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Agencias
Publicado el lunes, 11 de julio del 2016 a las 04:00
Noticias Venezuela | Ciudad de México.- Barack Obama tenía 26 años, el estómago medio vacío y muchas dudas sobre su identidad cuando visitó por primera vez la España que este sábado le recibió con honores y a la que quiere volver con más calma, sin la carga de la Presidencia, ni de la mochila, así lo dijo antes de reunirse con el rey Felipe VI en el Palacio Real.
“Ésta no es mi primera visita a España ni a Madrid. Pero confieso que la primera vez que vine a Madrid no fue en el (avión presidencial) Air Force One”. “Durante tres semanas viajé solo, bajando por un lado del continente (europeo) y subiendo por el otro, la mayor parte del tiempo en autobús y tren, con una guía de viaje en la mano”. Su recuerdo más vívido de España es el de una noche en la que “esperaba un autobús nocturno en una taberna al lado de la carretera a medio camino entre Madrid y Barcelona”.
“Unos pocos ancianos bebían vino en vasos pequeños y algo sucios. Había una mesa de billar en un lado, y por alguna razón yo había juntado las bolas y empezado a jugar”. El hombre le contó que era de Senegal y estaba recorriendo España para trabajar como jornalero, con la esperanza de reunirse con su esposa de nuevo en su país “en cuanto ahorrara el dinero suficiente”.
“Acabamos viajando juntos a Barcelona, sin hablar mucho ninguno de los dos, él volviéndose hacia mí cada rato para tratar de explicar las bromas del programa español que emitían en el televisor con vídeo colocado encima del asiento del conductor”. El senegalés sacó entonces de su mochila “un cepillo de dientes, un peine y una botella de agua” que le entregó a Obama “ceremoniosamente”, y ambos se lavaron antes de volver a ponerse las mochilas al hombro y dirigirse al centro de Barcelona.
JC
El joven Obama pasó por Madrid y Barcelona durante un recorrido por Europa justo antes de hacer un viaje de enorme importancia emocional para él: su visita a Kenia para conocer a la familia de su padre, que lo abandonó cuando él tenía dos años y al que sólo volvió a ver cuando tenía diez.
“Me tomé el té al lado del Támesis y observé cómo los niños se perseguían entre los castaños de los Jardines de Luxemburgo. Crucé la Plaza Mayor (de Madrid) en pleno mediodía, con sus sombras de (el pintor italiano Giorgio) De Chirico y sus gorriones arremolinándose en un cielo azul cobalto”, resumió Obama.
“Cuando estaba terminando, un hombre con un fino suéter de lana había aparecido de la nada y me preguntó si podía invitarme a un café. No hablaba inglés, y su español no era mucho mejor que el mío, pero tenía una sonrisa cautivadora y daba la impresión de ser alguien que necesitaba compañía”, añade.
“Poco antes del amanecer, nos dejaron delante de una vieja estación de autobuses, y mi amigo me hizo gestos para que le siguiera hasta una palmera baja y gruesa”, apunta.
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