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Notimex
Publicado el lunes, 1 de diciembre del 2008 a las 05:54
Washington, EU.- Gobiernos conservadores como el de Ronald Reagan tuvieron a su disposición la Fundación Heritage; ahora, el presidente electo Barack Obama contará con una modesta organización para dar forma a su política de gobierno.
Con una modesta estructura física respecto de otros grupos similares que operan en la capital estadunidense, el Center for American Progress (CAP, Centro para el Progreso de América) ha dejado ya de manifiesto su influencia y peso en el nuevo gobierno.
Por más de una década la Fundación Heritage jugó un papel central en la promoción de las políticas conservadoras en Estados Unidos e impulsadas por gobiernos como el de Ronald Reagan.
Casi dos décadas después de que Reagan dejó el poder y bajo un debilitado escenario para la causa conservadora, el país se apresta a iniciar un nuevo e histórico capítulo de la vida política que tendrá algunos ecos de aquellos días.
El presidente electo Barack Obama tendrá a su disposición el CAP, una confiable y bien estructurada fuente de ideas, que como lo hizo la Heritage, le darán forma a la política que el mandatario buscará promover.
El nombramiento la semana pasada de Melody C. Barnes al frente del Consejo de Política Interna de la Casa Blanca fue quizá la mejor confirmación.
Barnes, quien venía sirviendo como vicepresidenta ejecutiva del CAP, era parte del equipo de transición de Obama, dirigido a su vez por el fundador y presidente ejecutivo del Centro, John Podesta.
Podesta, jefe de Gabinete en la presidencia de Bill Clinton, modeló el CAP tomando el concepto del Heritage, incorporando algunas de las herramientas electrónicas no disponibles en ese entonces, como lo son las salas de conversación o los blogs.
El CAP ha producido además documentos que serán utilizados como mapas de ruta para dar forma a las políticas de la nueva administración.
Entre estos se incluyen “Demócratas para la Reforma Educativa” y “Cambio para América: Un Mapa Progresivo para el Presidente”, considerado el manual de las políticas internas y exteriores a ser promovidas por el nuevo gobierno.
Fundada hace cinco años, la presencia del CAP ha sido posible a su vez por el respaldo de figuras como George Soros.
Soros, mecenas de las causas liberales, aporta parte de los 27 millones de dólares del presupuesto del CAP que le permiten mantener sus oficinas y un personal de 180 hombres y mujeres, en un edificio ubicado a tres cuadras de la Casa Blanca.
A diferencia de otros grupos que moderan el lenguaje público de su discurso, el CAP promueve sin reservas sus ideas y políticas liberales.
Podesta ha dicho que a diferencia de otros grupos similares, el CAP no es un centro de pensamiento o ‘think tank’, como se les denomina de manera común, “somos un centro de acción”.
Con todo, existe un cuidado permanente sobre todo aquello que se pueda decir en relación al nuevo gobierno o con Obama, y que pueda generar controversia.
Semanas atrás por ejemplo, Gene Sperling, prominente miembro del CAP y quien fue asesor de la campaña de Hillary Clinton, evitó opinar sobre la ausencia de Obama en la pasada reunión Cumbre del G-20, pese a repetidos cuestionamientos al respecto en un foro público.
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