes ocupan cargos de manera temporal.

Los cargos son para buscar beneficios para todos no personales.  No olviden que están para servir, no para servirse.  No de la manera como lo están haciendo.

Mucho nos están quedando a deber a los ciudadanos, ante todo, en seguridad.

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