Nacional

Publicado el sábado, 26 de marzo del 2011 a las 15:00
México, DF.- En la Embajada de Estados Unidos en México conocían desde 2010 sobre el desarrollo de la operación “Rápido y furioso”, y la orden directa que recibieron desde Washington fue la de no informar a las autoridades de nuestro país que se estaba tolerando el paso de miles de armas.
Darren Gil, entonces jefe de la Oficina para el Control del Alcohol, Tabaco y Armas de Fuego (ATF) en México, aseguró a la cadena CBS que fue su supervisor directo en Washington quien le hizo saber de una operación que implicaba el tráfico vigilado de armamento.
La indicación que le dio fue la de no mencionar nada a sus homólogos mexicanos, esto pese a su manifiesta reticencia y a constantes señalamientos sobre el peligro que esa estrategia representaba para los oficiales de la ATF en México.
Gil señala que su trabajo era aprobar cualquier operación de la agencia en la que se involucrara a México y él nunca avaló la implementación de “Rápido y furioso”.
Gil dijo a la CBS que detectó las primeras anomalías desde su oficina en la Embajada a principios de 2010, cuando los números de serie de una gran cantidad de armas usadas en crímenes ligados con los cárteles de la droga fueron rastreados hasta Phoenix.
Dijo que confrontó varias veces a su supervisor en Washington. Algunas de sus conversaciones telefónicas con él, refirió, terminaron en “gritos y regaños”.
Tras recibir la instrucción de no informar a las autoridades mexicanas cuestionó a su superior: “¿Cuándo va a terminar? Los mexicanos se pondrán rabiosos cuando se enteren de esto”.
“En algún momento, estas armas van a terminar siendo usadas para matar a algún funcionario mexicano, a un policía o a militares y entonces, ¿qué vamos a hacer?”. Del otro lado del teléfono sólo había silencio, asegura.
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