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Ópera, voces del pueblo, para el pueblo

  Por Ruta Libre

Publicado el lunes, 15 de junio del 2015 a las 20:28


Cuatro talentosos cantantes coahuilenses llevan este género musical más allá del cliché de las altas esferas sociales

Cuatro talentosos cantantes coahuilenses llevan este género musical más allá del cliché de las altas esferas sociales: es una manera de vivir, de sobresalir y de entender el sentir de la gente

PRIMER ACTO

Llega el príncipe Tamino hasta tierras rocosas perseguido por una serpiente. Ha perdido su arma y ruega por su vida hasta que se desmaya. Pero enseguida es salvado por las Tres Damas, que matan al monstruo.

Al ver al joven se enamoran de él, pero le abandonan con la promesa de volver de nuevo. Tamino se despierta aturdido, junto a la serpiente, cuando oye un silbar. Papageno, un ser mitad pájaro y mitad persona, con una gran jaula a sus espaldas, se le acerca cantando (Fragmento de la obra “Flauta Mágica”).

Son sus voces y sentimientos, que con ayuda de los instrumentos captan lo que encierra una partitura; la emoción y desamor que abraza una melodía la llevan con singular alegría, Jazmín Luévano, Armando Martínez, Hugo Daniel Mellado García y Pamela Pereyra luchan por conservar la ópera en Coahuila.

A pesar de llevar caminos separados, a estos jóvenes talentosos los unió su pasión: la ópera, el arte en el que trabajan para llevarlo a todos los estratos sociales, evitando así que muera.

Para ellos, el educar la voz para aprender, comprender y memorizar las letras de las obras escritas en francés, inglés y alemán representa siete años de esfuerzo. Algunos, incluso, han tenido que abandonar su tierra natal y se asientan en Saltillo, en donde además han tenido que conseguir un trabajo para costear sus estudios.

En sus inicios, diversas óperas los cautivaron, pero sin duda alguna es “La Flauta Mágica”, pieza de Mozart que engloba amor, desamor, esperanza, alegría y tristeza, el parteaguas para decidir el futuro de los entrevistados.

Vive la ópera

“Las Tres Damas aparecen ante Tamino y le dicen que la Reina escuchó su canto y ha querido que sea él quien rescate a su hija. Es Pamina, la hija de la Reina de la Noche, y está secuestrada por un demonio llamado Sarastro, que vive en un castillo muy bien vigilado. Entonces, decidido, Tamino se propone salvar y liberar a Pamina. De repente se oye un trueno y cae la noche. Las montañas se abren dando paso a la Reina de la Noche, que viene sentada sobre un trono de estrellas, haciéndose la oscuridad detrás de ella. En su delicada y completa aria de tres tiempos distintos persuade a Tamino para que la rescate y, a cambio dejará que se quede con ella para siempre”. Este es un fragmento de la pieza más emblemática en el montaje de este espectáculo, la obra “Flauta Mágica”.

Ópera es una palabra italiana que significa “obra musical”, este género se conoce desde el año 1659 y se caracteriza por ser una obra teatral armonizada, cantada, y que lleva un acompañamiento instrumental; esta variedad forma parte de la tradición musical clásica europea.

En 1597 Peri tuvo una intuición cuando escribió su primera ópera, “Dafne”. En 1600 se representó en Florencia una ópera llamada “Eurídice”, abarcaba música de Peri y de Caccini. El primer gran compositor que se dedicó a la ópera fue el italiano Claudio Monteverdi.

El músico que transformó la ópera italiana en un arte serio fue Wolfgang Amadeus Mozart, quien escribió su primera ópera a los 12 años, “La Finta Semplice” (1768). Sus tres obras maestras en lengua italiana son: “Las Bodas de Fígaro” (1786), “Don Giovanni” (1787) y “Così fan tutte” (1790). Los singspiels de Mozart en alemán van desde el cómico “El Rapto del Serrallo” a la simbología ética de inspiración masónica en “La Flauta Mágica”.

En 1711 se estrena en la Ciudad de México la ópera “La Parténope”, con música de Manuel de Sumaya, maestro de la capilla catedralicia y el más grande compositor barroco mexicano. Se abre el espacio a los grandes teatros, que son visitados por las más renombradas personalidades, es por ello que en México se considera que la ópera es propia de la alta sociedad.

Sin embargo, los jóvenes coahuilenses aseguran que este género relata situaciones de la vida diaria, por lo que aseguran no debe ser elitista y trabajan para erradicar la etiqueta que le han impuesto y que no les permite acaparar el público.

SEGUNDO ACTO
‘La Flauta Mágica’, pieza clave en su destino

Tamino es conducido por los tres muchachos hasta el palacio de Sarastro, quienes le dicen que sea firme, paciente y callado. El templo tiene tres puertas: en el medio, la puerta de la Sabiduría, a la derecha, la de la Razón, y a la izquierda, la de la Naturaleza.

De cuerpo delgado y facciones finas, Jazmín Luévano rompe con los esquemas de las sopranos rechonchitas y trenzonas que figuran en las caricaturas. No alcanza los 60 kilos y Jazmín, con su tesitura de soprano, logra captar, sin micrófono, la atención de más de 200 personas en un teatro.

De sus inicios, recuerda que cuando participaba en un coro musical viajaron a Tamaulipas, ahí fue donde escuchó a su maestro Arturo Rodríguez interpretar “La Flauta Mágica”, “verlo en vivo en un gran teatro, con una orquesta y cantantes, te hace vibrar, fue ahí donde dije ‘de aquí soy’”.

A partir de esta fecha comenzó a adentrarse en el mundo de la ópera, la cantante y madre de una niña, ahora después de siete años de estudiar en la Escuela de Música de la Universidad Autónoma de Coahuila, ya es licenciada en Música.

Durante sus estudios aprendió a desarrollar su voz y manejar la técnica adecuada para llenar un teatro sin micrófono. Para ella, la alimentación es un 50% de apoyo en su carrera, el porcentaje restante se lo deja a la respiración y a la técnica.

Estar en una obertura, parte inicial de una ópera, es importante pues ésta sirve como introducción al espectáculo, sigue los recitativos, partes cantadas por solistas en la que se desarrolla la acción.

En la escuela aprendió que las arias son la parte más importante y vistosa de la ópera; realizadas, por lo general, por solistas, aquí es donde el cantante expresa sus sentimientos, con su voz alcanza las notas más limpias y altas.

“Un cantante de ópera es como un atleta, se necesita constancia, pues son músculos de tu cuerpo los que se están ejercitando”.

El nerviosismo es un sentimiento que aflora durante todas las presentaciones, para salir avante necesita la preparación que le brinda la escuela y la seguridad que se tenga en el interior para llevar al público la obra.

Para ella, la ópera se vuelve elitista por el miedo que siente la gente a acercarse y conocer, ya que estas obras están escritas en otros idiomas, sin embargo, apuntó, hoy en día se tiene la facilidad de la tecnología que puede ofrecer una traducción.

“En una presentación un amigo me preguntó si podría presentarse vestido de rockero, yo le dije ‘claro’, es un estigma de la gente que la ópera es para otro tipo de gente, pero son historias de la vida diaria”, insiste.

Actualmente vive con su pareja y su niña, y gracias al apoyo que le brinda su madre, puede continuar con sus presentaciones en el país y en el extranjero, en donde ha sorteado diversas adversidades como el cantar al aire libre.

“En una presentación estaba haciendo frío y llovía, durante la actuación dejó de llover, pero estaba frío y por 40 minutos tuve que luchar para que no se me resecara la garganta”.

Recién salida de la escuela, se encuentra en la búsqueda de una beca para estudiar el postgrado, mientras tanto, apunta, seguirá tomando cursos, haciendo audiciones y tocando puertas.

Jazmín hace un llamado a las autoridades para contratar espectáculos de más calidad, así se podrá ayudar a los artistas clásicos que buscan conservar la ópera como un género musical.

“Todavía sueño con ser famosa y me imagino ser reconocida, quiero ser profeta en mi tierra, yo creo que es más difícil salir adelante en tu tierra, pero no creo que sea imposible”.

Pavarotti, el personaje que lo iluminó

Pamina y Papageno buscan también a Tamino y oyen su flauta. Monostatos, al oír a Papageno, aparece e intenta atraparles. Llama a sus esclavos, que vienen con cadenas, pero Papageno utiliza el regalo de las Tres Damas y con sus campanillas les detiene y les hace bailar y cantar.

Originario de Torreón, Coahuila, Armando Martínez Rodríguez es licenciado en Música por la Universidad Autónoma de Coahuila, bajo la tutela del maestro Arturo Rodríguez Torres, quien ha estado presente en el desarrollo de su carrera profesional como tenor.

Desde muy pequeño estuvo en contacto con la música, ya que su papá tenía una escuela de música, en varios instrumentos musicales se hizo experto y descubrió sus cualidades para el canto, actividad que realizó de manera amateur.

Al llegar a la edad de decidir el futuro profesional, le resultaba difícil tomar una decisión, dedicarse a su pasión o inclinarse por la ingeniería, carrera de su abuelo y que dejaba buenos ingresos económicos. Tuvo que pensar mucho y, por fin, decidió que presentaría examen para la Escuela de Música en la Universidad Veracruzana.

Fue la falta de conocimiento de la escuela clásica y los conservatorios que lo dejaron fuera de los elegidos, regresó a su tierra natal, ahí se enteró de que en Saltillo existe la Escuela de Música y decidió darse otra oportunidad.

“Nos falta mucha información en las escuelas y bachilleratos sobre las carreras alternativas; tenemos información de las más solicitadas, pero poca información de las artes. No iba muy bien orientado, pero mi maestra Diana Oralia me mostró a Pavarotti y a Andrea Bocelli, descubrí que este género es grande y diverso, me cautivaron”.

La ópera es compleja, en cuanto a su música y ritmos, y el que esté escrita en otros idiomas hace aún más difícil su interpretación, pues se tiene que cuidar la letra y llevar a la gente a que entienda la historia.

Todos los pormenores de la vocalización, la entonación, dicción los maestros lo explican durante siete años de carrera, en este tiempo la convivencia es muy estrecha.

“La diferencia de las otras carreras, donde hay un maestro por 30 alumnos, aquí es uno a uno, la carrera dura ocho años, el plan actual dura siete, aprendiendo la técnica vocal, espacio que uno no pensaba que estaba ahí”.

Armando se ha presentado en Saltillo, Monterrey, San Luis Potosí, Durango, Torreón, Chihuahua, lugares en donde ha dejado claro que la voz se escucha fuerte gracias al trabajo que hace con los resonadores, que se encuentran en la cara y que se abren en la faringe.

Al interpretar ópera se debe, según Armando, a la capacidad natural del cuerpo, pues cantar de una forma natural no permite forzar la garanta, evitando con ello que el aire se acabe, ya que se dosifica con la técnica y se regula con la madurez profesional.

Coincide en señalar que no es para la alta sociedad; hace 200 años, cuando comenzó el género, la gente no tenía televisión y acudía al teatro a escuchar ópera. “Es algo que se tiene que retomar en el siglo 21, sólo así se logrará que los teatros tengan afluencia.

“Yo creo que es para toda la gente, lo cual no exime que tenemos que estudiar un poquito; no estaría de más que las personas, una vez que ya se acercaron y les gustó, inviertan un poco de su tiempo para entenderle y conocer a los expositores”.

Un partiquino es un cantante que interpreta a soldados o al pueblo dentro de la obra, por lo regular, sus cantos son pequeños; Armando siempre ha participado con estos personajes, sin embargo, en una puesta de Durango le ofrecieron el protagónico de “La Flauta Mágica”.

Interpretó al príncipe Tamino, “tuve que prepararme mucho para ese papel, cada escalón que se sube, dentro de esta carrera, exige más entrega, más preparación, ese día la gente estuvo muy cálida, les gustó”.

En la música hay fama y fortuna, los cantantes son centro de atención, la gente se inclina por escuchar esa voz, esa manera de tocar el instrumento, abriéndose así las puertas para consolidarse en el ámbito musical, pero también para dejarse llevar a lo profano.

Por lo que el tenor Armando insiste en que quienes se dedican a la música deben contar con madurez, pues ante las bondades que se ofrecen es fácil desvirtuarse y perder el objetivo, cuando llegan la fama y la fortuna se pierde el piso.

TERCER ACTO
Buscar su sueño le costó un regaño

Tamino entra sujetado por Monostatos y los dos jóvenes se reconocen y pronto se abrazan fuertemente, lo que provoca la furia de Monostatos, que los separa inmediatamente y ruega a su señor que los castigue

Pamela Pereyra Nava lleva más de 10 años radicando en Saltillo; la soprano de 31 años dejó su natal Torreón buscando en la capital del estado la oportunidad de sobresalir en lo que a ella le apasiona: la música.

El gusto por la música nace con su abuelo, de profesión abogado; Pamela recuerda que cuando era pequeña, su abuelo ponía los discos de acetato de conciertos de Tchaikovsky y Alfredo Kraus, cantantes que le ayudaron a decidir su futuro. Ese gusto la llevó a estudiar, desde edades tempranas, piano en escuelas particulares.

Al llegar a Saltillo e inscribirse en la Escuela de Música sintió algo dentro de ella, fueron unos instantes que dentro de su ser sintió que el canto era mejor opción que piano, confiando en sus instintos cambió de especialidad.

“El canto, y sobre todo la ópera, es muy completo porque tiene música, actuación, danza, varios idiomas, y lo vi como un reto, cuando cambié mi rumbo mi maestro me regañó, ya que él me había preparado para pianista”.

En esa ocasión, recuerda, se dijo a sí misma “¿Qué tan difícil puede ser?”, “pero entras a la carrera y te enseñan a cantar, fue muy difícil, durante los tres primeros años de carrera sufrí, los maestros te aterrizan de la importancia del canto y empiezas a respetar”.

Fue su maestra Nora García quien la ayudó, y con su apoyo en cuarto año comenzó a entender la técnica; sus estudios los combinaba con trabajos en las academias infantiles, ya que prepararse en este ámbito es muy caro.

“En México la música es una profesión que señalan como oficio, pero no es así, la preparación le vale un título, estudiar ópera es muy caro, un encuentro operístico como Arte Escénica, de los más reconocidos, va de los 10 a 15 mil pesos; para acceder a ellos, los cantantes tenemos que buscar patrocinio, becas y apoyos”.

Aparte de lo económico, otra de las barreras a las que se enfrentan para que la ópera destaque entre la sociedad, es el idioma, pero hoy en día, apunta Pamela, la tecnología se hace presente, igual que el cine, ya se cuenta con el subtitulaje y previamente se da una sinopsis de lo que trata la ópera

“Cantar en otro idioma es un obstáculo para el acercamiento con la gente, de ahí deriva que no sea considerado un género de moda, en comparación con Europa, aquí en México es un género que está desapareciendo, pero nosotros hacemos todo lo posible para que no muera”.

Para ella no tiene que ser un teatro en donde se exponga este arte, bien pueden usarse los recintos, museos, “en espacios pequeños se pueden hacer conciertos para que la gente no tenga miedo y se acerque”.

Recuerda que el año pasado en el Festival Julio Torri fueron contratados para llevar música de ópera a los municipios de Coahuila; al explicarle previamente a la gente qué es la ópera y de lo que trataba la pieza a interpretar, se palpó una aceptación importante.

“No eran grandes infraestructuras, mucha gente de nivel medio bajo con sus niños se acercaba y se mostraban interesados en el espectáculo, nos sorprendió mucho que les gustara, los comisariados nos exhortaron a volver”.

La imagen que se ha manejado dentro de este género ha cambiado, ahora los maestros exigen presentación y estética para estar afín con el personaje.

Depende de la trayectoria, hay excelentes cantantes mexicanos que ya se cotizan entre los 30 y 50 mil pesos por una función, mientras que alguien semiprofesional puede ganar de 15 a 20 mil pesos.

A sus 31 años, soltera y recién graduada, apunta que su ambición es conocer la ópera a fondo, “espero llegar a ser reconocida. Aunque todavía hay un largo camino por andar y sé que para ello tendré que salir de México”.

Un hobby que terminó en profesión

Dos hombres con armadura traen a Tamino para que supere las pruebas de agua y fuego. Antes de la prueba, Pamina aparece dispuesta a verle. Deciden que como Pamina no teme a la muerte, es digna de ser iniciada. Ambos se dan la mano. Tamino toca la flauta para poder atravesar la columna de fuego.

A pesar de no estar de lleno en la ópera, Hugo Daniel Mellado García se identifica con este género por su pasión musical, además de estar en contacto directo con los tenores y sopranos de Coahuila, ya que juntos buscan rescatar la ópera y la música mexicana.

Italia, Francia, Bélgica y Suiza son lugares en donde da a conocer lo que los cantantes mexicanos están haciendo con el repertorio nacional, llevando las canciones “Cielito Lindo” y el “Himno Nacional”, melodías representativas mexicanas.

“La ópera es muy rígida en sus partituras, pero el canto moderno se vale de mezclas a media voz, Plácido Domingo y José José, los dos son tenores, la diferencia es la colocación de la voz; la ópera es muy pulcra y utiliza muchos recursos”.

La importancia de la música para Hugo Daniel radica en que actualmente en el mundo hay noticias negativas y tragedias, por eso es necesario que la gente tenga música, este arte jamás afecta a la ciudadanía, ya que es pilar de la educación.

Durante sus viajes al continente europeo, en donde tiene que trabajar para sostener su estadía por aquellos lugares, se ha percatado de que la carrera artística es difícil, pero como desde la primaria ha estado involucrado en la música, no se da por vencido.

Aun cuando sus padres le exigieron contar con estudios universitarios para evitarse problemas, y cursó en el Tecnológico de Saltillo la carrera de ingeniero electrónico, también estudió música.

“Tomé clases con Teresa Guillermo, mezzosoprano reconocida a nivel internacional, ella me hizo profesional, después llegué con el profesor Francisco Hernández, con quien tuve una gira nacional como grupo”.

México, asegura Hugo Daniel, es reconocido en el mundo, pero se necesita trabajar más en esta rama, “la mayoría de nosotros nos movemos con nuestros propios recursos, todo es a base de trabajo y superación personal, quienes estamos en este argot sabemos lo que realmente pasamos”.

Seguirán en la lucha

La Reina de la Noche, junto con Monostatos, quien se le ha unido, surgen del suelo y en silencio intentan atacar el poder de los sacerdotes y de Sarastro entrando en el templo. La Reina le ha prometido a Monostatos su hija y éste le enseña el camino.

Quienes en su haber tienen más de ocho años de estudio, expresan que actualmente se presenta el fenómeno de lanzar al escenario a cantantes jóvenes, quienes en su mayoría no alcanzan la madurez profesional, lo cual deriva en el desinterés de la ciudadanía, pues no logran captar la atención con su canto, sin embargo Jazmín Luévano, Armando Martínez, Hugo Daniel y Pamela Pereyra coinciden en señalar que seguirán luchando para rescatar la ópera y la canción mexicana.

Tipos de voz

Voz femenina:

-Soprano: la más aguda de las voces femeninas, siempre ocupa un lugar prominente en la jerarquía vocal, casi siempre la heroína y protagonista de la ópera.
-Mezzo: es una voz femenina más grave que la soprano. Es utilizada para distintos tipos de personajes, desde niños o jóvenes varones, a madres, madrastras, brujas, gitanas o mujeres mayores.
-Contralto: Es la más grave de las voces femeninas, es extremadamente rara y papeles para contralto auténtico, abundan poco, en la actualidad, ante la carencia, son interpretados por mezzo-sopranos.

Voz masculina:

-Tenor: es la más aguda de las voces masculinas
-Barítono: es la más común de las voces masculinas, más grave que la de tenor y más oscura. Un buen número de papeles en las óperas de Mozart son idóneos para barítono.
-Bajo: es la más grave y oscura de las voces de hombre. Aunque se puede diferenciar una serie de subcategorías de bajo, en Mozart, los personajes de clase social más baja, como siervos, eran relegados a bajos.

Voces diferentes

Se divide en tres partes, voz de pecho, voz de garganta y voz de cabeza. Cada cantante posee una extensión y un registro particular. Dentro de esa extensión (número de notas que abarca, que va de 2 a 3 octavas), se encuentran los cambios de cada una de las tres colocaciones de la voz.

Ópera Latina

El 19 de octubre de 1701 se estrenó en el Virreinato del Perú ‘La Púrpura de la Rosa’, ópera en un acto compuesta por Tomás de Torrejón y Velasco sobre un libreto de Pedro Calderón de la Barca. En 1711 se estrenó en la Ciudad de México la ópera “La Parténope”, con música de Manuel de Sumaya, maestro de la capilla catedralicia y el más grande compositor barroco mexicano.

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