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Por
Paola A. Praga
Publicado el viernes, 28 de noviembre del 2008 a las 16:00
Saltillo.- A sus 86 años doña Romana, como le dicen sus conocidos, se sienta en las sillas rojas a descansar un poco. Mientras, su hija pregunta ¿Cuántos les voy a poner?
Son ya 60 años de atender el puesto de los conocidos taquitos rojos. El mismo que puso con su esposo, en la calzada Francisco I. Madero, a una cuadra de la Alameda Zaragoza.
“Ya tengo aquí toda mi vida, este puesto es mi trabajo y siempre he estado aquí, es un buen negocio, pero si requiere mucho tiempo, hay que estar aquí sin cansarte” platica.
La receta es de su creación. Ella misma prepara las tortillas, los frijoles, la salsa. Su hija le ayuda, la única de los 10 que tiene es quien la acompaña, el resto están en sus casas.
Muchos clientes han pasado por esas sillas ubicadas en la esquina de la Escuela de Enfermería y pese a que le han pedido que desaloje el lugar, permanece en él, ya que su permiso de salud y municipio está en orden.
“Aquí viene de todo, familias, señores, señoras, niños, novios, gente que pasa caminado y llega porque les dio el olor y se quedan a comer una orden”, dice doña Romana.
Los tacos rojos han estado siempre en el mismo lugar, pese a que existen más puestos de este tipo de tacos, asegura que los originales son los de doña Romana.
Pero no todo ha sido fácil, tuvieron que pasar un par de años para que doña Romana se hiciera de sus propios clientes, los mismos que no fallan y que al menos una vez por semana acuden a comprar unas cuantas órdenes.
Pese a las inclemencias del tiempo, el pequeño carrito amarillo está abierto todo el año, alberga casi 100 tortillas diarias, ya listas para ser preparadas y convertirse en un taco para llevar o para comer ahí.
“Me gusta lo que hago, me gusta cumplirle a los clientes, ya aquí ya me conoce mucha gente y no les puedo fallar, si yo no vengo mi hija viene para atender el puesto, pero siempre está abierto”.
Es cada vez más la gente que se acerca a comprar tacos. Aunque hace sol, muchos prefieren comerlos ahí y otros cuantos suben a su auto a disfrutarlos.
La fila es larga, doña Romana se levanta para apoyar a su hija con los clientes. “Hay que trabajar, ahora si viene mucha gente, porque es dos de muertos, por eso pasa casi el doble de gente que pasa todos los días”.
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LONGEVA
60 años tiene con el puesto
FAMILIA
10 hijos tiene
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